domingo, 24 de febrero de 2013

Carta Abierta a un Madriñelo Ilustre - Hoy: Penélope Cruz (The Madrileñan Dream)


Querida Penélope,

Eres un mujer muy herposa. Pero esa no es la razón por la que el Milodón te ha escogido para su último post en esta casa. Esa sí es, en cambio, la razón por la que te escogieron como musa Pedro Almodóvar o Woody Allen. Y no podemos culparles. Que levante la mano el listo que no se haya acongojado ante la belleza, que no haya perdonado a un guapo cualquier falta por el simple hecho de estar bueno.
En tu caso, Pe, Woody y Pedro te perdonaron la falta de talento interpretativo.

Madrecita


Durante años, el español medio se ha sentido culpable al tener que aceptar a una realidad tan palmaria: eres tan bonita como mala actriz.
El miedo a que nos acusaran del gran defecto del carácter patrio nos ha callado la boca cada vez que te hemos visto pasear sobre una alfombra roja internacional (de Los Angeles a Cannes). Si desde Mario Testino hasta Harvey Weinstein te han dado su bendición, ¿qué clase de ENVIDIOSO se atrevería a decir "pues a mí me parece que es un truño de tía"?

Cuántas cosas callamos por miedo.

Anoche el Milodón vio una película tuya. Una que filmaste mucho antes de emprender tu periplo estadounidense. Se desarrollaba en aquel Madrid de los noventa que se sentía inferior a Barcelona. Aquella ciudad-limbo, que, en medio de de ninguna parte, ya no podía sacar más partido al brillo de la movida de los ochenta y aún no conocía el bling bling galáctico que se abalanzaría sobre la urbe una década después. En aquel Madrid de la medianía costumbrista, donde los taxistas aún sintonizaban Los Cuarenta Principales y los pijos se emocionaban coreando himnos de Mecano, la Gran Vía ya tenía un McDonalds, pero aún no habían arrasado las termitas multinacionales con su apisonadora global toda la calle de arriba a abajo.



Fue en ese Madrid discretamente feliz, razonablemente civilizado, en el que tú, a pesar de ser mala con avaricia, empezaste a familiarizarte con el concepto "fama".

El Milodón no tiene ni idea de cuánto te drogaste -si es que lo hiciste- en esas discotecas pretenciosas con columnas dóricas que se estilaban en tu juventud. Tampoco sabe este plantígrado si eras el alma de la fiesta: una chica joven, loca y despreocupada que estaba deseando seguir al conejo blanco para escapar de la aburridísima realidad de la ciudad dormitorio donde te criaste. Así era como afrontaban la vida Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón: se ponían del revés con lo que fuese y jamás pensaban si se había hecho tarde para llegar a casa. Sin embargo, algo le dice a este bicho que tú eras más de apuntar correctamente los teléfonos adecuados, adular convenientemente las orejas correspondientes y masticar únicamente las pastillas que te hiciesen crecer. Que a ti te gustan más las fiestas con Bono de U2 que con Kiki D'Aki.


El Milodón no va a ser tan estúpido y cínico como para reprocharte haber sabido medrar.
Una actriz sin ambición es como un Congreso de los Diputados sin ladrones.
Muy al contrario, este plantígrado quisiera felicitarte: gracias a esa excelente gestión de tu carrera entraste por la puerta grande del Kodak Theatre y saliste de él con un Oscar. No sin antes haber conocido bíblicamente a Tom Cruise y haber firmado contratos con L'Oreal y Coca Cola.
Y ahora que ya has sido madre y acabas de cumplir el verdadero sueño madrileño (ser imagen de Loewe) has regresado a casa a tiempo para escuchar los cuartos de tu reloj biológico frente a la Puerta del Sol, llevar a los niños al parque de atracciones y pedirte un Frapuccino en Starbucks. 
La estatuílla la tienes sobre la chimenea del chalet al pie de la sierra de Madrid donde vives con Javier Bardem y que os diseñó un arquitecto galáctico. Y esta noche verás acurrucada sobre un sillón de cuero negro una ceremonia donde te echarán de menos.
Todos sabemos que los domingos no te duchas y cenas McNuggets. Y eso sí que nos da ENVIDIA.

Incluso con pintas chandaleras, seguro que estás bonita, Pe. Eres una mujer magra, como una hamburguesa completa o un churro con azúcar, a la que dan ganas de morder sin contemplaciones.

El hecho de que siendo tan mala actriz hayas llegado tan lejos solo se explica a través del título de aquella película tuya que se desarrollaba en un Madrid discretamente feliz, razonablemente civilizado, tan lejano y tan distinto al de hoy.

Todo es mentira.



domingo, 3 de febrero de 2013

El M.Q.I. (Rajoy se hace la manicura)



Visto el devenir de los acontecimientos, esta tarde el Milodón necesitaba relajarse y pensar en otra cosa.
Por eso optó por ir a hacerse la manicura.
Para ello, acudió a un sitio nuevo y muy limpito que han abierto en la calle Pez.
Las chicas chinas que regentan el local tienen, francamente, toda la pinta de no haber alcanzado aún la edad legal para trabajar. Pero dado el clima de corrupción imperante, no pensó el plantígrado en la necesidad de detenerse ante reparos morales.
Que te dejen las manos niqueladas como para dar apretones en una recepción diplomática cuesta en este sitio ocho euros, que no es poco dinero, pero tampoco mucho, sobre todo teniendo en cuenta que hay lugares en el mismo barrio donde por revolver en un vaso zumo de enebro, tónica y unas rodajas de pepino te piden doce cucas.



Mientras las artesanas de las uñas se afanaban en limar irregularidades, cortar pellejitos, masajear dedos y extender esmalte, una amiga del Milodón, cómodamente sentada en una silla de escai, le narraba a este bicho el primer adagio de un amor incipiente.
Ya sabéis: esa fase en la que todas las casualidades parecen mágicas.
El muchacho, guapetón, limpio y con un oficio respetable, había demostrado hasta el momento ser un caballero. Pero de pronto, en la cuarta cita había hecho cositas raras. Y el plantígrado, que tiene las alarmas más dispuestas que un Ferrari Testarrosa aparcado en el barrio de San Fermín, empezó con su teoría del "si huele a pescado es pescado" para desplegar después un razonadísimo argumentario de por qué sería mucho mejor abortar misión.
La amiga, que escuchaba atentamente, parecía estar de acuerdo en todo lo que oía. Hasta que finalmente y después de veinte sentencias aguafiestas, le soltó sin ningún reparo:

"Hija, eres el Maricón que te Quita la Ilusión".

El maricón que quita la ilusión es, por lo visto, una expresión que la amiga había leído en un conocido blog (de carácter muy madrileño) y que condensa muy bien y en muy pocas palabras el espíritu de esas personas que se empeñan en derrumbar las mejores expectativas de uno: que te obligan a pensar mal, que te hacen estar en guardia y que te empujan a mirar la vida con cinismo.



La semana pasada el Milodón viajó, por cuestiones que no vienen al caso, a Londres. Una ciudad que, como ya sabéis, le gusta mucho. Para hacer más llevadera la experiencia aérea -este bicho odia volar- a su regreso se hizo en un WHSmith con un libro titulado No eres tan listo.
El Milodón os copia aquí el resumen del tema central del volumen:

"You are not that Smart se centra en la idea de que tú no te das cuenta de lo poco que te das cuenta [aquí se tercia un TEA DUCK QUEEN]. Hay una rama de la psicología y un área de investigación, antigua pero en permanente crecimiento, cuyos estudios sugieren que no tienes ni idea de por qué actúas de la forma que lo haces. A pesar de ello, continúas creando narrativas para justificar tus propios sentimientos, pensamientos y comportamientos, y estas narrativas -no importa lo inexactas o falaces que sean- se convierten en la historia de tu vida".









O sea. El libro es un tratado sobre el autoengaño y sus mecanismos.

En uno de sus capítulos se expone, por ejemplo, lo que el autor denomina "La falacia del francotirador de Texas". Para explicar en qué consiste el autor pone algunos ejemplos.

Ejemplo 1 - Kennedy y Lincoln
Abraham Lincoln y John F. Kennedy fueron ambos presidentes de los Estados Unidos y fueron elegidos el mismo día, separados ambos por un tracto temporal de cien años. Ambos fueron asesinados por magnicidas que eran conocidos por tres nombres con quince letras, John Wiles Booth y Lee Harvey Oswald. Ninguno de los dos llegó a ser juzgado. Lincoln tenía un secretario llamado Kennedy y Kennedy un asistente llamado Lincoln. Los dos fueron asesinados en viernes, sentados junto a sus esposas. Lincoln estaba en el teatro Ford. Kennedy en un Lincoln fabricado por Ford. Ambos fueron sucedidos por un hombre llamado Johnson -Andrew para Lincoln, Lyndon para Kennedy-. Andrew nació en 1808. Lindon en 1908. 

Ejemplo 2 - La cita tórrida
Digamos que tienes una cita y en un momento dado la otra persona revela que tiene el mismo modelo de coche que tú. De color diferente, pero el mismo modelo. Bueno, tiene coña, pero tampoco es la leche. Seguís hablando y os dáis cuenta de que vuestras madres se llaman igual y que encima cumplen años el mismo día. ¡Un momento! Eso es bastante flipante. Quizá la mano del destino os esté empujando el uno hacia el otro. Pero, espera, espera. Es que resulta que tenéis la misma colección de DVD's de los Monty Python y además a los dos os encantaba de pequeños La Aldea del Arce. Ambos adoráis la pizza pero detestáis las espinacas. Después de una cena y varios zumos de enebro, subís a casa de uno de los dos y os dáis cuenta de que... ¡tenéis el mismo edredón de Ikea!. 

Y después de esta exposición de hechos va el maromo y espeta desde la página 57:
"Si todo esto que te acabo de contar te parece demasiado alucinante para ser coincidencia, demasiado ordenado como para ser aleatorio, demasiado similar como para hablar de azar, entonces
NO ERES TAN LISTO"

Ten en cuenta que ella es bióloga

Y prosigue:

"Acabas de incurrir en la Falacia del francotirador de Texas.
La falacia toma su nombre de una situación imaginaria en la que un cowboy está disparando a un panel. Después de un buen rato el panel está lleno de agujeros por todas partes. En algunas partes hay muchos disparos muy próximos, en otras partes hay menos disparos y más lejanos entre ellos. Si el cowboy, después de su festín de tiros se acerca a la zona donde los agujeros de bala están más próximos y pinta una diana justo ahí, parece que tiene una puntería brutal.
Al pintar esa diana, el cowboy está disponiendo un orden artificial sobre algo que antes era caótico y aleatorio.
Tu cerebro hace esto todo el rato. Crear fragmentos de coincidencia es una disfunción previsible del la lógica humana".

Y justo después de leer esto el Milodón puso el libro sobre su regazo y se indignó.

"Mira, maricón: no pienso dejar que me estropees la ilusión de pensar que ESO TAN MÁGICO que me acaba de pasar en Londres es una disfunción de mi cerebro".







Aquí es donde el plantígrado os explica lo que le pasó en Londres.

Corría por la capital de la Commonwealth un gélido viento que traía efluvios del Támesis y el Milodón, que acostumbrado al beningno clima de Madrid estaba bastante mal abrigado, pensó que le daba igual que en el exterior la temperatura fuese de menos tres grados. Que pese al frío pelón él se metería entre pecho y espalda uno de esos garbeos aleatorios que tanto le gustaba darse cuando vivía en la ciudad.
Se subió al piso superior de un autobús y, al azar, escogió bajarse en Bloomsbury, un barrio para él inexplorado.

Callejeando entre plazas ajardinadas y edificios neoclásicos de pronto se encontró con un edificio así muy magno con un dintel frontal en el que se podía leer: "Real Colegio de Cirujanos". Junto a la entrada de este casoplón y en un cartelito muchísmo más pequeño ponía: "Hunterian Museum. Entrada gratis".

Como llevado por una fuerza misteriosa, el Milodón se metió en el interior del Royal College of Surgeons. Entró en el imponente vestíbulo principal, contempló sus altísima columnas de mármol y siguiendo unas flechitas subió por unas regias escaleras -también de mármol- que llevaban hasta unas puertas bastante anodinas.

Lo que había detrás de las insustanciales puertas, en verdad en verdad os digo que era digno de ver: galerías y galerías llenas de vitrinas interminables de acero y cristal donde se exponían miles de especímenes anatómicos -animales y humanos- conservados en formol y coleccionados por esos locos británicos durante años y años.


En su recorrido el Milodón vio cosas que no creerías.

Desde una cabeza con hidrocefalia

Hasta el feto de un armadillo.

Pasando por un pie con elefantiasis.

Y muchísimas más cosas muy desagradables pero increíblemente fascinantes que no exhibe aquí para no herir sensibilidades.

El caso es que estaba él dándose una vuelta por una de las estancias del museo, dedicada única y exclusivamente a pinturas de los siglos XVII, XVIII y XIX que mostraban animales extintos y humanos con enfermedades raras (¿no tienen los albinos derecho a ser pintados, acaso?) cuando se encontró con
ESTO





Si amiguines, sí.
La ilustración original que adorna la cabecera de este blog desde hace cuatro años.
La original.
¿Entendéis?
La de verdad.
Se la encontró ahí. Así.
POR CASUALIDAD.

Obviamente el Milodón pensó: "¡Qué hecho extraordinario! ¡Qué coincidencia! ¡Qué movidón!".
Y después lo interpretó todo como una jugada del destino.

Supongo que tras tanto preámbulo y tanto bombo vosotros esperabais que la mágica anécdota de Londres fuese un relato de pasión y sexo loco entre edredones de Ikea como el que aquella amiga contaba esta tarde sentada en una silla de escai. Que todo acabase en una historia de amor y serendipia en la que, a pesar de la falacia del tirador tejano, triunfasen la magia y la coincidencia. Pero no.

Qué se le va a hacer. También el Milodón esperaba hoy que Rajoy, en su comparecencia, anunciase su dimisión. Y no lo hizo.
Él si que es el verdadero Maricón que te Quita la Ilusión.



Ah.
Tres cosas.
Que si visitáis Londinium vayáis al Hunteriam Museum.
Que si queréis leer You are not that smart, aquí lo tenéis completo.
Y que en el 21 de la calle Pez hacen la manicura muy barata.
Tened cuidado ahí fuera.