martes, 4 de diciembre de 2012

Feliz Cumpleaños, Santirulo (Compraos Los Millones y Los Huerfanitos)





El cuñado del Milodón, que es un garajero de pro y un avezado coleccionista de vinilos, frecuentaba cuando vivía en Madrid unas cuantas tiendas de discos, aunque siempre dice que entre sus favoritas se encontraba Rock and Roll Circus, porque Joaquín, el dueño, era un tío muy majo que le trataba muy bien. 

Siempre cuenta el cuñaaaao que Joaquín le dijo un día: "Oye, si eres muy fan de una banda, intenta no intimar con sus miembros jamás, porque la mayoría de los músicos son gilipollas". No entraremos a discutir si esta versión fuzz de no-conozcas-nunca-a-tus-ídolos-porque-te-decepcionarán es acertada o no. Lo que sí os repetirá el Milodón (porque ya os lo ha dicho otras veces) es que no ve la necesidad de disculparse por ser un mitómano incorregible, y sentir la necesidad irrefrenable de conocer de cerca, si le presenta la ocasión, a las personas que admira mucho.

El Milodón vivió en Londres una temporada de su vida, que coincidió con el tiempo en que Madonna estaba casada con Guy Ritchie y llevaba una plácida vida familiar, con sus hijos y sus maridito, en alguna casa carísima de Marylebone.
De chiquillo, el plantígrado era muy muy muy fan de la Ambición Rubia, hasta tal punto que lo último que veía por la noches antes de apagar la luz era la cara de la señora de Michigan mirándole fijamente, con los ojos casi ocultos bajo una gorra de cuero negro y las tetas cuajaditas de cadenas y abalorios, desde un gigantesco poster de Like a Prayer
Por eso, cuando muchos años después se asomaba a la ventana de la cocina de su domicilio londinese, y veía los tejados de las terrace houses del barrio perderse en el horizonte hasta toparse con el rascacielos Center Point y la torre de British Telecommunications, se sentía reconfortado y menos solo, pensando: "Allá detrás, a lo lejos, debe de andar Maddie preparándose un te calentito a la vera de Guy". 
El plantígrado tenía siempre muy presente que otros muchos santos de su intensísima devoción vivían en Londres (de los Beatles vivos a Ray Davies) pero solo pensar en Madonna le hacía volver al confort, la seguridad y la calma de la infancia. 





Cuando Guy Ritchie y Madonna se divorciaron, el Milodón ya vivía en Madrid. Y el confort que le producía la idea de aquella pareja feliz ya había sido sustituído por el afecto de algunos nuevos amigos, que le enseñaban cosas muy bonitas. 
Entre esos amigos estaba un peludo ser, el Tapir Nicanor, que un buen día le dijo al plantígrado: "Creo que mi amigo Santi y tú os podríais caer muy bien. Esta tarde está firmando ejemplares de su primera novela en la Feria del Libro. Si vienes conmigo te lo presento". 
Y el Milodón, que ya había oído hablar maravillas de la obra del tal Santi, un director de cine metido a escritor (o al revés) que había filmado/firmado Mamá es Boba, la mejor película española de los últimos veinte años (te jodes, Almodóvar), allá que se fue. 
Se volvió con un ejemplar de aquella primera novela y un encuentro personal con su autor, que no fue más allá de un amable "Hola, qué tal". En la contraportada del libro recién adquirido se leía algo parecido a esto: Madrid. 1986. A un miembro de Los Grapo le tocan 20 millones de pesetas en la lotería y no los puede cobrar porque no tiene carnet de identidad.



El Milodón terminó de leer Los Millones, de Santiago Lorenzo, en un tren que le traía de vuelta desde unas dulcisísimas vacaciones en la costa gallega hasta ese murmullo en el medio del desierto que es Madrid en verano. Entre la estación de Vigo y la de Chamartín, metido en un destartalado vagón del Talgo, el plantígrado pasó uno de los mejores ratos de su vida leyendo las aventuras de Francisco, un terrorista accidental con alma de boyscout que, sin saber muy bien por qué, había acabado entregando su vida a una organización cuyos ideales no estaba seguro de compartir, pero que le proporcionaba la excusa perfecta para tirar adelante con una vida paupérrima en un piso medio en ruinas en el barrio de La Ventilla. Apañándoselas para sobrevivir, Francisco desplegaba todos los días un ingenio desarmante, que al Milodón le hizo reír y llorar como nunca en su vida. 
Los Millones es una novela existencialista, pero con acción y amor a raudales, que se presenta disfrazada de indefensa cosita pulp. Aunque en realidad, todas las cosas buenas que quiera decir de ella el plantígrado antediluviano ya las han dicho antes mucho mejor
o

La cosa es que el plantígrado regresó a la capital con una idea fija: quería decirle a aquel tipo que le habían presentado en una caseta de la Feria del Libro de Madrid, que su novela le había parecido una auténtica obra maestra. Llevado por su furor mitómano, le pidió al Tapir Nicanor que le diese su correo electrónico y le mandó un email que a cualquier otra persona le hubiese parecido propio de un acosador con trazas de esquizofrenia, pero que Santi recibió con una amabilidad (no siempre es fácil ser amable con los pesados), un tacto (no siempre es fácil manejar a desconocidos) y un cariño (no siempre es fácil transmitir calor auténtico en un agradecimiento) que al Milodón le dejaron patidifuso. 

Be careful, San

Con el tiempo, se hicieron amigos. 
Y Santi le concedió al bicho que firma esto el privilegio de disfrutar en sesiones privadas de su raro sentido del humor, de sus ocurrencias imposibles, de su discurso amenísimo y de otros mil matices de caracter que le hacen un persona excepcionalísima. Unas horas con Santi son un festival de pasmos delirantes, una rave sin fin que me río yo del Esparrago Rock, del FIB o de un concierto de la mismísima Madonna. 

Santi Lorenzo ya no vive en Madrid. 
Esto que viene a continuación lo dice el narrador omnisciente de Los Millones, pero le da al plantígrado antediluviano en la nariz que el autor piensa lo mismo y que algo debió de tener que ver con su huída al campo:
"Madrid no era ciudad para lo que estaba pasando. Aquí no pegaba nada que nadie estuviera danzando en torno a todo este mejunje grotesco de espionajes de pacotilla. En Madrid todo lo apolíneo se ajaba en banalidades: la ópera se había diluido en zarzuela, el clavecín en organillo, la repostería en churros." 

Ahora, cuando el Milodón mira por los ventanales de su apartamento hacia las casas de balcones de su barrio, que se pierden en el horizonte hasta encontrarse con el Edificio España, no puede evitar sentir algo de pena al acordarse de que Santi ya no estará flaneando por las calles de la ciudad ni preparándose un te calentito en su casa del centro.



La última vez que se vieron, él había venido a la capital porque la Filmoteca Española le iba a rendir un homenaje y se presentaba un libro que hacía un repaso a todos sus talentos (películas, cortos, fanzines, obras de teatro, maquetas y libros). Al día siguiente de los festejos se sentaron en torno a una mesa del bar El Tren de Argüelles, donde se echaron unas buenas risas leyendo la amplia carta de cócteles (que él hace tiempo que no bebe) y contemplando la decoración del lugar, que con sus subidas y bajadas, sus barandillas de hierro forjado y sus luces ténues, aquí y allá, intenta reproducir -con éxito- el interior de un vagón o los andenes de una estación. Ente los muchísimos saberes que atesora Santi está un conocimiento enciclopédico sobre trenes, así que podía decir de memoria el nombre de todas las máquinas que decoraban, en fotografías, las paredes del local. 
El Milodón se lo pasó fenomenal. 

Diréis: qué indiscreto, Milodón. Y el Milodón se disculpa. Si ahora escribe todo esto aquí no es porque quiera hacerle la pelota a nadie ni hacerse el interesante. Siempre le han dado mucha cosica esos blogs que son en realidad plataformas para una adulación que atiende a intereses privados y siempre le han parecido muy tristes esas personas que se jactan de conocer a gente extraordinaria solo para sentir que, de alguna manera, las cualidades ajenas también son mérito suyo. 
Si el plantígrado antediluviano habla hoy de Santi es solo porque es su cumpleaños.
Supone el Milodón que este año ha sido especial para él: ha salido a la calle su segunda novela, Los Huerfanitos, y se ha convertido en un fenómeno editorial. 


Ha tenido mucha repercusión mediática y en todas partes muy buenos periodistas han reflejado algunos rasgos de su personalidad que al Milodón le parecían secretísimos, como eso de que fuma un pitillo a las en punto y le encantan los dulces de Viena Capellanes. 
Todo el mundo le ha dedicado merecidísimos elogios que podéis leer 
Se ha convertido en una especie de estrella del rock. Pero una estrella del rock tan guay que Joaquín, de Rock and Roll Circus, tendría que comerse sus palabras.

Si el Milodón hubiese de hacerle un regalo de la leche en un día especial,  le compraría su último libro. Pero comprenderéis que es un absurdo regalarle a un autor su propia obra. Así que aquí le deja el plantígrado tres cosas. 

Una canción de los Beatles


Una de los Kinks


Y un volumen que andará por aquí cuando venga por Madrid


Muchísimas felicidades, Santirulo.

1 comentario:

  1. La verdad que en un universo paralelo este tío sería hasta ministro, una obra maestra del cine ambientado en Palencia "mamá es boba" (la siguiente película es más floja), un libro como "los millones" y encima es un freak de las miniatruas bélicas.

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