domingo, 2 de diciembre de 2012

Amor y Olor a Mierda


La madre del Milodón, que es sabia, e influye más sobre las decisiones y opiniones del plantígrado antediluviano que la Unión Europea sobre las maniobras de De Guindos dice mucho una frase que suele ser palabra de dios: "Si huele a pescado, es que es pescado".

Por eso, aunque al Milodón no tiene la menor idea de qué establece la ley de protección de datos y 
el proyecto de ley de transparencia sobre la destrucción sistemática de documentos en los organismos oficiales, la presencia constante durante el último mes de estos vehículos en el entorno de su lugar de trabajo, donde se ubican el Ministerio del Interior, el de Administraciones Públicas y la Fiscalía General del Estado, le huele intensísimamente a merluza podrida (por no decir a mierda). 


Sabéis que este bicho tiende mucho a la fabulación fantasiosa en beneficio de una mayor amenidad del relato, pero os jura por el big bang que esto es absolutamente cierto y que solo para poder contároslo le hizo una foto a estas camionetas, que han estado rondando o aparcando en los primeros números del Paseo de la Castellana a lo largo de demasiados días.



La empresa DATAERASER, tiene un pase: "Recogida, destrucción y reciclaje de documentación y material informático, digitalización de documentos". Bueno. Vale. Todo el mundo hace limpieza.

Pero, ¿qué hay de DCD (DESTRUCCIÓN CONFIDENCIAL DE DOCUMENTACIÓN)? Aquí, la precisa ubicación de adjetivo 'confidencial' es lo que chirría. Porque, pensadlo bien: lo que viene a decir el nombre de esta empresa es que no es top secret la documentación, sino la acción de destruirla.

Vosotros diréis, amigos, que el Milodón debería tomarse la molestia de informarse al respecto antes de emitir ningún juicio de valor, y quizá tengáis razón: algunos compañeros, sagacísimos periodistas, le quitaron hierro al asunto cuando el plantígrado les contó lo que había visto, argumentando que eliminar documentación confidencial es una práctica muy común en cualquier lugar donde haya trámites burocráticos. 
Pero también los alemanes decían que ese espeso humo blanco que salía de las chimeneas de los campos de trabajo para judíos lo producía la combustión de la madera y el carbón. Y ya sabéis qué estaba pasando en realidad. 
Aquel humo blanco olía a pescado. Y lo era.

El pasado fin de semana vino de visita a Madrid la madre del Milodón. 
Qué bien lo pasaron. 
Compraron fundas de cojines en Ikea, 
comieron sandwiches club en el VIPS, 
fueron a ver el musical de Concha Velasco (recomendabilísimo) 
y el domingo, exactamente hace siete días, en una visita relámpago al Museo del Prado, pasaron por delante de este cuadro... 


Juana La Loca, de Francisco Pradilla. 
La gigantesca pintura, de 1877, representa una parada en la durísima travesía que llevó a la hija de los Reyes Católicos de Burgos a Granada durante ocho meses, viajando siempre de noche, para llevar el cuerpo de su marido al lugar donde él había pedido ser enterrado. Las crónicas oficiales cuentan que Juana no se separaba ni un segundo del féretro, a pesar de que el corazón de su amado ya no estaba allí dentro, sino que había sido enviado a Bruselas, también por por deseo suyo. 
Ya véis: Felipe El Hermoso, además de ponerle los cuernos sin parar a su señora -cosa que, dicen, fue lo que hizo que ella se transtornase-, era caprichosín. 
Acompañaba a Doña Juana un séquito apabullante de curas, monjas, nobles, damas de compañía, soldados y criados que estaban hasta los cataplines de pasar frío por la meseta adelante. 
Cada nuevo día era un calvario y cada nueva orden de la señora, una renovada fuente de burla y escarnio tácito entre los miembros del entourage, que efectivamente pensaban que Juana era una puta loca. 

En las paradas técnicas, que suponían un despliegue de medios titánico, los caretos de hartazgo, sorna y autosuficiencia eran parecidos a los que los sagacísimos compañeros del Milodón le pusieron al plantígrado cuando él les habló de la indisimulada fuga de documentos que se estaba produciendo en el Ministerio del Interior. 

"Ya empezamos"

"Ay, señor, señor"

"Yo podía estar haciéndome la manicura ahora mismo"

"Pfffff"

"No, si es buena tía, pero se le pira"

Lo que no sabían esos señores todos es que Juana, en realidad, no estaba atravesando España (que todavía no era tal) de lado a lado por el capricho arrebatado de una mente inestable, sino porque huía del Cardenal Cisneros y de su propio padre, quienes, después de la muerte de la reina Isabel, querían arrebatarle su LEGÍTIMO derecho al trono. 
Fernando el Católico y Francisco Jiménez de Cisneros se salieron con la suya: convencieron a la opinión pública de que Juana (que efectivamente estaba enamorada hasta las trancas del señor difunto y muy afectada por su fallecimiento) estaba como unas maracas, la fueron a buscar hasta la ciudad de la Alhambra y la condenaron a 46 años de reclusión forzosa en un castillo de Tordesillas, donde como única compañía tenía a su hija Catalina y donde ambas eran maltratadas -física y psicológicamente- por sus sirvientes. 

Juana ha pasado a la historia como una loca. Pero, gracias a que en su tiempo no había empresas de Destrucción Confidencial de Información, han llegado a nuestros días documentos que prueban la jugarreta de su santo progenitor. Un hombre tan chungo que Maquiavelo le escogió como inspiración para escribir 'El Príncipe' y dijo de él: "Fue un rey malvado y tramposo, sin ningún tipo de moralidad, que vivió para hacer el mal".

El Milodón nunca sabrá si, como se imaginó hace días,en el Ministerio del Interior están destruyendo documentos secretos sobre, pongamos, la intervención de la policía en las últimas huelgas y manifestaciones.
Pero tiene la tranquilidad que le da aquel dicho sobre el pescado de su madre, y otro, este ya más popular: Hay dos cosas que es casi imposible disimular. El amor y el olor a mierda.


3 comentarios:

  1. Jajajajaja vaya paranoia milodón! Seguro que destruyen documentos, pero no será a través de esta empresa. Hace un par de años estuve currando en un proyecto para la destrucción confidencial de documentos de la administración y te aseguro que buena falta hace digitalizar y destruir papel. Y a ver si de una vez llega la administración electrónica. No es que la acción de destruirla sea top secret, es que se ha de realizar de forma confidencial. De esta forma dejaremos de encontrar en los cubos de la basura fichas sanitarias, por ejemplo.
    Y respecto a la documentación de hechos históricos de la época de Juana la loca... Me parece que no les hacía falta destruirlos: los creaban ya directamente mintiendo todo lo que querían y más. De ahi que los historiadores actuales se las vean y se las deseen para intentar acercarse a la realidad de los hechos.
    El título de tu post me encanta. Y Milodón el loco también. Un abrazo para tu madre, que es muy sabia.

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  2. Epifanía, veo que te encuadras en el grupo:
    "No, si es buena tía, pero se le pira"

    El que avisa no es traidor, te lo digor.

    Le daré esos abrazos de oso a mi señora madre. Otros para usted!

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  3. Yo estoy con el milodon, que tiene el culo pelado (literalmente que yo lo vi de cerca). Ahi hay chanchullo.
    Milodon se sale tu post.

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