miércoles, 28 de noviembre de 2012

Marea Blanca



Se sabe que una sociedad está enferma cuando quienes la dirigen creen
que "la salud es lo más importante" es solo un eslogan publicitario.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Ciruelas y Mandarinas



Imágenes de Defensa India Antigua

El Milodón abre su primera mandarina de la temporada y esas minúsculas ampollas llenas de zumo amargo que cubren la cáscara estallan dejando un rocío fragante en suspensión.
A un amigo del colegio del plantígrado el olor de las naranjas pigmeas le traía algún recuerdo horrible (jamás llegó a confesar cuál) que, inevitablemente, le ponía de un insoportable mal humor lindante con la agresividad.

Al Milodón las mandarinas le recuerdan a la navidad y le ponen melancólico.

La madre de Trapalleira hace una mermelada de mandarinas que consigue que esas minúsculas ampollas que cubren la lengua, las papilas gustativas, se retuerzan de alegría al masticar pan de tostada.
Para elaborarla Teté (la madre de Trapalleira) le quita a cada gajo, uno por uno, esa piel que los cubre, tan fina que parece una membrana.

La abuela del Milodón hace también mermelada. Esta, de ciruela. Su sabor y textura es un chute de endorfinas infalible. Extendida sobre una galleta Gullón y mojada en un café con leche y azúcar sabe a beso de amor tranquilo y desprendido. Para elaborarla, Julia (la abuela del Milodón) viaja en su pequeño Citröen blanco hasta Cabañas Raras del Portiel, donde un árbol generoso que plantó no hace muchos años le da quilos y quilos de fruta, de la que solo extrae la pulpa.

Esta noche el Milodón tuvo un sueño extraño.
Estaba sentado en el medio de cualquier lugar y estaba enfadado. Muy enfadado. Enfadado y agresivo.
En el lenguaje ininteligible de las pesadillas, el Milodón, explicaba las razones de su ira en voz alta. Eran motivos sólidos, inamovibles. Todo tenía perfecto sentido, todo encajaba, todo era intolerable, desapacible, descorazonador.
Y de pronto, desde ningún lugar, se le acercó un hombre joven. No se acuerda de su cara, aunque sí remotamente de sus rasgos. Era guapo. Era muy alto, algo rechoncho y miraba con ojos de vaca buena. Se puso frente al plantígrado y le dijo con voz mansa: "¿Por qué estás tan enfadado, Milodón?". Le acarició la cabeza con paciencia, con ternura y algo de compasión, como intentando expresar: "En realidad, no es tan importante". Y después le dio un abrazo. Un abrazo gigante, redondo, mullido, de amor tranquilo y desprendido.
El Milodón se sintió increíblemente bien. Tan bien que cuando se despertó y se dio cuenta de que todo había sido un sueño, se enfadó de nuevo, casi sin poder evitarlo, como le pasaba a aquel amigo cuando percibía el olor de las mandarinas.
Decepcionado, se levantó y abrió la nevera, pensando en hacerse un desayuno que le aliviara. De la puerta del frigorífico al suelo cayó un bote mal cerrado.
El suelo de la cocina se llenó de mermelada de ciruela.



martes, 6 de noviembre de 2012

Bambino y los Amores Locos


Hoy se ha confirmado que el matrimonio entre personal del mismo sexo es constitucional.
Ya ven: el casamiento entre gays y lesbianas es constitucional. Como el derecho a la vivienda. Qué risa.

Hace unos días, Mariló Montero, esa periodista dominatrix con la que es imposible no tener fantasías eróticas, se preguntaba si los órganos que se donan para trasplantes tienen alma. El Milodón, que no es tonto, se pregunta, si tiene alma el corazón (ese órgano) de los que niegan a las personas que se quieren el derecho a unirse. Luego mira las cifras de desempleo y cuando lee


 4.833.521

no puede evitar pensar en los niños de San Ildefonso y en el amor, que es una lotería, igual que lo de tener trabajo.
El Milodón compra participaciones todos los días.
Y últimamente ha amado estas cosas:


La Galeria Watdafac


Para el Milodón todo empezó con un capítulo de Mapa Sonoro en el que aparecían los miembros de Margarita, una de sus bandas madrileñas favoritas, serigrafiando sobre camisetas unos dibujos increibles en unas instalaciones alucinantes. La curiosidad llevó a este plantígrado a averiguar que las instalaciones están en Leganés y se llaman Rockwear y los dibujos eran obra de un tal Manuel Donada




Ahora, Manu Donada ha montado una galería de arte en su casa, un piso tan increíble como aquellas instalaciones de Leganés, pero con vistas hacia la Gran Vía y hacia el horizonte lejano de Madrid (donde se posan luces tililantes al anochecer). A Soledad Lorenzo le chirrían los dientes de envidia. Abtenerse alérgicos al hipsterismo recalcitrante.


La exposición de Gyenes

Tenéis hasta el 18 de noviembre para flipar. Está en la Biblioteca Nacional.
El fotógrafo Juan Gyenes también tenía su centro de operaciones en Gran Vía: en un escaparate donde mostraba las fotografías que le hacía a las señoritas finas de la alta sociedad capitalina, a las celebridades de su tiempo y sobre todo (esta fue su especialidad) a la gente del teatro, que en aquellos tiempos solo representaba cosas como el Juan Tenorio. El estudio en realidad lo tenía en el 12 de la calle Isabel La Católica.
János Gyenes era un húngaro que empezó a trabajar como corresponsal para el New York Times en El Cairo y que un buen día decidió venirse a vivir a Madrid. Se cambió el nombre para dar palo al gusto nacional y nacionalista de la época.
Es autor de la fotografía más veces reproducida en España: el retrato de Franco que aparecía en los sellos.

Pero también de algunos retratos grandiosos y pocas veces publicados, como este de Charlton Heston



O este de Victoria Abril



Hay otros muchos que os sorprenderán. El Milodón os recomienda vivamente la selección de portadas de la revista Semana (Gyenes fotografió más de 500). Ahí podréis ver una de las pocas imágenes públicas que existen de ese bellezón llamado Carmen Díez de Rivera, la hija socialista que Ramón Serrano Súñer (el cuñadísimo) nunca reconoció y que fue apodada en tiempos de Tierno Galván como "La Musa de la Transición".

Aquí, en la portada que podréis ver en la exposición:


Aquí, en el hemiciclo:



Pero sobre todo, el Milodón os invita a que vayáis en busca y captura de otra foto: una imagen del estanque del Retiro atrezzado como los muelles de la Plaza de San Marcos de Venecia para una obra de teatro representada allí a finales de los cincuenta.



Si lo queréis ver bien, irsen a la BNE


La Casa de las Torrijas

Diría el cronista ranciote y cursilero que hay lugares en Madrid que son un viaje en el tiempo. Muchos lo son por motivos exclusivamente decorativos: locales con carismatiquísimos rótulos y antiquísimas tinajas de barro no faltan. Hay incluso un recorrido oficial de tabernas históricas.
Pero, amigos, en el caso de La Casa de las Torrijas no hablamos de una cuestión de tiempo, sino de tempo.


A este local centenario ubicado en el número 4 de la calle Paz le pasa lo mismo que al Casa Ciriaco (el cocido favorito de Valle-Inclán, efectivamente) o que a El Bocho (cocina vasca preparada por personas tan ancianas que no distinguen una sarten de un vaso): las cosas ocurren a cámara lenta.

En la Casa de las Torrijas todo está parado y se genera acción cuando te ponen sobre la mesa un vasito de vino dulce y una tostada empapada en leche, bañada en huevo, frita en aceite y cubierta de azúcar. Después, la atmósfera del lugar se queda de nuevo en suspenso, como cuando Velázquez representaba el aire de las villas italianas.



No se le puede llamar silencio a la ausencia de ruido, ni bullicio a los murmullos de la clientela. Es todo una cosa distinta. Y el Milodón está convencido de que es porque en estos sitios se han detenido el reloj de los minutos y el de las costumbres. ¿O acaso pensáis que en la España de Maria Cristina la gente gritaba tanto en los bares como lo hacemos ahora?



Jorge de Cascante

El Milodón fue hace no mucho a un taller de escritura periodística creativa (así en el original) en el que un profesor muy pagado de sí mismo, editor de una prestigiosa revista de letras de habla hispana, aseguró no leer blogs porque son "literatura de baños".
El Milodón apostaría una de sus pezuñas a que el mismo hombre que afirmó esto pujaría salvajemente en una subasta para llevarse a casa el apoyaculos de plástico del water de Carmen Balcells, y así poder leer con el trasero a buen recaudo Cien años de soledad.


Macondo

El caso es que en este país en el que honorables hombres fumadores rechazan el premio nacional de narrativa dando ruedas de prensa para explicarse, el plantígrado encuentra que lo más interesante del panorama literario nacional está precisamente colgado en Internet: en rincones poco iluminados donde no  fomentan su propio mito intelectual aspirantes a Premio Nobel que le hacen la pelota a Juan Cruz.

Uno de esos rincones donde firman almas libres es, por ejemplo, El Butano Popular.





Sinceramente, si varias generaciones de españoles nos hemos comido con patatas esa cosa terrible titulada 'Tiempo de Silencio' (que dios te tenga en su gloria, Luis Martín Santos) el Milodón no ve por qué hemos de negarle el crédito a señores que simplemente renuncian a poner sus pensamientos encima de un trozo de celulosa.

El Butano es una revista literaria bastante madrileñona que bien podría denominarse blog colectivo.
En El Butano firman nombres muy queridos por este plantígrado, como la inefable Grace Morales, el inconmensurable Santiago Lorenzo o el siempre certero Fran Nixon. Pero hoy el Milodón os quiere hablar de un descubrimiento reciente.

Jorge de Cascante.

(Extraído de su tumblr, Esto es Madrid)


Pasad por su casa.
Y luego ya si aún os quedan ganas, os compráis La Fiesta del Chivo.


La Cafetería/Pub Gaudí

En la calle Almagro.
Paredes de madera, barras acolchadas, bancos de patas torneadas con reposaderos de escai verde botella y cuadros con fotos de la Casa Botines de León y el Palacio Episcopal de Astorga por doquier. Si te pides una copa de vino (solo los hay buenos) te la ponen sobre un posavasos y después te ofrecen un suministro ilimitado de pinchos de pan con chorizo, sandwiches recién hechos, jamón bien cortado, cecina y canapés de sobrasada. Es caro, a qué negarlo.
Y creemos que no es necesario decir más.






El Canal 8

El Milodón no sabe de quién es propiedad esta cadena madrileña ni le importa. Por la tardes y hasta la medianoche ponen clasicazos del cine español y rarezas patrias (gracias a esta emisora de televisión el plantígrado descubrió una película de Berlanga llamada La Boutique que es un desmaiden).


No es recomendable a partir de la medianoche, cuando ocupa los márgenes de la televisión un porno amateur de lo más desgradable mientras en el centro de la pantalla siguen poniendo peliculones.


Al Vicente Copas

En la calle Segovia (la dirección oficial es Plaza de la Puerta Cerrada, 7), el Al Vicente es un agujero al que se baja por unas escaleras de baldosas de turrón. Lugar de reunión de amantes del flamenco NO puristas donde una televisión gigantesca emite a todas horas actuaciones memorables como la que podéis ver bajo estas líneas.
Este que aquí canta, es uno que vivió en una España en la que no solo el matrimonio entre personas del mismo sexo estaba prohibido sino que el amor libre era un delito.

Bambino nunca pudo salir del armario. Pero con qué intensidad amaba el tío.