jueves, 19 de julio de 2012

Madrid - Sanxenxo (Rajoy, El Mar)




Rajoy fue vecino del Milodón.

Los quince primeros años de su vida, desde que era solo un pequeño mamífero que lloraba porque quería leche hasta que empezó a suplicar a sus padres que le dejasen salir por las noches, el plantígrado veraneaba en una pequeña localidad pesquera de las Rías Baixas.

En ese intervalo de tiempo -desde que el plantígrado aún no tenía dientes hasta que le salieron tetas- la pequeña localidad de las Rías Baixas corrió la misma suerte que la mayoría de pueblos del litoral español a los que les hubiese caído la bendición y al mismo tiempo desgracia de tener una playa en su núcleo urbano:
cualquier
atisbo de belleza arquitectónica 
rastro de racionalidad urbanística
detalle que contuviese algún rasgo de valor histórico/estético 
fue arrasado sin piedad




Y así, las villas y palacetes de estilo regionalista que ocupaban la primera línea de playa fueron desapareciendo bajo una apisonadora que iba implantando a su paso moles de seis o siete pisos que violaban la Ley de Costas exactamente igual que lo hacían las carismáticas villas con balcones de granito y perpiaños en las ventanas. Solo que las moles eran muchísimo más feas. Y las villas habían sido construidas cuando no había legislación que dijese 'aquí no'.

El Milodón era vecino de Rajoy. Precisamente en una de esas moles.

El futuro presidente, que por aquel entonces ejercía como diputado de Alianza Popular en el parlamento gallego y publicaba textos como este

"Ya en épocas remotas -existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe” superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia".

era, en el edificio donde la milodoniana familia pasaba los veranos, el presidente de la comunidad.
El presidente de la comunidad.

Os lo juro por Amarras.



Ahora, este hombre que a principios de los ochenta hablaba en términos de estirpe, es el Presidente del Gobierno.

Sanxenxo, que es el pueblo del que se habla aquí, era una de esas localidades a medio camino entre la Nerja de Verano Azul y el Marín de Botón de Ancla que tanto abundan en el Norte español.



En verano recibía a madrileños de clanes adineradas (que, en muchos casos, habían descubierto el lugar incluso antes de la Guerra Civil y que durante la contienda se habían refugiado temporalmente allí), a profesionales liberales de esa Pontevedra conservadora rancia pero entrañable -ciudad natal de Naniano Rajoy- cuyo clasismo parece indefenso (hasta que uno de sus miembros llega al poder) y a familias del noroeste peninsular dispuestas a pagar un cierto sobreprecio por quince días en un apartamento a cambio de estar rodeados de veraneantes finos. 

Eran todos en general, gente de 'buena estirpe'.
Solo los de estirpe buenísima frecuentaban el Club Náutico, donde los más pequeños competían en regatillas sobre Optimist (esas embarcaciones a vela de minúsculo cascarón que paradas parecen barquitas arroceras y en marcha caballitos marinos) mientras los mayores les esperaban en los salones privados, decorados a la manera de los camarotes, bebiendo Bitter Kas con hielo y picando patatitas fritas. 


Mirad qué maravilla.




Al igual que la mayoría de clubs náuticos norteños, el de Sangenjo (que así hay que llamarlo en círculos selectos) era una edificación 'estilo barco' con notas racionalistas, como el de San Sebastián, que es en el que están inspirados todos, pero con algunos detalles 'porquemesaledeloshuevos' tan de los sesenta/setenta españoles que lo hacían especialmente encantador.
Fijarsus en:
-Los azulejos añiles que cubren la parte de la cristalera semicircular (donde están los ojos de buey, ¿los veis?)
-La tipografía en la que se lee 'Escuela de Vela'
-Los toldos amarillos.

En Madrid, que no hay mar, hubo dos clubes náuticos donde las mismas familias de buena estirpe que se escapaban a pueblos como Sanxenxo en agosto, se creaban la ilusión del océano en julio.

La piscina Stella, que todavía permanece en pie en el número 231 de Arturo Soria. 



Y la piscina La Isla, construída en el medio del río Manzanares, justo antes del Puente del Rey (entre la entrada a la Casa de Campo y la Estación del Norte), que se clausuró en 1957.






(Todas estas imágenes han sido extraídas de un post de un magnífico blog especializado en los cines desaparecidos de Madrid)

Del hombre implicado en el diseño de ambos edificios, Luis Guitiérrez Soto, hablaremos otro día, porque tiene tela.

Pero el caso es que en Madrid sigue habiendo lugares donde crearse la ilusión del mar. Piscinas privadas de amigos pudientes, piscinas colectivas de amigos listos, piscinas públicas para hacer amigos.
Lugares donde echar unos largos y servirse un platito de aceitunas con hueso.

Y luego están esos lugares de Madrid donde simplemente DEBERíA haber mar o uno cree siempre vanamente que se lo va a encontrar. A saber:

1 - El mirador del Templo de Debod.
¿Y si en lugar del sur de la ciudad, desde allí se contemplase una bahía como la de la Ría de Vigo?

2 - Los repechos de Fernando el Católico, Fernández de los Ríos y Meléndez Valdés.
Hay un cambio de rasante en estas calles en el que uno desearía que al fondo, en lugar del Cuartel General del Ejército del Aire (obra del autor de las piscinas mencionadas), apareciese un largo arenal.

3 - El mirador del Palacio de Oriente que da a los Jardines Sabatini.
Remítanse al punto 1.

4 - El Museo Naval.
Da mucha rabia ver tantos mascarones de proa en dique seco.

5 - La Calle Argumosa.
Esas terrazas, esas sombrillas, esos tintos de verano, ese subir y bajar. Por algo la llaman 'El paseo marítimo'.

Rajoy ahora vive en Madrid. Y seguramente echa de menos el mar.
Es una característica de las personas que se han criado en el litoral: se despiertan por las noches creyendo escuchar el rumor de las olas rompiendo, pero solo son los coches bajando a toda velocidad por la avenida.
En las piscinas urbanas no se pueden botar veleros.

El padre del Milodón, que trató mucho con este señor -cuyo curriculum y méritos en su recorrido hasta el momento como Presidente no hará falta que os sean recordados- dice que era agradable, muy cordial, dialogante y buen gestor. Que es lo que decían los vecinos del Carnicero de Amstteten.


Aquel Club Náutico de Sanxenxo
y
su
belleza arquitectónica 
racionalidad urbanística
valor histórico/estético 
fueron volados por los aires hace diez años
en aras de un furor uterino constructor, de una burbuja inmobiliaria 
que tarde o temprano también iba a estallar

Aquí tenéis a la mole que lo sustituyó




El Milodón se marcha de vacaciones. Necesita estar cerca del mar.



4 comentarios:

  1. Parece que en Madrid hay mar:

    - Desde el la Glorieta de Atocha, mirando a la estación. Luego te asomas y hay una mongolada de Moneo.

    - Cogiendo Alcalá desde Sol, en dirección este.

    Qué entrada más re-hermosa y certera has escrito.

    Qué entidad luminosa serás toda tu puta vida, Mì.

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  2. Hablame del mar marinero,dime si es verdad lo que dicen de él,desde mi ventana no puedo yo verlo desde mi ventana el mar no se.

    ¡ESCRIBE COÑO!

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  3. Qué maravila el Náutico antiguo, pero así es Galicia. Y quiero ir a Stella

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