viernes, 22 de junio de 2012

La paradoja de junio (El Resplandor)



Noche


Junio siempre había sido el mes favorito del Milodón. 
Los suyos son los días más largos del año y a las once de la noche, cuando ya ha atardecido, hay un plácido resplandor de amanecer en ciernes en el horizonte, como si el sol se quedase ahí rezagado diciendo 'mañana me tengo que levantar pronto pero esta noche va a ser tan guay que prefiero quedarme aquí un poco más'.


En junio, las expectativas de las vacaciones que están a punto de llegar proyectan una sombra muy agradable sobre las cabezas abrasadas por los neones de las oficinas. Y San Juan anda por ahí quemando malos augurios. 


Si San Juan fuese a la oficinas del Financial Times le prendería fuego a Paul Krugman.
Por Nostradamus neocon. Por asustaviejas cabrón.


Ayer por la noche el Milodón vio un gato negro sentado como una esfinge en el monumento a Cuba del Parque del Retiro. Eran casi las doce de la noche -el verano estaba a punto de entrar por la puerta en grande en Madrid- y a pesar de la oscuridad, el pelaje de aquel minino devoraba con tal ansia cualquier atisbo de luz que no había duda de su no-color. 
Silvia dijo que aquello no era buena señal. Y justo después se levantó una brisilla fresca que traía olores muy ricos de plantas cuyos nombres no sabe ya casi nadie. 

Cuba.
España.

Fato.
Tragedia.
Noventayochismo.


Luego pasaron por delante de Florida Park. Del interior de un salón ténuamente iluminado salía un tango.
Lo del tango no es un recurso poético de pizzero de La Latina. Es que dentro, según nos informó el portero, había expertas parejas danzarinas frontándose a base de bien, haciéndose corralitos al compás de cuatro cuartos.
A Silvia, que le gusta mucho Borges, la reminiscencia argentina le pareció romántica.
Al Milodón (que ya venía un poco escamado con el tema del minino) el ronroneo del disco de pizarra y la imagen mental de la cara en contrastado blanco y negro de Carlos Gardel le hicieron imaginarse que dentro bailaban sin sentimiento, maquinalmente, fantasmas de tecnócratas franquistas. Y se cagó de miedo.

La verbena de la Paloma

Pero en bicicleta, el miedo de disipa mucho más rápido que caminando. Así que el Milodón se tiró a dos ruedas por la cuesta de Moyano. A toda leche y sin casco, desafiando todas las malas señales.
Bajó por el Paseo del Prado.
Rodeó la Cibeles.
Y entonces pensó que hay que algunas cosas que son mucho más bonitas contempladas desde el movimiento contínuo. Por ejemplo:

El edificio Metrópolis: es uno de esos buques arquitectónicos hechos para ver en un contrapicado y desde el coche.
Las terrazas del Paseo de Pintor Rosales: cualquier persona en su sano juicio no querría escuchar las conversaciones de su clientela, pero sus risas lejanas dan mucha envidia.
Las Puertas de Madrid (Toledo, Alcalá, Hierro): ¿Alguien se acuerda de la de Felipe IV y de la Real? No. Y es porque no se puede circular alrededor de ellas.




Junio es un mes paradójico en Madrid.
Es la promesa de los placeres celestiales del verano.
Pero también el presagio de los calores satánicos.
Y el Milodón no tiene aire acondicionado.
Este año de augurios de mierda, junio ya no le gusta tanto.

4 comentarios:

  1. Qué maravilloso, como siempre. ¡Viva la internet! Hay una calle en El Retiro que es para ir chicos (no comercio, sólo afecto y lo que surja). Va norte-sur, de forma que si la coges hacia mediodía, las luces de Atocha les ensombrecen las caras a los que transitan en dirección septentrión. Hay que ir escoltado por hembra, si no eres del rollo o si no eres un calientapollas.

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  2. http://open.spotify.com/track/0TwsjNAtErKrdFImpIg9To

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  3. jajaja! seguro que esos chicos de afecto y lo que surja los veo mejor en movimiento contínuo también

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