martes, 13 de marzo de 2012

La Sociedad Secreta del Canal de Isabel II (Cospedal y El Retorno de los Brujos)




A algunos chavales, cuando son pequeños, sus padres les leen, sentados al borde de la cama, cuentos de los hermanos Grimm.

Cuando el Milodón era pequeño su padre le contaba leyendas que tenían como protagonistas a los personajes más fascinantes del siglo XX: los nazis.

Los hermanos Grimm son autores de algunas historias interesantes.
La de Hansel y Gretel es bastante chula.
Dos niños viven en una casa hecha de caramelos y golosinas pero son explotados sin piedad por la anciana propietaria del lugar. La muy cabrona les obliga a trabajar en el horno de la casa sin tregua hasta que finalmente ellos deciden arrojar a la señora al crematorio. Not bad.

Pero la verdad es que frente a esos señores vestidos con fastuosa indumentaria militar que encarnan el mal absoluto de la forma más elegante que la historia de la humanidad haya visto y que se dedican a exterminar (también en hornos) de forma fulminante a los que no son guapos y rubios, los niños asesinos no tenían nada que hacer.



Según el padre del Milodón, los nazis estudiaban teorías científicas delirantes en laboratorios en los que el orden y la física del universo eran desafiados permanentemente.

Una de esas teorías era que en tiempos remotísimos había existido una civilización muy parecida a la occidental de nuestro tiempo -con el mismo grado de desarrollo técnico y organización social- pero formada por hombres cuyo tamaño era diez veces superior al nuestro. La civilización en cuestión desapareció de la faz de la tierra por la venida de una glaciación terrorífica que en realidad se produce cíclicamente (y que a nosotros está por venirnos). Las bases de esta teoría en particular (bautizada por los propios nazis como la Doctrina del Hielo Eterno) las habría sentado un ingeniero austriaco llamado Hanns Horbiger que se convirtió en el favorito de los Ahnernerbe.





Toma runas


Los Ahnernebe eran una especie de sociedad secreta, dependiente de las SS y liderada por Himmler que se dedicaba a investigar los orígenes de la raza aria y a promover expediciones que tenían como fin demostrar que las poblaciones nórdicas habían gobernado el mundo en otros tiempos. Los gigantes del hielo eterno les venían, pues, de perlas.


Otra teoría que el papá del Milodón le contaba al pequeño plantígrado antediluviano era que Hitler, cuando trazó su plan de dominación mundial decidió que convertiría a la región de Galicia en el patatal de Europa. Sí señor: kartofen non stop.
El pequeño Milodón, que pasaba los veranos en las Rías Baixas, se imaginaba que los Afrika Corps llegaban a la playa del Silgar (donde él merendaba todas las tardes) abriéndose paso con sus Panzer entre los verdes maizales y las parras de albariño. Venían cargaditos de tubérculos.



Ondiñas Veñen


Pero la ida de olla nazionalsocialista favorita del Milodón era la que viene ahora.

Según su padre, muchos esbirros del Führer estaban completamente convencidos de que la superficie de la tierra no era convexa sino cóncava: es decir que sus habitantes no nos movíamos sobre la superficie de una esfera sino en el interior de una.


Al terminar la Primera Guerra Mundial un joven aviador alemán prisionero de Francia, Bender, descubre unos viejos ejemplares del periódico de Teed (La espada de fuego) y algunos folletos de propaganda de la teoría de la Tierra cóncava, defendida por Marshall B. Gardner, un estadounidense que había publicado una obra en 1913 para demostrar que el Sol no estaba encima de la Tierra, sino en el
centro de ésta y que emitía rayos cuya presión nos mantenía en la superficie cóncava.

Para Bender nuestro planeta tenía las mismas dimensiones que la señalada por la geografía, pero es hueca y la biosfera se encuentra en la superficie interna, la atmósfera tiene un grosor
de 60 kilómetros y después se enrarece hasta el vacío absoluto del centro, donde se encuentran tres cuerpos, el Sol, la Luna y el universo. El universo es una bola de gas azulado en el cual
brillan unos granos de luz que los astrónomos llaman estrellas. Cuando esta masa azul pasa por delante del Sol cae la noche sobre una parte de la concavidad terrestre y los eclipses son por la
sombra de aquella masa sobre la Luna. Creemos en un universo interior situado encima de nosotros porque los rayos luminosos no se propagan en línea recta, son curvos, a excepción de los
infrarrojos.

La doctrina de Bender llegó a ser popular en los alrededores de 1930. Algunos dirigentes nazis y oficiales superiores de la marina y de la aviación creían en la 'Hohl Welt Lehre'.

En abril de 1942, con el asentimiento de Goering, Himmler y de Hitler, una expedición secreta fue hacia la isla báltica de Rugen, bajo la dirección del Dr. Heinz Fisher, experto en rayos
infrarrojos. Dirigieron sus aparatos hacia el cielo en un ángulo de 49 grados durante muchos días. El propósito fue demostrar científicamente que la Tierra es cóncava, que habitamos en la
pared interior de una esfera. Mediante la reflexión de estas ondas se obtendrían imágenes de puntos extraordinariamente alejados en el interior del globo. Otro objetivo era obtener por reflexión imágenes de la flota enemiga inglesa en Scapa Flow.




Así que las noches de verano que iba al campo y se tiraba en la hierba boca arriba para ver las estrellas, el Milodón se imaginaba que la bóveda celeste era literamente eso, una bóveda. Y allí tumbado, pensaba este bicho que si la vida humana se desarrollaba en el interior de una esfera, no estaba muy claro qué habría más allá de los límites del 'cielo'; los nazis no lo habían especificado.

Cabía la posibilidad, por ejemplo, de que el universo no fuese un espacio vacío repleto de cuerpos celestes en suspensión, sino una enorme mole de materia perforada por espacios circulares, como un gigantesco queso de gruyere cósmico.


Cu-cú
Como los pasadizos de un terrario.

O como el subsuelo de Madrid.

-¿Está metido muy con calzador este paralelismo metafórico? 
-Sí, lo está.

Bueno, da igual.
Es que el Milodón quería aprovechar para hablaros de esos mundos subterráneos que se abren en el manto capitalino, donde transcurren vidas paralelas a las de la superficie, y que se parecen un poco a esos mundos cóncavos que se imaginaban los nazis, servidor y el padre de servidor.

El submundo favorito del Milodón en Madrid es el de los depósitos del Canal de Isabel II, que abastecen de agua a los habitantes de la capital. Ahora que van a privatizarlo viene muy a cuento, además.

Mira qué fotos, papá:


 La construcción del depósito mayor del Canal de Isabel II a principios del siglo XX

Interior del tercer depósito. Su cubierta, hecha con hormigón, se desplomó y mató a treinta personas. 

 Restauración del Tercer Depósito.

 El Tercer Depósito tras la reparación.

Lo que véis cuando vais a correr al Parque de Santander. Debajo está toda la mandanga.


Hombre, por dios. Si no se os ponen los pelos como escarpias, id a que os hagan una autopsia.

¿No os parece fascinante pensar que cuando vais a correr por las pistas de atletismo que hay entre las calles Islas Filipinas y San Francisco de Sales, bajo vuestros pies hay una ciudad de agua, una mezquita de Córdoba anegada? 

Al plantígrado estas fotos le hacen pensar en civilizaciones perdidas, en universos abovedados y en todas aquellas historias que el padre del Milodón le contó de pequeño.

El padre del Milodón, por cierto, no se inventaba aquellas historias. Las sacaba de un libro titulado
'El retorno de los brujos'.
Sus autores, Jacques Bergier y Louis Pauwels, fueron los Hermanos Grimm del Milodón.
Ellos, al material con el que hacían sus cuentos lo bautizaron como realismo fantástico (MUY IMPORTANTE no confundir con realismo mágico)



Gabbo Gabbo Hey

Y el realismo fantástico es una forma de ver el mundo; una aproximación a la realidad que parte siempre de la premisa de que nuestra percepción puede estar atada por las convenciones del sentido común y que por lo tanto, lo que puede parecer anormal, falso, fantástico o bizarro no debe de ser olvidado, condenado o despreciado sin antes ser observado: la realidad puede ser mucho más compleja de lo que imaginamos (este último párrafo es un refrito resumido y milodonizado de la descripción que viene en Wikipedia del término realismo fantásico).

Por lo tanto, si existe el rumor de que a Himmler le daba por hacer sesiones de ouija con Rommel, mejor acerquémenos a echar un vistazo por la mirilla.

La edición que el padre del Milodón tiene en casa

Para Berguer y Pauwels, que la cúpula nazi estuviese vinculada a cultos esotéricos explicaría de forma mucho más eficiente que cualquier teoría económica, porqué "en el país de Einstein y de Planck se empezó a profesar una 'física aria'. En el país de Humboldt y Haeckel, se empezó a hablar de razas. Sólo una transformación radical de la base cultural y moral permite explicar lo inexplicable, el crimen y el desastre absolutos".

Lo que se pregunta ahora el Milodón es a qué clase de sociedad secreta pertenecen los miembros más influyentes del Gobierno Popular.
Y en qué rituales iniciáticos se concibió la reforma laboral.

¿Se reúne Dolores Cospedal con los editores de Año Cero en los aljibes del Canal de Isabel II cuando viene a pasar el fin de semana desde Toledo?

Sólo una transformación radical de los parámetros convencionales del sentido común como aquella que hizo pensar a Hitler en convertir Galicia en un patatal pueden llevar a alguien a asegurar que los españoles ganan demasiado y trabajan poco.

Ella y los de su igual quieren que trabajemos mucho más por mucho menos, como si fuésemos superhombres o héroes de la literatura mitológica nórdica.
Y la verdad es que dan ganas de hacer con estos políticos lo que hicieron Hansel y Gretel con la vieja del cuento.

Foto de Tina Modotti

Qué suerte tuvo el Milodón con el padre que le tocó, por cierto.


domingo, 11 de marzo de 2012

El Milodón en la Fonoteca

Buenas. Lo pone la zona derecha de este blog, pero el Milodón os lo repite por si no os habíais enterado: el plantígrado antediluviano ha empezado a aportar sus toscas visiones sobre música y otros asuntos en el blog de La Fonoteca. Esta es la primera entrada, publicada en febrero. La de marzo está ya en el horno.