domingo, 26 de febrero de 2012

Gestalt Capitalina

Gran Madrid de Torrelodones: una Cibeles ludópata en plena A6

Dedicado a todos los que, como el Milodón, se dieron cuenta muy tarde de que el logotipo de los estancos no es un casco de motorista sino una hoja de tabaco con una letra T dentro. Por cierto: ¿dejan fumar en los casinos?

martes, 14 de febrero de 2012

Amor Verdadeiro (Tristán e Isolda)




Este Tristán del que cuento, nunca supo por qué le habían puesto Tristán en el sacramento del bautismo, ni conocía a nadie que se llamara como él. Un tío suyo de Soutomaior, que trabajaba como camarero en un restaurante muy famoso de Lisboa, le decía que en Portugal conocía a dos o tres Tristanes, y todos ellos eran de la aristocracia. Tristán fue a cumplir el servicio militar a León, y allí, en un quiosco compró La verdadera historia de Tristán e Isolda con los amantes muy abrazados en la portada, por una peseta y cincuenta céntimos. Al fin iba a saber quién era aquel Tristán cuyo nombre llevaba. Cuando llegó al terrible final de la historia, con la muerte de ambos enamorados, Tristán García no pudo evitar las lágrimas. Y dio en imaginar que andando por el mundo encontraba una mujer llamada Isolda, y ambos se gustaban, se hacían novios, se casaban, y vivían muy felices en la aldea cercana a Viana do Bolo de donde Tristán era natural. A todos sus compañeros del Regimiento de Burgos 38 les preguntaba si había en sus pueblos una muchacha que se llamase Isolda. No la había. Había alguna Isolina suelta, pero Isolina no era lo mismo que Isolda. Tristán se lamentaba consigo mismo de no dar con una Isolda, porque si no la encontraba en León, donde había tanta familia, ya no la encontraría nunca, dedicado a la labranza en su aldea de Viana do Bolo. 

Un día lo mandó llamar un sargento que se llamaba Recuero. 



-¿Tú eres el que anda buscando una Isolda? Pues en Venta de Baños hay una viuda de este nombre. 

-¿Joven o vieja? –preguntó Tristán emocionado.

-¡No lo sé! ¡Es churrera! –le contestó el sargento.



Tanto tenía metida en su magín la novela famosa nuestro Tristán, que no pudo dudar un instante de que aquella Isolda de Venta de Baños fuese joven y hermosa, y si era churrera, podía seguir con el negocio en Viana, o en Orense capital, donde servían chocolate con churros en los cafés. También consideraba Tristán que si la viuda era vieja, lo más seguro era que tuviese una hija o sobrina joven que se llamase como ella. Tuvo un permiso, y con veinte duros que tenía ahorrados, tomó en León el tren para Venta de Baños. Ya en aquel empalme, preguntó por la churrería de la señora Isolda. Estaba allí al lado, y la señora Isolda despachando churros a un señor cura. Era la señora Isolda una anciana con el pelo blanco, con hermosos ojos negros, la piel tersa, las manos muy graciosas echando azúcar y envolviendo los churros en papel de estraza. Tristán vaciló en dirigirse a ella, pero ya había gastado cincuenta y cuatro pesetas en el billete de ida y vuelta. 



-¡Buenos días! ¿Es usted la señora Isolda?

-¡Servidora! –respondió la amable viejecita sonriendo-. ¿Cuántos le pongo?

-¡Es que yo soy Tristán! ¡Venía a conocerla! 



La viejecita cerró los ojos, y se agarró al mostrador para no caer. Gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas. 



-¡Tristán! ¡Tristán querido! –pudo decir al fin-. ¡Toda mi juventud esperando a conocer a un mozo que se llamase Tristán, como el de Isolda! ¡Y como no venía me casé con un tal Ismael!



Tristán saludó militarmente y se retiró hacia la estación, a esperar el primer tren para León. Cuando llegó y subía al vagón de tercera, apareció la señora Isolda, quien le entregó un paquete de churros. No se dijeron nada.
Cosas así sólo pasan en los grandes amores.

Tristán García. En Os Outros Feirantes, de Álvaro Cunqueiro.

martes, 7 de febrero de 2012

12 misterios madrileños sin resolver (3 años después)



El Milodón acaba de cumplir tres floridos años de feliz existencia madrileña. 
Sabéis lo mucho que ama esta ciudad.


Pero en la estela de anteriores posts como 
8 leyendas urbanas madrileñas que es necesario desmontar
5 grandes bluffs capitalinos
Cosas que son muy madrileñas (aunque los madrileños ni siquiera lo saben), el plantígrado antediluviano viene hoy a hablaros de esos detallitos que después de tres años de intensa vida capitalina aún siguen constituyendo misterios inextricables para él.


Ahí van. 

1. Por qué 'provincianos' son los que vienen de otras comunidades autónomas (y no los propios habitantes de comunidad uniprovincial de Madrid)


Otro que era provinciano

Es curioso cómo a pesar de que ya hace tres décadas del 'café para todos' y de la proclamación del Estado de las Autonomías, en esta ciudad se sigue usando el término 'provinciano' de una forma despectiva, clasista y si se lo permiten al Milodón, un poco cateta. El fenómeno cobra aún más interés si tenemos en cuenta que los propios provincianos que llevan viviendo un tiempo en  dominios madrileños se consideran facultados por la experiencia (que es un grado y tal) para referirse a los de su igual con ese adjetivo lleno de connotaciones nada halagüeñas (o sí). 

¿Que no te gusta ir a clubs de swingers? Provinciano.


¿Que prefieres los jerseys de ochos a los de grecas? Provinciano.


¿Que te dan miedo los camellos (y no nos referimos a los bichos de joroba) y no te gusta que llamen a la puerta de tu apartamento? Provinciano.


¿Que te emocionas porque has visto a Gabino Diego por la calle? Provinciano.


Ahora, eso sí. ¿Que  te sabes el nombre de pila y el apellido de los dos miembros de Pereza? No hay duda. MADRILEÑO.


Coincidiréis con este plantígrado en que no existe ciudad en toda la Península Ibérica que dependa más para su funcionamiento de los habitantes de todo pelaje procedentes de 'provincias'. 

Londres, que lleva desde los tiempos coloniales recibiendo gente procedente de Antigua y Barbuda, Australia, Bahamas, Bangladesh, Barbados, Belice, Botswana, Brunei, Canadá, Chipre, Dominica, Gambia, Ghana, Granada, Guyana, India, Jamaica, Kenia, Kiribati, Lesotho, Malawi, Malaysia, Maldivas, Malta, Mauricio, Namibia, Nauru, Nueva Zelanda, Nigeria, Pakistán, Papúa-Nueva Guinea, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Seychelles, Sierra Leona, Singapur, islas Salomón, Suráfrica, Sri Lanka, Swazilandia, Tanzania, Tonga, Trinidad y Tobago, Tuvalu, Uganda, Vanuatu, Samoa Occidental, Zambia y Zimbabwe, quizá se pueda poner un poco chula con los paletos de Essex. 


Pero, Madrid, de verdad, ¿qué habría sido de ti en los últimos años sin un provinciano de libro como Pedro Almodóvar?



2. Por qué no hay palomitas en los cines Golem.


Ya lo decían Faemino y Cansado: en el cine no coman cosas que ronchen.
Correcto. ¿Quién no ha ido a ver una película y ha sentido ganas de fusilar a un compañero de butaca que portaba una bolsa grande de Doritos en el regazo? Pero, ¿de verdad cinefilia y placer gastronómico han de estar reñidos? Hasta Antonio Gasset Dubois saliva con el olorcito del maiz caliente.









3. Por qué esa animadversión hacia los usuarios de bicicletas.


El Milodón no cuenta con datos empíricos que puedan apoyar esta afirmación, pero se juega cinco kilos de pepinillos y cebolletas (y sabéis que eso es algo de mucho valor para él) a que, si hiciesen una encuesta a pie de calle, Madrid es la ciudad de Europa donde los ciudadanos que se mueven  en bicicleta por la ciudad gozan de peor prensa. Mientras en otras capitales los ciclistas son vistos con cierta reverencia (cuando menos son gente sana que no contamina – ambas, características que normalmente van ligadas a ciertos valores cívicos respetables) en Madrid, los usuarios de bicicletas son observados como cucarachas con ruedas. Y el desprecio generalizado (a veces presentado bajo la forma de un siempre muy madrileño pitorreo) se promueve desde el Ayuntamiento: ¿Cómo es explicáis si no el carril bici de la calle Goya? En Mondragón hay zulos más amplios. 


Intestinos delgados y Dieta Dukan


4. Por qué hay que llamar a un timbre para entrar en Panta Rei.


Que las joyerías Yanes o Durán protejan sus cabujones (piedras preciosas de talla redonda), sus diamantes y sus relojes supercomplicados de a 18.000 euros la unidad con el examen visual que sigue al ding dong de la puerta como sistema disuasorio, puede ser hasta comprensible. Pero en la librería Panta Rei, especializada en diseño y artes visuales, ¿qué pretenden con el timbre de la puerta? ¿Seleccionar a la clientela en función de criterios de hispteridad?




'Huy, tú llevas zapatillas Toms, entras'


'Huy, tú aún luces una chapa de los Strokes en la solapa , te quedas fuera'


Los coffee table books pueden ser muy caros, es verdad. Pero salir con ellos corriendo por la calle Hernán Cortés hacia arriba es una tarea complicada. Y si quisiéramos robar las obras completas de Mauro Entrialgo, nos iríamos a Madrid Cómic, la verdad.


Por cierto, ¿qué estará haciendo a estas horas Julian Casablancas?


5. Por qué no dejan hacer fotos en la tienda de máquinas de escribir que está junto a Panta Rei.


En la calle Hernán Cortes, junto a la librería de la que acabamos de hablar, hay un taller de reparación de máquinas de escribir que es una auténtica locura. El recién llegado a la ciudad que descubre esta pequeña tienda llena de cachivaches (teclados herrumbrosos, chasis de mecanografiadoras, cintas de tinta... Valentinas de Olivetti!) se vuelve loco ante la visión del asunto y sólo quiere hacer fotos. Pero no dejan.




¿Quién no deja, Milodón? ¿El Comité de Actividades Antiamericanas? ¿La Policía del Pensamiento?


El dueño no deja, amigos.


"¿Por qué?"
Le preguntó el Milodón a él una vez.

"Porque no quiero que nadie se enriquezca con mi negocio".
Así en el original, hijitos.
A pesar de que el hombre dio su explicación, el Milodón sigue sin entender nada.


6. Por qué no paran de abrir diners.


Home Burguer, Peggy Sue, HD, Mel's... Cada vez que abren una nueva hamburguesería de estilo fifities americano en la ciudad, muere un becario del CSIC.
Queridos jóvenes emprendedores madrileños: el ayuntamiento no se refiere a esto cuando dice 'I+D'. Pensad algo nuevo, que no puede ser tan difícil.


Hasta Danny Succo se quiere cortar las venas.



7. Por qué no se puede comprar un periódico en un quiosco al salir de trabajar. 


En serio: ¿habéis intentado alguna vez haceros con un periódico en esta ciudad después de las seis y media de la tarde? Si formáis parte de ese amplio sector de la población española que se pliega a a las exigencias de unos españolísimos jefes (quienes a menudo creen que echar más horas hasta más tarde en la oficina es producir más), seguro que sabéis a qué infierno se está refirieron el Milodón. 



Los horarios de los quiosqueros madrileños son tan europeos que este plantígrado ya está empezando a pensar que los profesionales de la venta de prensa son en realidad comisarios retirados enviados por Angela Merkel en misión secreta. 
Ellos creen que abriendo tan pronto por la mañana y cerrando tan temprano por la tarde van a conseguir que nos pleguemos a las exigencias de Bruselas: pero lo único que han conseguido es hundir las ventas de la prensa nacional diaria. Quiosqueros del mundo (cañí): tenéis a Nacho Escolar contento. Menos mal que el Milodón se crió en una ciudad de provincias.De lo contrario jamás habría podido comprar Smash Hits al salir de clase. O hubiese pasado las tardes en el VIPS.


8. Por qué la gente dice que las croquetas del Casa Julio están buenísimas.

Las fotos de la formación de U2 al completo reposando sus irlandeses culetes en las sillas de formica de esta tasca típica son verdaderamente conmovedoras (id a verlas, las tienen colgadas en sus paredes). La señorina de pelo blanco que se mueve por el local como un personaje de 'El Viaje de Chihiro' también. Pero esas croquetas gordas y prietas como criadillas taurinas contienen un engrudo con sabor a Maizena que no hay dios que se lo coma.



9. Por qué las orillas del Manzanares no son llamadas 'La Ribera'.

Sería tan entrañable: Ribera del Manzanares, en plan chotis. Y no 'Madrid Río', en plan samba.


10. Por qué la fuente famosa es la Cibeles, si la bonita es Neptuno.


El Milodón os da su palabrita de plantígrado antediluviano: hay días que bajando desde la Carrera de San Jerónimo, contemplando la luz dorada del final de la tarde cayendo sobre el Ritz (a un lado) y la Real Academia de la Lengua (al otro), ha querido subir a darle un morreo al dios de los océanos, ahí, en el medio de un mar de asfalto. Que viva el Madrid borbónico y afrancesado.








11. Por qué Felipe González y Alfredo P. Rubalcaba viven en el Barrio de Salamanca


Y el Milodón no está aquí planteando esta incógnita para que respondáis con una serie de argumentos bastante manidos sobre utopías frustradas, aburguesamiento de la izquierda española y ocaso del partido antes conocido como POSEO. El Milodón ya sabe que Felipe González y Rubi viven mejor que los Grimaldi y que además les gusta.


Rubi, Pilar Goya y dos sobrinos

La inquietud que intenta trasladaros el Milodón es: ¿Por qué, después de casi veinte años de Gobierno Socialista (en total), la Gauche Divine no ha ido a instalarse a un barrio propio, a un gueto de rojeras hedonistas, donde los intelectuales de la progresía radical y recalcitrante puedan teorizar sobre el fracaso de los ideales socialdemócratas y a la vez saborear güiskis de doce años sin temor a coincidir en el pub con Isabel San Sebastián? A Madrid le falta su Lower East Side, su Montparnasse, su Kreuzberg. Aunque algunas mentes preclaras piensen que ese papel lo cumple Suanzesburgh, el barrio en el que trabaja Juan Luis Cebrián.



12. Por qué todavía no ha ardido el Palacio de Liria.

Y hablando de revoluciones frustradas. Más de cinco de millones de parados después... ¿Cómo es posible que las masas enfurecidas no hayan ido aún a la calle Princesa a quemar el Fuerte de la Duquesa de Alba