viernes, 20 de enero de 2012

Perdóname Marta (Franco, Fraga y Argüelles: mintiendo por amor)



Cinco minutos de visionado imprescindibles

Cuando el Milodón llegó al edificio de apartamentos en el que vive ahora sólo reparo en la alarmante cantidad de porteros diferentes que hacían turnos en la garita del portal reservada a dicho gremio y en la sustancial cantidad de transexuales y mujeres con claro aspecto de prostitutas que entraban y salían de los ascensores.
De pronto le preocupaba haber escogido para vivir un barrio poco seguro.
Si entonces hubiese sabido que sólo una manzana más arriba se debatía entre la vida y la muerte Don Manuel Fraga se hubiese sentido más tranquilo.
El ex diplomático, ex ministro, ex presidente de Alianza Popular y ex presidente de la Xunta de Galicia fue un ilustre habitante del barrio de Argüelles.
Aquí vivió (siempre que no estaba en Galicia). Y aquí murió.
Calle Fernando El Católico: ¿qué otra si no?

Cuando Marta, la hermana del Milodón, vino a ayudar en el remozado y puesta a punto del nuevo hogar milodoniano, el plantígrado ya llevaba unas semanas viviendo allí y ya había comprobado que transexuales y prostitutas eran vecinos inocuos, perfectamente discretos y tranquilos.
Manos a la obra, pues.

El Milodón obligaba a Marta a unas jornadas de trabajo draconianas. Como esas que convirtieron a Manolo Fraga en un ser mítico (el Sísifo del Estadismo) pero en versión ñapas.
Pintar de blanco con éxito un gotelé doble no es tarea fácil pero peor aún es intentar comprender las instrucciones de montaje de los muebles de Ikea.



El tema del ensamblaje de la silla Nördmyra y otros modelos con nombres que parecen salidos de un diccionario de Tolkien es carne de monologuista español. Así que no nos detendremos mucho en este punto. Pero no podemos evitar señalar una realidad en la que vosotros seguramente también habíais reparado: dentro de Ikea hay una célula de anarcosindicalistas que se dedican a romperle los cojones a los ciudadanos de Europa poniendo mal algunos pasos de sus manuales y añadiendo piezas innecesarias.
Eso es un contubernio judeomasónic0 y no el que atormentaba a Franco y a sus ministros.


Reproducción de una logia masónica en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca.
Una bizarrada que os encantará visitar.

A la hermana del Milodón, que es una persona dispuesta, hacendosa y con mucha fuerza de voluntad, montar muebles de Ikea y hacer cosas que requieran maña se le da muy muy bien. Pero las servidumbres de la vida capitalina le ponen enferma.

Ella no le encuentra ningún encanto a los tiempos muertos en medios de transporte público (en el trayecto de Argüelles al Ensanche de Vallekas uno puede leerse dos veces Los Episodios Nacionales) o a los largos paseos a los que obliga cualquier recado en el centro de la ciudad.

Cuando Marta vino a Madrid para ayudar a su hermana mayor al remozado y puesta a punto de su nuevo hogar en Argüelles, el Milodón, le hablaba del barrio como un enamorado que se esfuerza por demostrar a su amada todas las cosas estupendas que le esperan si le escoge a él.

Marta, que es lista y buena y esteta, en realidad no necesitaba explicaciones para comprender.
Porque no le gusta la contaminación, ni las prisas, ni el cansacio crónico. Pero le encantan las cosas bonitas.
En los paseos que dieron ella sola podría haberse dado cuenta de que:

El pórtico rollo Grupo de Memphis de la sala Galileo Galilei (calle Galileo) es un prodigio.


Las fachadas temáticas de algunos comercios especializados (por ejemplo, Quesos La Fondí, en la calle Fernández de los Ríos) son una ida de olla


El patio ajardinado del Teatro de la Abadía (de nuevo Fernández de los Ríos) es un desmadre


La torre de Arapiles (calle Arapiles) es la leche


y el Cuartel General del Ejército del Aire es un movidón



Aun así, el Milodón quería que a M., DE VERDAD, su nuevo barrio le pareciese la hostia. Transexuales y fulanas incluídos.
Así que una tarde que venían de tomarse unas cañas en La Nueva (muy rica la ensaladilla rusa e imprescindible la tienda de uniformes de trabajo que tiene al lado) bajó hasta la plaza Conde de Suchil, donde está el Hospital de Madrid.

Así. En genérico. Hospital de Madrid.

Y envalentonado, le dijo a su hermana:
"Aquí se murió Franco"

Con dos cojones.
'Sería tan guay que Franco se hubiese muerto ahí', pensó inmediatamente el plantígrado antediluviano, mirando aquel conjunto tan neoherreriano, todo fachada de ladrillo y letras de hierro forjado.

En realidad no tenía ni idea de dónde había muerto el Generalísimo.

Franco en su visita a El Bierzo, para la inauguración del Pantano de Bárcena.

Con cierta sensación de culpa, tiempo después decidió documentarse al respecto. Y fue cuando leyó esto:

"El día 8 de julio de 1974 regresaba tarde a casa después de un día agotador en la entonces llamada Ciudad Sanitaria Provincial Francisco Franco [actual Gregorio Marañón]. Meditaba sobre qué hacer para cenar, porque toda la familia estaba ya veraneando en El Escorial, y yo me encontraba muy cansado para ir a un restaurante, cuando encontré junto a Ángel, mi portero, a una paciente del Puerto de Santa María, operada meses atrás, que me traía como obsequio una caja de langostinos de Sanlúcar ya cocidos.

Mi cena quedó resuelta (...). Pero entonces sonó el teléfono, y en lugar de la voz que esperaba, la de Isabel, mi esposa, escuché la del doctor Ricardo Franco, que me avisaba de que al día siguiente tenía que ir, con él y con el doctor Francisco Vaquero, a visitar al jefe del Estado en el palacio de El Pardo, porque se sospechaba que pudiera presentar una tromboflebitis.

Mi tranquilidad desapareció súbitamente. Pensé, y así se lo adelanté a Ricardo Franco, que aquello acabaría mal para mí, porque con las difíciles relaciones que desde 1967 venía manteniendo con el doctor Cristóbal Martínez-Bordiú, éste no iba a consentir que yo, como especialista cardiovascular, visitase a su suegro y saliese bien parado.

El día 9, poco antes de las nueve de la mañana, llegamos a El Pardo. Nos estaba esperando el doctor Vicente Gil, médico de cabecera del jefe del Estado, quien rápidamente nos condujo a sus habitaciones. (...) Encontramos a Franco tendido boca arriba en una cama de matrimonio muy baja, lo que hizo incómoda su exploración física. En su aspecto predominaba la falta de expresión, con la mirada perdida en el techo y sin demostrar el menor interés por lo que ocurría a su alrededor.

Contestaba con monosílabos a nuestras preguntas, y a las distintas maniobras exploratorias que le practiqué, que debían provocarle dolor o al menos alguna molestia, no respondió ni con gestos, ni con palabras.

Tras la exploración nos retiramos a la antecámara y allí expuse a mis compañeros que el diagnóstico me parecía indiscutible: se trataba de una flebotrombosis iliofemoral derecha, (...) con tendencia a extenderse y a desprender fragmentos que provocarían embolias pulmonares.

No se discutió la conveniencia de llevar a cabo el tratamiento en un centro hospitalario. (...) La ausencia de Martínez-Bordiú [yerno de Franco y jefe del servicio de cirugía torácica y cardiovascular de la Paz], que se encontraba en Manila, y la mayor experiencia que en este tipo de operaciones tenía mi equipo, llevó a Vicente Gil, pues era él quien decidía, a inclinarse por nuestro hospital. (...) Incluso el hecho de que fuese julio y estuviese desocupada toda la planta F, facilitaba el ingreso inmediato del enfermo y de todos sus acompañantes sin tener que hacer traslados. (...) Nos invitó a continuación a que entrásemos de nuevo al dormitorio a informar al caudillo (...).

Vicente, dirigiéndose al caudillo como "mi general", tratamiento que a partir de ese momento empleamos todos alternándolo con el de "excelencia", explicó el diagnóstico que se había establecido y la conveniencia de ingresarlo en un hospital. Franco permaneció un rato callado y luego dijo:

- "Eso va a ser una bomba".

De acuerdo con mis notas, Vicente respondió:

- "Mi general, la bomba sería que a Vd. le pasara algo". (...)

- "Eso va a tener implicaciones políticas", dijo el caudillo tras otro largo silencio.

Y Vicente le explicó que, aunque las hubiera, carecían de importancia al lado de su salud, que las consecuencias políticas las habría si él faltara. (...) Y para mi sorpresa terminó diciéndole que también Eisenhower y Stalin habían ingresado en hospitales"

*Extracto de un artículo de Ramiro Rivera, publicado en El País en 2007. Merece la pena leerlo completo.

Dos cosas:
Qué ganas de comer langostinos de Sanlúcar.
Y Franco murió en el Gregorio Marañón (¿o murió en La Paz?).

Marta: siento haberte mentido.Si hubiese sabido que sólo un mes después Fraga iba a morirse al lado de casa, no me hubiese inventado esa historia para que te enamorases.
Te echo de menos.
Vuelve pronto, que no sé montar los estores de Ikea.

13 comentarios:

  1. A mí este artículo me parece requetbonito y requetebién escrito, y quiero decírtelo claramente aquí y no con la mierdecilla esa del pulgar del Caralibro.
    Chapó, mylodón argüellesco.

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    1. oh! gog! qué bien que te haya gustado... a estas horas del día sigo sin saber en qué hospital murió realmente Franco. Sólo sé a ciencia cierta que no fue en el de Conde de Chuchil.

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  2. Como sabes lo que me impresiona eh?? Tengo que reconocer que la historia me olía un poco a chamusquina...Pero me sigue encantando tu barrio,muchííísimo más que el otro!!!
    Yo si que te echo de menos...

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    1. http://2.fimagenes.com/i/4/6/a3/am_284708_3529173_399733.jpg

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  3. Mylodón, se supera usted en cada entrada que escribe en el blog.
    Bravo! Una gran historia, grandiosamente contada!
    Ya mi madre me dijo el otro día que te iba a escribir para que pasases, en su nombre, a darle el pésame a la familia por el fallecimiento de Fraga (léase con tono irónico), ya que te quedaba cerquita de casa.
    Un beso Mylodón y otro a Marta.

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  4. No perderse Pub Destellos (en los pares de calle Galileo) y Hobbies Vicente (calle Andrés Mellado, semiesquina Meléndez Valdés).
    Escribes mejor que la Ostra Fruta.

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    1. Mañana mismo paso por Hobbies. Un beso con termoforro

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    2. ¿A que está bien Hobbies Vicente? En las maquetas del escaparate hay piezas minúsculas con MICROTELARAÑITAS.

      Un beso portalero.

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    3. Hobbys Vicente :-), mi primer año en Madrid, surrealistas personajes lovcrianos-torrentianos, discutiendo del camuflaje de invierno del 6º ejercito aleman, mientras intercambian pornografia en formato cd.
      Un centro social en toda regla para esos niños mayores que aun viven con sus padres

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  5. Portalero! Acabo de ir expresamente al encuentro de las calles Andrés Mellado y Meléndez Valdés y no vi la tienda de hobbies. Si acaso una librería, Don Libro, que prometía mucho pero hace tiempo que está cerrada.

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    1. Please note that es SEMIESQUINA a Meléndez Valdés. Vamos, a unos tres o cuatro metros del cruce.

      Librerías las hay a porrilho y gustosísimas, a base de la reja hecha con aros de hierro que tanto admira el Milodon como signo urbano madrileñísimo. Jo, es que el barrio que nos ocupa es único sin ambages, coño ya!

      Este anonimato mío no te da nada de intriga, veo. Vaya clandestinidad de birria.

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  6. A ver, tron. Please note that haciéndote llamar 'Portalero' y mencionando Pub Destellos, pues menudo Cluedo de los copones...

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  7. Ha de saber que el edificio del Ejército de Aire es obra del arquitecto modernísimo y racionalista Luis Gutiérrez Soto, autor a la sazón del Pachá de Barceló y de innumerables y modernísimos edificios madrileños del siglo XX. La planta del ejército del Aire es un modernísimo entramado de edificios de oficinas a la americana cuya fachada, (originalmente modernísimo racionalismo (y van 4), en plena posguerra se 'vistió' de un neoherreriano escurialense para dar gusto al bajito de bigote, el que 'murió' en el hospital Madrid (sanidad de la privada). :)
    Suyo, monsieur mate, hoy anonymous.

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