domingo, 16 de diciembre de 2012

Navidades Antiguas (Crónica de una raclette)


La Navidad es como el Marmite, ese extracto de levadura espeso como la miel y oscuro como la brea, que los ingleses usan para dar un toque final a los sandwiches. El eslogan histórico de este producto es: Hate it or love it.




Aunque todavía es pronto y él siempre ha pensando que hasta que no le toca el Gordo a alguien no empieza oficialmente la fiesta, ayer el Milodón adornó con motivos navideños su casa. Es una casa muy, muy, pequeña, así que una vela roja, una blanca, una estrella dorada posada sobre una discreta peana, una ristra de luces parpadeantes enroscada en la balda de una estantería y una campanilla con cabeza de Papá Noel (total: 5,50 euros en un bazar chino) fueron más que suficientes para crear un ambiente epifánico en su hogar.

No es difícil empatizar con los christmas haters. Todos los argumentos en contra de la celebración de estas fechas están tan manidos como la anécdota de que el uniforme rojo de Papá Noel lo inventó la Coca Cola y son tan evidentes como la homosexualidad latente de la que hace gala cada año Raphael en su especial de Nochebuena. 
Hay sin embargo, mil cosas que deprimen al Milodón muchísimo más que la Navidad:

- Una tarde desperdiciada frente al Facebook > el escaparate de egos puede ser tan edificante como crispante.
- El Faborit de la calle Alcalá > hay máquinas expendoras de aeropuerto más acogedoras que esta cafetería. 
- Los mimos de la Calle Postas > esos hombres y mujeres jugando a parar el reloj se convierten en una metáfora insportable de lo horrible que puede ser el paso del tiempo.
- El Enjabonarte de la Calle Mayor > los olores agresivos y sintéticos de unas pastillas de jabón que elaboran con vaya a saber usted qué son una prueba de resistencia para cualquier estómago.
- El twitter de Mariano Rajoy > "Unas cuentas públicas insostenibles, el peor ataque al Estado de bienestar. Reformas y control del déficit para crecer", es solo una de las muchas perlas que se pueden encontrar en él. 
- El self service del Riofrío > una fideuá que recuerda al moco ectoplásmico de Los Cazafantasmas en un espacio que evoca al comedor del Crucero del Amor.
- La sección de souvenirs de El Corte Inglés > una colección de regalitos inspirados en los grandes símbolos patrios que compite en mal gusto con la pinta de Sergio Ramos.
- La chocolatería Valor > ¿Una churrería que se autodefine como "un punto de encuentro entre tradición y vanguardia"? Eso sí que es tener valor.

Aunque si hay algo que de verdad le parece deprimente al Milodón es el ambiente patibulario que se respira estos días en las empresas españolas, donde los trabajadores se siente partícipes de una gigante ruleta rusa, en la que nadie sabe quién será el siguiente. La reforma laboral y la deriva económica del país han conseguido dar un nuevo y mucho más extenso significado a la palabra precariedad. 

Es cierto que a esta situación terrible, estresante, inhumana, nos ha llevado los abusos del capitalismo y de una sociedad avasallada por un pillaje feroz. Y nadie puede negar que la Navidad es un tiempo para la celebración definitiva de uno de los rituales capitalistas por excelencia: el consumo desaforado. 
Así que el Milodón no pretende convenceros de sus motivos para situarse en el bando christmas lover

Pero es que la sensación de alivio que le produce saber que en las largas -frias y muy oscuras- noches de finales de diciembre hay personas que encienden luces cálidas en sus casas con una excusa común, es casi atávica. Judeocristiana y americanizante. Hortera y elevada. Trascendente a la vez que vulgar. Inexplicable pero placenterísima.

Ayer mismo el Milodón tuvo esa sensación. Salió pronto por la mañana hacia el Mercado de Chamberí, en busca de una tienda de encurtidos donde hacerse con una buena provisión de cornichons y en el camino encontró una charcutería donde venden auténtico pastrami al estilo neoyorquino. Además de este embutido de carne de ternera en salmuera, también compró salchichón, salami y cecina. Por la tarde coció tres quilos de patatas y separó con sus propias manos treinta lonchas gordas de queso del cantón de Valais. Y a las diez de la noche, seis personas se reunían en torno a una paupérrima mesa Lack (6 euros en Ikea), ampliada de forma chapucera con una plancha de aglomerado y camuflada alegremente bajo un mantel de Portugal, para fundir el queso en cuestión sobre una plancha ardiendo, después extenderlo sobre las patatas cocidas y finalmente acompañarlo todo con la charcutera/pepinillera guarnición. Había también, por cierto, un vino buenísimo.



Una de las invitadas, francesa (preciosa) y propietaria de la plancha, explicó que la Raclette, que así se llama el plato del que estaban dando buenísima cuenta, era más que una comida un ritual. Y justo cuando ella dijo, mientras los demás comían a dos carrillos: "Esto es lo típico que se hace después de una jornada de esquí en los Alpes", el Milodón se imaginó que en lugar de en su diminuto apartamento en un barrio de Madrid estaban en una cabaña como aquella del vídeo de Wham!. Y se le encendió el corazón, como a ET cuando vuelve a la vida después de haber estado horas moribundo en el río.
Todo clásicos navideños.




Mientras unos contaban que en su empresa hace tres meses que no cobran y otros relataban situaciones similares vividas por personas cercanas, el Milodón le daba vuelta y vuelta a un disco de villancicos que compró durante sus primeras navidades en Madrid. Es un disco de los años sesenta cantado por niños de voz punzante y antigua, con mucha zamboma y campanilla, que retrotrae a la España de pobres de solemnidad y rifas solidarias de las películas de antes. Una España que parecía superada, pero hacia la que nos dirigimos de nuevo, cuesta abajo y sin freno.

Entonces se apoderó del plantígrado antediluviano un sentimiento de culpa terrible, tan católico y atávico como su gusto por la Navidad, y una sensación de impotencia horrorosa, tan desazonadora y deprimente como una tarde frente al Facebook. Y se puso a comer pastrami, queso fundido y patatas como un loco.






martes, 4 de diciembre de 2012

Feliz Cumpleaños, Santirulo (Compraos Los Millones y Los Huerfanitos)





El cuñado del Milodón, que es un garajero de pro y un avezado coleccionista de vinilos, frecuentaba cuando vivía en Madrid unas cuantas tiendas de discos, aunque siempre dice que entre sus favoritas se encontraba Rock and Roll Circus, porque Joaquín, el dueño, era un tío muy majo que le trataba muy bien. 

Siempre cuenta el cuñaaaao que Joaquín le dijo un día: "Oye, si eres muy fan de una banda, intenta no intimar con sus miembros jamás, porque la mayoría de los músicos son gilipollas". No entraremos a discutir si esta versión fuzz de no-conozcas-nunca-a-tus-ídolos-porque-te-decepcionarán es acertada o no. Lo que sí os repetirá el Milodón (porque ya os lo ha dicho otras veces) es que no ve la necesidad de disculparse por ser un mitómano incorregible, y sentir la necesidad irrefrenable de conocer de cerca, si le presenta la ocasión, a las personas que admira mucho.

El Milodón vivió en Londres una temporada de su vida, que coincidió con el tiempo en que Madonna estaba casada con Guy Ritchie y llevaba una plácida vida familiar, con sus hijos y sus maridito, en alguna casa carísima de Marylebone.
De chiquillo, el plantígrado era muy muy muy fan de la Ambición Rubia, hasta tal punto que lo último que veía por la noches antes de apagar la luz era la cara de la señora de Michigan mirándole fijamente, con los ojos casi ocultos bajo una gorra de cuero negro y las tetas cuajaditas de cadenas y abalorios, desde un gigantesco poster de Like a Prayer
Por eso, cuando muchos años después se asomaba a la ventana de la cocina de su domicilio londinese, y veía los tejados de las terrace houses del barrio perderse en el horizonte hasta toparse con el rascacielos Center Point y la torre de British Telecommunications, se sentía reconfortado y menos solo, pensando: "Allá detrás, a lo lejos, debe de andar Maddie preparándose un te calentito a la vera de Guy". 
El plantígrado tenía siempre muy presente que otros muchos santos de su intensísima devoción vivían en Londres (de los Beatles vivos a Ray Davies) pero solo pensar en Madonna le hacía volver al confort, la seguridad y la calma de la infancia. 





Cuando Guy Ritchie y Madonna se divorciaron, el Milodón ya vivía en Madrid. Y el confort que le producía la idea de aquella pareja feliz ya había sido sustituído por el afecto de algunos nuevos amigos, que le enseñaban cosas muy bonitas. 
Entre esos amigos estaba un peludo ser, el Tapir Nicanor, que un buen día le dijo al plantígrado: "Creo que mi amigo Santi y tú os podríais caer muy bien. Esta tarde está firmando ejemplares de su primera novela en la Feria del Libro. Si vienes conmigo te lo presento". 
Y el Milodón, que ya había oído hablar maravillas de la obra del tal Santi, un director de cine metido a escritor (o al revés) que había filmado/firmado Mamá es Boba, la mejor película española de los últimos veinte años (te jodes, Almodóvar), allá que se fue. 
Se volvió con un ejemplar de aquella primera novela y un encuentro personal con su autor, que no fue más allá de un amable "Hola, qué tal". En la contraportada del libro recién adquirido se leía algo parecido a esto: Madrid. 1986. A un miembro de Los Grapo le tocan 20 millones de pesetas en la lotería y no los puede cobrar porque no tiene carnet de identidad.



El Milodón terminó de leer Los Millones, de Santiago Lorenzo, en un tren que le traía de vuelta desde unas dulcisísimas vacaciones en la costa gallega hasta ese murmullo en el medio del desierto que es Madrid en verano. Entre la estación de Vigo y la de Chamartín, metido en un destartalado vagón del Talgo, el plantígrado pasó uno de los mejores ratos de su vida leyendo las aventuras de Francisco, un terrorista accidental con alma de boyscout que, sin saber muy bien por qué, había acabado entregando su vida a una organización cuyos ideales no estaba seguro de compartir, pero que le proporcionaba la excusa perfecta para tirar adelante con una vida paupérrima en un piso medio en ruinas en el barrio de La Ventilla. Apañándoselas para sobrevivir, Francisco desplegaba todos los días un ingenio desarmante, que al Milodón le hizo reír y llorar como nunca en su vida. 
Los Millones es una novela existencialista, pero con acción y amor a raudales, que se presenta disfrazada de indefensa cosita pulp. Aunque en realidad, todas las cosas buenas que quiera decir de ella el plantígrado antediluviano ya las han dicho antes mucho mejor
o

La cosa es que el plantígrado regresó a la capital con una idea fija: quería decirle a aquel tipo que le habían presentado en una caseta de la Feria del Libro de Madrid, que su novela le había parecido una auténtica obra maestra. Llevado por su furor mitómano, le pidió al Tapir Nicanor que le diese su correo electrónico y le mandó un email que a cualquier otra persona le hubiese parecido propio de un acosador con trazas de esquizofrenia, pero que Santi recibió con una amabilidad (no siempre es fácil ser amable con los pesados), un tacto (no siempre es fácil manejar a desconocidos) y un cariño (no siempre es fácil transmitir calor auténtico en un agradecimiento) que al Milodón le dejaron patidifuso. 

Be careful, San

Con el tiempo, se hicieron amigos. 
Y Santi le concedió al bicho que firma esto el privilegio de disfrutar en sesiones privadas de su raro sentido del humor, de sus ocurrencias imposibles, de su discurso amenísimo y de otros mil matices de caracter que le hacen un persona excepcionalísima. Unas horas con Santi son un festival de pasmos delirantes, una rave sin fin que me río yo del Esparrago Rock, del FIB o de un concierto de la mismísima Madonna. 

Santi Lorenzo ya no vive en Madrid. 
Esto que viene a continuación lo dice el narrador omnisciente de Los Millones, pero le da al plantígrado antediluviano en la nariz que el autor piensa lo mismo y que algo debió de tener que ver con su huída al campo:
"Madrid no era ciudad para lo que estaba pasando. Aquí no pegaba nada que nadie estuviera danzando en torno a todo este mejunje grotesco de espionajes de pacotilla. En Madrid todo lo apolíneo se ajaba en banalidades: la ópera se había diluido en zarzuela, el clavecín en organillo, la repostería en churros." 

Ahora, cuando el Milodón mira por los ventanales de su apartamento hacia las casas de balcones de su barrio, que se pierden en el horizonte hasta encontrarse con el Edificio España, no puede evitar sentir algo de pena al acordarse de que Santi ya no estará flaneando por las calles de la ciudad ni preparándose un te calentito en su casa del centro.



La última vez que se vieron, él había venido a la capital porque la Filmoteca Española le iba a rendir un homenaje y se presentaba un libro que hacía un repaso a todos sus talentos (películas, cortos, fanzines, obras de teatro, maquetas y libros). Al día siguiente de los festejos se sentaron en torno a una mesa del bar El Tren de Argüelles, donde se echaron unas buenas risas leyendo la amplia carta de cócteles (que él hace tiempo que no bebe) y contemplando la decoración del lugar, que con sus subidas y bajadas, sus barandillas de hierro forjado y sus luces ténues, aquí y allá, intenta reproducir -con éxito- el interior de un vagón o los andenes de una estación. Ente los muchísimos saberes que atesora Santi está un conocimiento enciclopédico sobre trenes, así que podía decir de memoria el nombre de todas las máquinas que decoraban, en fotografías, las paredes del local. 
El Milodón se lo pasó fenomenal. 

Diréis: qué indiscreto, Milodón. Y el Milodón se disculpa. Si ahora escribe todo esto aquí no es porque quiera hacerle la pelota a nadie ni hacerse el interesante. Siempre le han dado mucha cosica esos blogs que son en realidad plataformas para una adulación que atiende a intereses privados y siempre le han parecido muy tristes esas personas que se jactan de conocer a gente extraordinaria solo para sentir que, de alguna manera, las cualidades ajenas también son mérito suyo. 
Si el plantígrado antediluviano habla hoy de Santi es solo porque es su cumpleaños.
Supone el Milodón que este año ha sido especial para él: ha salido a la calle su segunda novela, Los Huerfanitos, y se ha convertido en un fenómeno editorial. 


Ha tenido mucha repercusión mediática y en todas partes muy buenos periodistas han reflejado algunos rasgos de su personalidad que al Milodón le parecían secretísimos, como eso de que fuma un pitillo a las en punto y le encantan los dulces de Viena Capellanes. 
Todo el mundo le ha dedicado merecidísimos elogios que podéis leer 
Se ha convertido en una especie de estrella del rock. Pero una estrella del rock tan guay que Joaquín, de Rock and Roll Circus, tendría que comerse sus palabras.

Si el Milodón hubiese de hacerle un regalo de la leche en un día especial,  le compraría su último libro. Pero comprenderéis que es un absurdo regalarle a un autor su propia obra. Así que aquí le deja el plantígrado tres cosas. 

Una canción de los Beatles


Una de los Kinks


Y un volumen que andará por aquí cuando venga por Madrid


Muchísimas felicidades, Santirulo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Amor y Olor a Mierda


La madre del Milodón, que es sabia, e influye más sobre las decisiones y opiniones del plantígrado antediluviano que la Unión Europea sobre las maniobras de De Guindos dice mucho una frase que suele ser palabra de dios: "Si huele a pescado, es que es pescado".

Por eso, aunque al Milodón no tiene la menor idea de qué establece la ley de protección de datos y 
el proyecto de ley de transparencia sobre la destrucción sistemática de documentos en los organismos oficiales, la presencia constante durante el último mes de estos vehículos en el entorno de su lugar de trabajo, donde se ubican el Ministerio del Interior, el de Administraciones Públicas y la Fiscalía General del Estado, le huele intensísimamente a merluza podrida (por no decir a mierda). 


Sabéis que este bicho tiende mucho a la fabulación fantasiosa en beneficio de una mayor amenidad del relato, pero os jura por el big bang que esto es absolutamente cierto y que solo para poder contároslo le hizo una foto a estas camionetas, que han estado rondando o aparcando en los primeros números del Paseo de la Castellana a lo largo de demasiados días.



La empresa DATAERASER, tiene un pase: "Recogida, destrucción y reciclaje de documentación y material informático, digitalización de documentos". Bueno. Vale. Todo el mundo hace limpieza.

Pero, ¿qué hay de DCD (DESTRUCCIÓN CONFIDENCIAL DE DOCUMENTACIÓN)? Aquí, la precisa ubicación de adjetivo 'confidencial' es lo que chirría. Porque, pensadlo bien: lo que viene a decir el nombre de esta empresa es que no es top secret la documentación, sino la acción de destruirla.

Vosotros diréis, amigos, que el Milodón debería tomarse la molestia de informarse al respecto antes de emitir ningún juicio de valor, y quizá tengáis razón: algunos compañeros, sagacísimos periodistas, le quitaron hierro al asunto cuando el plantígrado les contó lo que había visto, argumentando que eliminar documentación confidencial es una práctica muy común en cualquier lugar donde haya trámites burocráticos. 
Pero también los alemanes decían que ese espeso humo blanco que salía de las chimeneas de los campos de trabajo para judíos lo producía la combustión de la madera y el carbón. Y ya sabéis qué estaba pasando en realidad. 
Aquel humo blanco olía a pescado. Y lo era.

El pasado fin de semana vino de visita a Madrid la madre del Milodón. 
Qué bien lo pasaron. 
Compraron fundas de cojines en Ikea, 
comieron sandwiches club en el VIPS, 
fueron a ver el musical de Concha Velasco (recomendabilísimo) 
y el domingo, exactamente hace siete días, en una visita relámpago al Museo del Prado, pasaron por delante de este cuadro... 


Juana La Loca, de Francisco Pradilla. 
La gigantesca pintura, de 1877, representa una parada en la durísima travesía que llevó a la hija de los Reyes Católicos de Burgos a Granada durante ocho meses, viajando siempre de noche, para llevar el cuerpo de su marido al lugar donde él había pedido ser enterrado. Las crónicas oficiales cuentan que Juana no se separaba ni un segundo del féretro, a pesar de que el corazón de su amado ya no estaba allí dentro, sino que había sido enviado a Bruselas, también por por deseo suyo. 
Ya véis: Felipe El Hermoso, además de ponerle los cuernos sin parar a su señora -cosa que, dicen, fue lo que hizo que ella se transtornase-, era caprichosín. 
Acompañaba a Doña Juana un séquito apabullante de curas, monjas, nobles, damas de compañía, soldados y criados que estaban hasta los cataplines de pasar frío por la meseta adelante. 
Cada nuevo día era un calvario y cada nueva orden de la señora, una renovada fuente de burla y escarnio tácito entre los miembros del entourage, que efectivamente pensaban que Juana era una puta loca. 

En las paradas técnicas, que suponían un despliegue de medios titánico, los caretos de hartazgo, sorna y autosuficiencia eran parecidos a los que los sagacísimos compañeros del Milodón le pusieron al plantígrado cuando él les habló de la indisimulada fuga de documentos que se estaba produciendo en el Ministerio del Interior. 

"Ya empezamos"

"Ay, señor, señor"

"Yo podía estar haciéndome la manicura ahora mismo"

"Pfffff"

"No, si es buena tía, pero se le pira"

Lo que no sabían esos señores todos es que Juana, en realidad, no estaba atravesando España (que todavía no era tal) de lado a lado por el capricho arrebatado de una mente inestable, sino porque huía del Cardenal Cisneros y de su propio padre, quienes, después de la muerte de la reina Isabel, querían arrebatarle su LEGÍTIMO derecho al trono. 
Fernando el Católico y Francisco Jiménez de Cisneros se salieron con la suya: convencieron a la opinión pública de que Juana (que efectivamente estaba enamorada hasta las trancas del señor difunto y muy afectada por su fallecimiento) estaba como unas maracas, la fueron a buscar hasta la ciudad de la Alhambra y la condenaron a 46 años de reclusión forzosa en un castillo de Tordesillas, donde como única compañía tenía a su hija Catalina y donde ambas eran maltratadas -física y psicológicamente- por sus sirvientes. 

Juana ha pasado a la historia como una loca. Pero, gracias a que en su tiempo no había empresas de Destrucción Confidencial de Información, han llegado a nuestros días documentos que prueban la jugarreta de su santo progenitor. Un hombre tan chungo que Maquiavelo le escogió como inspiración para escribir 'El Príncipe' y dijo de él: "Fue un rey malvado y tramposo, sin ningún tipo de moralidad, que vivió para hacer el mal".

El Milodón nunca sabrá si, como se imaginó hace días,en el Ministerio del Interior están destruyendo documentos secretos sobre, pongamos, la intervención de la policía en las últimas huelgas y manifestaciones.
Pero tiene la tranquilidad que le da aquel dicho sobre el pescado de su madre, y otro, este ya más popular: Hay dos cosas que es casi imposible disimular. El amor y el olor a mierda.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Marea Blanca



Se sabe que una sociedad está enferma cuando quienes la dirigen creen
que "la salud es lo más importante" es solo un eslogan publicitario.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Ciruelas y Mandarinas



Imágenes de Defensa India Antigua

El Milodón abre su primera mandarina de la temporada y esas minúsculas ampollas llenas de zumo amargo que cubren la cáscara estallan dejando un rocío fragante en suspensión.
A un amigo del colegio del plantígrado el olor de las naranjas pigmeas le traía algún recuerdo horrible (jamás llegó a confesar cuál) que, inevitablemente, le ponía de un insoportable mal humor lindante con la agresividad.

Al Milodón las mandarinas le recuerdan a la navidad y le ponen melancólico.

La madre de Trapalleira hace una mermelada de mandarinas que consigue que esas minúsculas ampollas que cubren la lengua, las papilas gustativas, se retuerzan de alegría al masticar pan de tostada.
Para elaborarla Teté (la madre de Trapalleira) le quita a cada gajo, uno por uno, esa piel que los cubre, tan fina que parece una membrana.

La abuela del Milodón hace también mermelada. Esta, de ciruela. Su sabor y textura es un chute de endorfinas infalible. Extendida sobre una galleta Gullón y mojada en un café con leche y azúcar sabe a beso de amor tranquilo y desprendido. Para elaborarla, Julia (la abuela del Milodón) viaja en su pequeño Citröen blanco hasta Cabañas Raras del Portiel, donde un árbol generoso que plantó no hace muchos años le da quilos y quilos de fruta, de la que solo extrae la pulpa.

Esta noche el Milodón tuvo un sueño extraño.
Estaba sentado en el medio de cualquier lugar y estaba enfadado. Muy enfadado. Enfadado y agresivo.
En el lenguaje ininteligible de las pesadillas, el Milodón, explicaba las razones de su ira en voz alta. Eran motivos sólidos, inamovibles. Todo tenía perfecto sentido, todo encajaba, todo era intolerable, desapacible, descorazonador.
Y de pronto, desde ningún lugar, se le acercó un hombre joven. No se acuerda de su cara, aunque sí remotamente de sus rasgos. Era guapo. Era muy alto, algo rechoncho y miraba con ojos de vaca buena. Se puso frente al plantígrado y le dijo con voz mansa: "¿Por qué estás tan enfadado, Milodón?". Le acarició la cabeza con paciencia, con ternura y algo de compasión, como intentando expresar: "En realidad, no es tan importante". Y después le dio un abrazo. Un abrazo gigante, redondo, mullido, de amor tranquilo y desprendido.
El Milodón se sintió increíblemente bien. Tan bien que cuando se despertó y se dio cuenta de que todo había sido un sueño, se enfadó de nuevo, casi sin poder evitarlo, como le pasaba a aquel amigo cuando percibía el olor de las mandarinas.
Decepcionado, se levantó y abrió la nevera, pensando en hacerse un desayuno que le aliviara. De la puerta del frigorífico al suelo cayó un bote mal cerrado.
El suelo de la cocina se llenó de mermelada de ciruela.



martes, 6 de noviembre de 2012

Bambino y los Amores Locos


Hoy se ha confirmado que el matrimonio entre personal del mismo sexo es constitucional.
Ya ven: el casamiento entre gays y lesbianas es constitucional. Como el derecho a la vivienda. Qué risa.

Hace unos días, Mariló Montero, esa periodista dominatrix con la que es imposible no tener fantasías eróticas, se preguntaba si los órganos que se donan para trasplantes tienen alma. El Milodón, que no es tonto, se pregunta, si tiene alma el corazón (ese órgano) de los que niegan a las personas que se quieren el derecho a unirse. Luego mira las cifras de desempleo y cuando lee


 4.833.521

no puede evitar pensar en los niños de San Ildefonso y en el amor, que es una lotería, igual que lo de tener trabajo.
El Milodón compra participaciones todos los días.
Y últimamente ha amado estas cosas:


La Galeria Watdafac


Para el Milodón todo empezó con un capítulo de Mapa Sonoro en el que aparecían los miembros de Margarita, una de sus bandas madrileñas favoritas, serigrafiando sobre camisetas unos dibujos increibles en unas instalaciones alucinantes. La curiosidad llevó a este plantígrado a averiguar que las instalaciones están en Leganés y se llaman Rockwear y los dibujos eran obra de un tal Manuel Donada




Ahora, Manu Donada ha montado una galería de arte en su casa, un piso tan increíble como aquellas instalaciones de Leganés, pero con vistas hacia la Gran Vía y hacia el horizonte lejano de Madrid (donde se posan luces tililantes al anochecer). A Soledad Lorenzo le chirrían los dientes de envidia. Abtenerse alérgicos al hipsterismo recalcitrante.


La exposición de Gyenes

Tenéis hasta el 18 de noviembre para flipar. Está en la Biblioteca Nacional.
El fotógrafo Juan Gyenes también tenía su centro de operaciones en Gran Vía: en un escaparate donde mostraba las fotografías que le hacía a las señoritas finas de la alta sociedad capitalina, a las celebridades de su tiempo y sobre todo (esta fue su especialidad) a la gente del teatro, que en aquellos tiempos solo representaba cosas como el Juan Tenorio. El estudio en realidad lo tenía en el 12 de la calle Isabel La Católica.
János Gyenes era un húngaro que empezó a trabajar como corresponsal para el New York Times en El Cairo y que un buen día decidió venirse a vivir a Madrid. Se cambió el nombre para dar palo al gusto nacional y nacionalista de la época.
Es autor de la fotografía más veces reproducida en España: el retrato de Franco que aparecía en los sellos.

Pero también de algunos retratos grandiosos y pocas veces publicados, como este de Charlton Heston



O este de Victoria Abril



Hay otros muchos que os sorprenderán. El Milodón os recomienda vivamente la selección de portadas de la revista Semana (Gyenes fotografió más de 500). Ahí podréis ver una de las pocas imágenes públicas que existen de ese bellezón llamado Carmen Díez de Rivera, la hija socialista que Ramón Serrano Súñer (el cuñadísimo) nunca reconoció y que fue apodada en tiempos de Tierno Galván como "La Musa de la Transición".

Aquí, en la portada que podréis ver en la exposición:


Aquí, en el hemiciclo:



Pero sobre todo, el Milodón os invita a que vayáis en busca y captura de otra foto: una imagen del estanque del Retiro atrezzado como los muelles de la Plaza de San Marcos de Venecia para una obra de teatro representada allí a finales de los cincuenta.



Si lo queréis ver bien, irsen a la BNE


La Casa de las Torrijas

Diría el cronista ranciote y cursilero que hay lugares en Madrid que son un viaje en el tiempo. Muchos lo son por motivos exclusivamente decorativos: locales con carismatiquísimos rótulos y antiquísimas tinajas de barro no faltan. Hay incluso un recorrido oficial de tabernas históricas.
Pero, amigos, en el caso de La Casa de las Torrijas no hablamos de una cuestión de tiempo, sino de tempo.


A este local centenario ubicado en el número 4 de la calle Paz le pasa lo mismo que al Casa Ciriaco (el cocido favorito de Valle-Inclán, efectivamente) o que a El Bocho (cocina vasca preparada por personas tan ancianas que no distinguen una sarten de un vaso): las cosas ocurren a cámara lenta.

En la Casa de las Torrijas todo está parado y se genera acción cuando te ponen sobre la mesa un vasito de vino dulce y una tostada empapada en leche, bañada en huevo, frita en aceite y cubierta de azúcar. Después, la atmósfera del lugar se queda de nuevo en suspenso, como cuando Velázquez representaba el aire de las villas italianas.



No se le puede llamar silencio a la ausencia de ruido, ni bullicio a los murmullos de la clientela. Es todo una cosa distinta. Y el Milodón está convencido de que es porque en estos sitios se han detenido el reloj de los minutos y el de las costumbres. ¿O acaso pensáis que en la España de Maria Cristina la gente gritaba tanto en los bares como lo hacemos ahora?



Jorge de Cascante

El Milodón fue hace no mucho a un taller de escritura periodística creativa (así en el original) en el que un profesor muy pagado de sí mismo, editor de una prestigiosa revista de letras de habla hispana, aseguró no leer blogs porque son "literatura de baños".
El Milodón apostaría una de sus pezuñas a que el mismo hombre que afirmó esto pujaría salvajemente en una subasta para llevarse a casa el apoyaculos de plástico del water de Carmen Balcells, y así poder leer con el trasero a buen recaudo Cien años de soledad.


Macondo

El caso es que en este país en el que honorables hombres fumadores rechazan el premio nacional de narrativa dando ruedas de prensa para explicarse, el plantígrado encuentra que lo más interesante del panorama literario nacional está precisamente colgado en Internet: en rincones poco iluminados donde no  fomentan su propio mito intelectual aspirantes a Premio Nobel que le hacen la pelota a Juan Cruz.

Uno de esos rincones donde firman almas libres es, por ejemplo, El Butano Popular.





Sinceramente, si varias generaciones de españoles nos hemos comido con patatas esa cosa terrible titulada 'Tiempo de Silencio' (que dios te tenga en su gloria, Luis Martín Santos) el Milodón no ve por qué hemos de negarle el crédito a señores que simplemente renuncian a poner sus pensamientos encima de un trozo de celulosa.

El Butano es una revista literaria bastante madrileñona que bien podría denominarse blog colectivo.
En El Butano firman nombres muy queridos por este plantígrado, como la inefable Grace Morales, el inconmensurable Santiago Lorenzo o el siempre certero Fran Nixon. Pero hoy el Milodón os quiere hablar de un descubrimiento reciente.

Jorge de Cascante.

(Extraído de su tumblr, Esto es Madrid)


Pasad por su casa.
Y luego ya si aún os quedan ganas, os compráis La Fiesta del Chivo.


La Cafetería/Pub Gaudí

En la calle Almagro.
Paredes de madera, barras acolchadas, bancos de patas torneadas con reposaderos de escai verde botella y cuadros con fotos de la Casa Botines de León y el Palacio Episcopal de Astorga por doquier. Si te pides una copa de vino (solo los hay buenos) te la ponen sobre un posavasos y después te ofrecen un suministro ilimitado de pinchos de pan con chorizo, sandwiches recién hechos, jamón bien cortado, cecina y canapés de sobrasada. Es caro, a qué negarlo.
Y creemos que no es necesario decir más.






El Canal 8

El Milodón no sabe de quién es propiedad esta cadena madrileña ni le importa. Por la tardes y hasta la medianoche ponen clasicazos del cine español y rarezas patrias (gracias a esta emisora de televisión el plantígrado descubrió una película de Berlanga llamada La Boutique que es un desmaiden).


No es recomendable a partir de la medianoche, cuando ocupa los márgenes de la televisión un porno amateur de lo más desgradable mientras en el centro de la pantalla siguen poniendo peliculones.


Al Vicente Copas

En la calle Segovia (la dirección oficial es Plaza de la Puerta Cerrada, 7), el Al Vicente es un agujero al que se baja por unas escaleras de baldosas de turrón. Lugar de reunión de amantes del flamenco NO puristas donde una televisión gigantesca emite a todas horas actuaciones memorables como la que podéis ver bajo estas líneas.
Este que aquí canta, es uno que vivió en una España en la que no solo el matrimonio entre personas del mismo sexo estaba prohibido sino que el amor libre era un delito.

Bambino nunca pudo salir del armario. Pero con qué intensidad amaba el tío.

viernes, 19 de octubre de 2012

Carta Abierta a un Madriñelo Ilustre - Hoy: Beltrán Gómez-Acebo



Querido Beltrán,

El Milodón está loco por ti desde hace muchos años, aunque hay quien le ha acusado con tonillo reprobatorio de una indisimulada fascinación morbosa por los que sois como tú.


-¿Como yo?, dirás.
-Sí, como tú, te contestaré.

Eres, Belchus, el perfecto pijo madrileño.

De todos los arquetipos madrileños más celebrados, el del pijo es sin lugar a dudas y paradójicamente, el que mejor ha soportado los envites de la globalización.

Mientras el pichi y la chulapa han quedado reducidos a disfraces de polyester en verbenas populares, los churreros llevan sus ansias expansionistas a China (San Ginés acaba de abrir una sucursal en Shanghai), los heavies son colonizados por Bershka (los Hermanos Alcázar pronto tendrán que pagar un impuesto por apostarse en las vallas de Gran Vía), la movida se ha convertido en un eructo de Mario Vaquerizo, Malasaña está pasando a ser una extensión de Chueca (¿pero por qué siempre dicen que el Nasti cierra, si al final es mentira?) y los serenos hace años que desaparecieron entre las nieblas de memoria, los pijos resisten heroicamente conservando intactas algunas de sus señas de identidad más características.

Si bien es cierto que niños perita los hay en todas partes y que de todas partes viajan a todos los lugares -de vacaciones a Kenya, a estudiar másters a Londres, a hacer internships en Nueva York, a jugar a la bohemia a Berlín-  el auténtico pijo de Madrid, no pierde sabor y consigue pasar por el mundo sin que el mundo pase por él.

Eso no quiere decir, ni muchísimo menos, que los pijos madrileños no sean capaces de adoptar elementos de otras culturas: el Milodón jamás olvidará que en su primer viaje a la capital de la Pérfida Albión un amigo gallego residente en el Reino Unido le explicó que la mejor forma de reconocer a un español era buscar una Barbour.
Los ingleses que usan esta prenda están muy lejos de Central London, porque son, normalmente, granjeros.



- ¿Estás diciendo, Milodón, que el que se pone una Barbour es pijo?
- Ni por asomo está intendo sugerir eso el plantígrado antediluviano. Porque en primer lugar no se propone acotar el término 'pijo', que es inabarcable, y en segundo no será él quien reduzca un concepto metafísico tan complejo a una forma de vestir.



Pero volvamos a ti, querido Beltrán.
Eres, como te decía, el epítome del pijo madrileño, porque aúnas todo aquello que cualquier pijo capitalino anhela. A saber:

  • Una partida de nacimiento en la que no aparezca el nombre de un Hospital Público > desde el primer día es muy importante no confundir las churras con las merinas.
  • Una relación de parentesco directo con la Casa Real Española > es una credencial que abre más puertas que la llave maestra del Hotel Eurobuilding.
  • Un título nobiliario > es una prueba irrefutable de abolengo, estén por el medio los Borbones o no.
  • Un apellido que contenga guiones > nada luce igual en un perfil de red social.
  • Una herencia genética paneuropea > suele traducirse en anchísimas espaldas y un cabello de calidad excepcional.
  • Una nariz aguileña > estrechamente ligada con el anterior epígrafe y elemento regio donde los haya.
  • Un curriculum que incluya el paso por San Pablo CEU, Comillas o en su defecto, la Carlos III > Lo que Covadonga O'Shea o Peces Barba han unido, que no lo separe el hombre.
  • Una profesión lo suficientemente opaca, a ser posible, relacionada con 'los mercados financieros' o la abogacía > ningún pijo quiere dedicarse a algo que se pueda explicar de forma clara: "Arreglo coches", "Pinto paredes", "Sirvo menús". A no ser que se trate de una profesión artística. Entonces sí: "Diseño bolsos", "Pinto óleos".
  • Un bodorrio en un templo católico de reconocida solvencia > no es lo mismo casarse en una parroquia de Villanueva de la Cañada que en Los Jerónimos.
  • Un sastre propio > el verdadero pijo no va la planta de caballero de El Corte Inglés.
  • Un porte gallardo que permita combinar los trajes con complementos locos > ningún pijo renunciaría a unas zapatillas Adidas en su fondo de armario.
  • Un reloj que hable por sí mismo > que no tiene por qué ser un Patek Philippe. La Reina Sofía suele lucir un Swatch. Aunque lo suyo es poder elegir entre ambos.
  • Dos coches. Uno para viajar y otro para aparcar (una Vespa también vale) > las calles de Madrid han de ser un campo de juego, no un campo de minas.
  • Una mujer excéntrica y de provincias, pero a ser posible hija de un industrial > locuras sí, pero dentro de una estructura.
  • Unos hábitos nocturnos suficientemente pendencieros como para generar simpatías > Carlos III (bis), el alcalde de Madrid, era un borrachín y a todos el mundo le cae bien.
  • Una casa en La Florida > o en cualquier zona residencial donde vivan personas que se casan por amor en una finca llena de encinas.
La mayoría de los pijos se tienen que resignar a cumplir dos, tres o cuatro de estos requisitos. 



¿Quién sabe que esconden de verdad los niños que suben Alberto Aguilera por las tardes, al salir de clase del ICADE, o esos chavales que se tumban a fumar porros detrás de la Estatua de Isabel la Católica, en los Los Altos del Hipódromo? Muchos solo viven en un adosado en Majadahonda, protegen sus codos con un casco y ahorran para comprarse un par de zapatillas El Ganso en verano y un jersey de pura lana virgen en invierno. 
Pero tú, querido Beltrán, eres el Gran Muestrario Pantone del Caballero Español.

Demos algunos datos a los que no te conozcan, para que te ubiquen.




Eres sobrino del rey don Juan Carlos e hijo de la Infanta Doña Pilar, aunque solo lo sabe la gente que realmente importa y eso te proporciona el anonimato necesario ante el gran público y la notoriedad precisa en los círculos adecuados > Puedes andar por el mundo con la holgura y la relajación de costumbres que el Príncipe Felipe nunca ha podido permitirse, pero con un tren de vida similar al suyo. 

Tu padre era Don Luis Gómez Acebo, Duque de Badajoz, un hombre que se dedicaba a 'asesorar a sociedades financieras' (?), mantener vínculos con empresas petrolíferas (?) y 'seleccionar a altos ejecutivos para sociedades de ámbito mundial' (!) > Puedes valerte de su agenda y las confianzas que él se ganó. 

Eres el exmarido de Laura Ponte, esa  modelo diseñadora de complementos > Puedes presumir de haberte casado con la Ally McGraw española en la colegiata de el Real Sitio de San Ildefonso (y haberte librado de ella antes de que llegase a los cuarenta).

Eres bisnieto del Rey Alfonso XII y de María de las Mercedes > Puedes cantar la copla de Paquita Rico con más conocimiento de causa que nadie. 



No solo no naciste en un hospital público, sino que tus hijos jamás han pisado uno -y nunca lo harán-.
No solo tienes your own taylor, sino que además te quedan fenomenal los Levis 501 y los polos Lacoste combinados con una Barbour.
No solo vives en una zona residencial donde la hiedra trepa tranquila sobre las paredes de casas de más de mil metros cuadrados, sino que además tienes las espaldas anchísimas de hacer largos en una piscina que no compartes con nadie.
No solo tu vida nocturna, propia de un crápula, te costó el matrimonio, sino que te mueves en un Mini para poder disfrutarla sin problemas de aparcamiento.
No solo tienes un curriculum impecable que has aplicado a una profesión opaca, sino que nadie sabe a qué te dedicas (y lo que es más importante, nadie te lo pregunta).
No solo tienes una nariz aguileña, un espesísimo pelo rubio y unos atractivos ojos claros, sino que además
ERES TAN GUAPO QUE DUELE.




Así que sí. Al Milodón le fascinas, Beltrán Gómez-Acebo.

Y se pregunta qué tiene eso de reprobable. 
Qué hay de malo en flipar con la existencia de seres que, como el Drácula de Bram Stoker, son capaces de atravesar la noche de los tiempos sin que sus privilegios se vean alterados en lo más mínimo.
Que hay de extraño en alucinar con la idea de una vida en tonos camel, sin angustias laborales, sin pagos de alquileres, sin listas de espera, sin peleas por el pan, sin -casi- penas de amor. 

Tú, Beltrán, tan bello, no tienes que decidir si irás a la huelga el mes que viene, ni pasarás miedo por ello. 

¿No es para volverse loco?

martes, 2 de octubre de 2012

El Imperio de los Mamones (Alberto Casillas en el Caixa Forum)


Acero azul

Frente al caos alambicado de las más bien oscuras callejuelas de la Latina, esas que le debemos a  los Austrias (los reyes torturadores que prohibieron a los estudiantes españoles salir de España, a los protestantes leer libros y a los judíos vivir), el Paseo del Prado, tan recto, tan ancho, es como un haz de luz. Y aunque parezca increíble, es una creación borbónica.

Sí, amigos, la misma estirpe que ha sido capaz de inaugurar la Ciudad de las Artes y la Ciencia de Valencia, es también responsable del primer (y último) trazado urbanístico decente de la capital.

El Paseo del Prado es la avenida madrileña predilecta del Milodón por cuatro motivos.

El primero son esos árboles majestuosos que crecen en sus aceras y que dan la sombra más amable y fresca de toda la ciudad en verano y la hojarasca más crujiente en otoño.

Tita Cervera está de acuerdo

El segundo es la Fuente de Neptuno, que, como ya os ha dicho el Milodón alguna vez, es incomprensiblemente menos popular que la Cibeles pero indiscutiblemente más bella (las ruedas del carruaje del dios de los mares tienen un poder hipnótico, no digáis que no).

El tercero es el Ritz, que no el Palace, ese hotel de lujo vencido por el tiempo que no ha perdido la buena costumbre de servir cocido todos los jueves.

Y el cuarto son los museos. Todos. El naval, el del Ejército (que ahora está en Toledo), El Prado, el Thyssen, el Jardín Botánico, el Reina Sofía (que es ya más de Atocha, pero que podríamos considerar en el área de influencia).

Compartiendo gloria con estos templos laicos, donde se rinde culto a la creatividad y a la destrucción humana, está la Cafetería Prado.

Juan de la Cosa
Americo Vespucio
El Cid Campeador
Méndez Núñez
Goya
Velázquez
Murillo
El Bosco
Van Eyck
Sorolla
Ribera
Picasso
Juan Gris
Gargallo
Bacon
Chagall
Dalí
Giacometti
Schiele
Mondrian

Y Alberto Casillas





Hace solo unos días, Alberto Casillas, le plantaba cara a la barbarie simiesca, personificada en un grupo de antidisturbios. Un cuadro que ya hubiese querido plasmar un genial pintor aragonés en sus lienzos más negros.
Alberto Casillas dijo "En mi bar no se entra con porras" y su voluntad se cumplió.

El hecho de que un empresario (aunque sea pyme) con carnet del PP y católico practicante sea capaz de mostrar desacuerdo con el cariz que están tomando las cosas y, sobre todo, hacerlo notar públicamente es algo absolutamente extraordinario en un país en el que nos hemos acostumbrado a pensar que dueños de las empresas privadas, solo por serlo, están perfectamente alineados con la derecha y en sintonía con los preceptos neoliberales más salvajes. Y además, lo están en silencio.

No solo se da por sentado que un empresario va a querer enriquecerse a toda costa y jamás va a tener en cuenta el interés general, sino que además se entiende esto como una cosa legítima, que se puede hacer a la chita callando.
Las termitas devoran la madera.
Las abejas construyen sus panales.
Y los empresarios amasan pasta.


Solo unos metros más arriba de la Cafetería Prado está el Caixa Forum, otro templo laico ubicado en el borbónico y muy ilustrado paseo. El Caixa Forum, amigos que no hayáis tenido la ocasión de acercaros hasta allí, es un centro cultural diseñado por los arquitectos Herzog y De Meuron en el que os da la bienvenida un jardín vertical (o sea, unos setos pegados a una pared) y unas impresionantes escaleras interiores de acero que a veces llevan a exposiciones muy interesantes.

Por ejemplo ahora alberga una sobre el poeta y pintor inglés William Blake que de verdad merece la pena.
Así explican los comisarios de la muestra quién era este hombre:

"William Blake (1757-1827) es una de las figuras más importantes en la historia de la cultura británica. A lo largo de toda su carrera mantuvo que el arte era imaginativo y profético y que no debía ser constreñido por ningún dogma académico, social o religioso. Es considerado un artista integral, ya que fue poeta, pintor, impresor e ilustrador, además de mostrar un marcado compromiso con los problemas sociales de su época. 

Blake creó su propio sistema cosmológico con el objetivo de transportar al espectador a un mundo de ensueño, a un reino mítico donde las fuerzas del bien y del mal conviven en un conflicto eterno. Su arte tiene un claro carácter imaginativo y profético, descrito a menudo como ”visionario”. Inspirado por la cultura gótica y el arte de Miguel Ángel, se distingue por la claridad y la fuerza de sus líneas, que, junto a los colores distintivos de su obra, usaba para expresar energías internas y fuerzas de la identidad humana"


De entre todas las ideas recurrentes en el pensamiento de Blake, cautivaron especialmente al Milodón:
Su condena a la castidad y del matrimonio sin amor
Su defensa del derecho de la mujer a su completa autorrealización.
Y sobre todo
Su idea del bien y del mal como dos energías equivalentes: Blake, que tenía grandes esperanzas depositadas en las revoluciones de su tiempo (la francesa y la america - parece ser que siempre iba por ahí con una gorra roja, en solidaridad con los antisistema gabachos) estaba convencido que más valía hacer el mal por acción que el bien por inacción.

Obra de William Blake titulada 'Satán su gloria original': "Perfecto eras hasta que se halló en ti maldad" (1908)


Es como para quedarse pensando, ¿no?

De entre todos los cuadros expuestos a lo largo de la muestra, cautivó especialmente al Milodón uno que justamente no era de Blake, sino de un autor influído por su obra.

Es de 1884

Ahí lo tenéis.
"Mammon".

Obra de George Frederick Watts representa al dios de la avaricia, que fue ascendido desde el infierno por un lobo, para inflamar al corazón humano con su ansia codiciosa de riqueza.

Si la cara de este ser plasmada en este jpg de apenas 400x300 píxeles es sobrecogedora, deberíais verla a sobre un bastidor de un metro y medio de ancho por dos de alto.

Es la expresión demoledora de la necedad más absoluta: una cabeza jamón de york programada para
amasar sin otro objeto que la acumulación; la mirada de un hombre desprovisto de emociones nobles o de sensibilidad alguna.

El Milodón, tras la descripción del Mamón, aprovecha para recordaros que si podemos estos días contemplar maravillas como esta es gracias a un BANCO. Gracias a la Caixa.
Porque queridos todos: hubo un tiempo en que se consideró que las entidades de ahorro estaban obligadas a evitar la exclusión financiera y a fomentar el desarrollo económico y el progreso de la comunidad.

Si bien esto solo atañe a las cajas de ahorro, existen ejemplos como el de Juan March, un banquero que, además de ayudar a Franco a volar desde Marruecos a la Península para que empezase la guerra civil, donó  a una fundación que lleva su nombre más de doce millones de dólares para promover la ciencia y la cultura.

Y ahora el plantígrado os invita a que penséis qué han hecho gerifaltes como Amancio Ortega, Emilio Botín, José María Aristarían, Manuel Jove, Enrique Bañuelos, Alberto Alcocer o Alberto Cortina (todos ellos año tras año en la lista de milmillonarios de Forbes) para generar riqueza no solo en sus cuentas, sino también en el tejido social.

Dónde están las instalaciones polideportivas, las colecciones de pintura, las escuelas, los teatros, los auditorios, los programas de becas, las cátedras universitarias, los departamentos de investigación, financiados de forma sustancial con sus fortunas.

Estos días, mucha gente de bien se arremolina en torno al Congreso de los Diputados para exigir responsabilidades a los representantes escogidos democráticamente, para gritar con desesperación contra el descalabro de nuestro sistema público.
Se encuentran con el tope de las porras, que Alberto Casillas no quería en su bar y que también son pagadas con dinero de todos.
Pero, ¿qué pasa con la reponsabilidad privada? ¿con el poder de los que no escogimos? ¿con el dinero de ELLOS?








Los mammones permanecen en silencio.
Mejor callar que decir algo que pueda molestar. Prefieren hacer el bien por inacción, que el mal por acción.
Siguiendo el ejemplo de nuestros políticos, se reúnen en secreto, se tapan unos a otros, se parapetan en sus fortalezas.

Parecen haberse olvidado de que la endogamia fue lo que acabó con los Austrias.