domingo, 6 de noviembre de 2011

Loquillo y Chencho Arias: de mudanza con el Milodón


El Milodón se levanta el sábado un poco después de las doce con la habitación patas arriba. Menos mal que el teléfono ha sonado. Unos amigos (y vecinos) le invitan a comer.

La tarde anterior había estado sacando jerseys gruesos y poniendo a buen recaudo sus prendas de verano. Hay un vaporoso vestiditido rosa hecho con un tejido acrílico que imita a la seda que lleva casi dos meses diciéndole al plantígrado desde una de las perchas de su armario: ''¡No te hagas la sueca que aquí ya estoy más fuera de lugar que Loquillo en un anuncio del Banco Sabadell!'.

Versión larga




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Transcripción literal del anuncio:

-Inocencio Arias: Hablando de tu generación y de la mía por supuesto, no nos ha ido mal.
Lo que tenemos que plantearnos es cómo le va a ir a la siguiente.

-Loquillo: Yo es que jamás pensé que íbamos a tener futuro. La explosión del punk, que era una manera de decir no hay futuro, vive la vida lo más rápidamente posible y disfruta mientras puedas. Entonces llega un momento en que cumples cincuenta años y te han jodido. Y es el momento en que uno empieza a pensar: '¿Cómo salimos de esta?'


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Guardar la ropa estival para sacar la de invierno es un engorro angustioso, sobre todo si eres chica: la mayoría de nosotras hemos sido amamantadas en los pechos de Amancio Ortega y su cultura fast fashion, así que, sin darnos cuenta, compramos muchísimas prendas baratas que en realidad no necesitamos y luego no sabemos ni cómo almacenar.

Guardar la ropa de verano para sacar la de invierno es triste, por eso casi todo el mundo tarda en hacerlo más de lo que sería necesario.

Hablamos de un ritual que, al igual que la concesión de Loquillo a la industria financiera
, tiene un sabor patibulario, como de ocaso irreversible: el sol empieza a ponerse a las cinco de la tarde, en el edificio ya ha empezado a funcionar la calefacción y ahí está uno, resignándose a la idea del frío y la lana gorda.
El invierno es a la vida humana lo que las recesiones al capitalismo: un mal estructural frente al que más vale ponerse a cubierto. El cambio de armario es una señal de que no hay escapatoria al destino.

En noviembre, los días ingresan en un geriátrico para sentarse alrededor de una mesa camilla. El año en curso se hace viejo.

Como también se hace viejo José María Sanz Beltrán (Quieroserunarcockandrollstar). Él, para sentarse frente al brasero, escoge a Inocencio Arias. Nosotros a un tal Facebook.
¿Quién está más
Loco?

Cambiar la ropa de verano por la de invierno es un coñazo, un engorro y una pena. Sobre todo si sabes que en un plazo de un mes te estarás cambiando de casa.

Después de casi tres años viviendo en armoniosa compañía El Milodón se muda solo.
Lonely Milodón.


Adiós, Chamberí. Hola, Argüelles.

Hasta siempre, Ríos Rosas.

Buenas, Galileo.



Hay algunas cosas que este bicho echará mucho de menos pero a las que está totalmente dispuesto a renunciar en aras de su independencia:


La línea 1.
El Milodón camina apenas cien metros y ahí está: azul celeste, la más versátil de la ciudad. Subiéndose a borde de sus vagones es posible llegar al jardín tropical de Atocha, al Abrazo de la Transición de Antón Martín, a los bares de tapas de Tirso de Molina (eso incluye la Casa de Granada y el bar El Frontón), a las manifestaciones de Sol, a las tiendas de Gran Vía, al pillaje y putiferio de Malasaña, a la glorieta de Bilbao y su Café Comercial, al Andén Cero (antes conocido como 'estación fantasma'), a las exposiciones del Canal de Isabel II, a los cines Renoir, al japonés de Tetuán, a la cervecería Gago en Valdeacederas, a los escenarios de Los Millones en La Ventilla, a las Torres Kío y a la estación de Chamartín.


Las pistas de atletismo del parque de Santander.

La mayor densidad de población jamona de toda la ciudad. Una vuelta a este ruedo deportivo supone, además de un ejercicio muy saludable, un edificante espectáculo de carnes corredoras.

Los bares de Ponzano.

Sabéis que el Milodón adora las alitas de pollo del Alipio Ramos, los boquerones en vinagre del Fide y las patatas bravas de la Ardosa Auténtica (no confundir con la de la calle Colón; Michael McKewitt sólo vendría a esta), pero desde que se cargaron la carismática Taberna Vidales, con su ambiente pugilístico de pega y su rótulo de cristal , nada ha vuelto a ser lo mismo.

Octavio, el portero rumano

Con un acento a medio camino entre el de Balki Bartokomous y Apu Nahasapeemapetilon y una identidad sexual localizada en la intersección de los conjuntos Leonardo Dantés y Tico (el personaje de la versión animada de Willy Fogg), el entusiasmo con el que da los buenos días este señor a las ocho y media de la mañana no tiene precio.

El Charlotte

¿Un bar de copas de treintañeros que se afeitan, conocen más prendas para cubrir la parte superior de sus cuerpos que las camisetas de algodón y que dejan salir antes de entrar? Como lo estáis leyendo. Y justo debajo de casa. En verano este establecimiento se amplia con una terraza que el Milodón suele observar de reojo mientras frente al portal busca las llaves en el bolso y piensa 'otro mundo es posible'.

Trinidad Jiménez y Carlos Boyero

Los más ilustres vecinos del Milodón. Al escribir sus dos nombres contiguos han pasado por la mente de este plantígrado escenas de dos rombos.

La pastelería de Iglesia
Además de por tener a la venta unos impagables muñequitos de chulapa y pichi retro que recuerdan a los personajes de la Familia Telerín, esta confitería es especial por sus deliciosas tejas. El Milodón solía comprarse las de naranja y chocolate. Al lado de la confitería hay una barbería antigua cuyo rótulo descolorido -azul, rojo y blanco-, tocadores de formica y asientos verdes de piel gastada están diciendo a gritos: "Montad aquí una boutique china".

Rober y Elena
Algunas parejas felices apadrinan a amigos solteros como obra social. Si la pareja feliz que os ha tocado en suerte cocina fabulosamente bien (y os invita a comer), tiene un excelente gusto cinematográfico, os trata con cariño (que en absoluto consideráis merecer) y vive a una manzana de vuestra casa, ¿cometeríais el error de mudaros? Sólo si son ellos mismos los que os han conseguido vuestro nuevo nidito.


Para cuando el Milodón se ponga a empaquetar todas su cosas, incluida la ropa de verano que ya está en sus correspondientes cajas, España probablemente habrá cambiado de signo político. En lo que quede de campaña electoral se hablará de la crisis económica mundial, del mercado inmobiliario, del puto ladrillo y del archifamoso derecho constitucional a la vivienda. Se repetirán consignas. Se harán promesas. Se ofrecerán argumentos.

El Zara de Taiwan, inaugurado este fin de semana (es en serio)

Aunque nadie será capaz de explicar por qué la gente de la generación del Milodón puede acumular quilos y quilos de ropa hecha con tejidos acrílicos pero no se puede permitir una casa con un armario donde quepa toda.

Que nos lo expliquen Loquillo y su banco.



Dile a Pepe Risi que ya puede sonreir.

7 comentarios:

  1. Madre mía, Milodón, me has sacado alguna lagrimilla... ¿también tú dejas Chamberí? No puedo creerlo, era una pareja de esas súper estables, Milodón and Chamberí... y ¡qué gran descipción de la esencia del parque de Santander ;-)!

    En fin, hay que buscar nuevos horizontes... supongo. Y bueno, Argüelles tampoco está nada mal, eh? ;-)

    Anónima Matritense

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  2. Sí, que mucha suerte con la mudanza y tal... y que a mí también me da pena sacar la ropa de invierno y guardar la de verano, sí, sí... y también tengo una pareja de amigos que me adoptan, cuyos mayores placeres son los bares, la comida, la música y el buen cine... sí, todo lo que tú digas.

    Pero yo lo que quiero es que nos expliques bien lo del portero rumano, y si es posible, con fotos. Que no vale lo de dejarlas caer y después pasar de largo, o al menos conmigo no ha colado.

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  3. Ay Milodón, como he disfrutado de este post! En primer lugar, gracias por revelarnos tu sexo, por mucho tiempo pensé que eras varón. Grata sorpresa. No creo que sustancial, pero si contextual... ya te imagino tecleando con tu vestido de pseudoseda rosa.
    No me he sentido más identificada con ningún otro de tus comentarios. Lo que me preocupa de Argüelles, además de estar lejos de la línea azul, es el tiempo de adaptación a la orientación de la cama.
    En cuanto al cambio de armario, jamás lo había hecho hasta que llegué a la gran ciudad. Buen tormento la falta de espacio!
    En lo referente a la ropa de abrigo, he tomado una determinación dirigida a atajar hábitos de consumo y sanear cuenta corriente: Sólo me la compraré en el Rastro: la mejor garantía de que a un jersey no le salgan bollos es que no los tengan cuando los compras de segunda mano: Probado!

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  4. Mira Milodón: no eches de menos la línea 1. El cyan no! Esa línea que siempre me acompañó es la más lenta y sucia que se recuerda. Viva la roja! Incluso prefiero la amarilla (Argüelles).
    No te desanimes con el invierno. Se acercan grandes momentos: Un gallego en la Moncloa! (y no es una canción de zapato veloz.)
    Venga, vamos!
    mate anomymous.

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  5. Jo!! Octavio...que gran hombre...
    A mi también me gusta mucho tu casita y el barrio pero piensa que vas a otro donde hacen las mejores hamburguesas del universo!

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  6. Mecagona, dejas Chamberí! Eso sí, entras en mi época favorita del año que no es poco.

    Esa cara con la que mira Chencho al Loco...esa cara...

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  7. Miss Amanda: Me encantaría poner fotos de Octavio, pero ya me siento mal dando su nombre real, imagínate dar su foto...
    Anónima: Partir es morir un poco, pero como bien dice mi hermana, siempre me quedará el HD, en Guzmán el Bueno
    Lolinchis: no soy mujer. soy un travelo como los de Fortuny. Sabes que amo la ropa que te compras en el rastro y esos zapatos que traer de Nigrán.
    Abrazos amor-osos!

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