domingo, 11 de septiembre de 2011

Torres más Altas (Una historia de amor y divisas)

¡NiHao Madrid!


El 11 de septiembre de 2001 el Milodón aún no se había acostumbrado a comer solo.

Desde aquel día de octubre de 1996, cuando en los descansillos de la Facultad de Xornalismo de la Universidad de Santiago de Compostela le presentaron a aquel rubio metro noventa de grandes ojos azules, nariz prominente y lengua zarabeta, no había vuelto a sentarse a la mesa sin la agradable compañía de una conversación inteligente con las 'eses' cambiadas por 'zetas'.

Ambos -el Milodón y el Zarabeto- consiguieron llegar, muy poco tiempo después de conocerse, al acuerdo tácito (que también muy poco tiempo después se haría explícito) de que habían nacido para estar juntos. Separarse (siquiera para ir a, ya sabéis, cagar) no era algo que entrase en sus planes.
Y durante cinco años consiguieron mantenerse en sus trece: todo lo hacían juntos. Amores, exámenes, trabajos, excursiones, amaneceres, atardeceres, fiestas, festivales, visitas al médico, a los abuelos, a los despachos, a los aseos. Por las calles, por las avenidas, por los bulevares.



Juntoz.
Eran la canción de Paloma San Basilio hecha prueba empírica.

Para conseguir aquella perfección de laboratorio tuvieron que esperarse el uno al otro en circunstancias casi imposibles y darle la espalda a todo lo que no fuesen ellos mismos, pero les parecía que trabajaban en aras de algo grande. Eran la Armada Invencible. Pertenecían a la iglesia de la cienciología romántica y se les llenaba la boca de palabras grandilocuentes.
Amor. Compromiso. Futuro.

¿Qué pasa? Habían visto La Princesa Prometida demasiadas veces.

Durante los años de estudiantes fue fácil jugar el juego del dúo y esquivar a la trinidad Mundo, Demonio, Carne.
Eran veinteañeros sin tablas, pero conocían todos los trucos del videojuego universitario y sabían cómo pasar fases rápido, sortear obstáculos indeseados, conseguir puntos extra y reponer vidas, incluso después de las peores discusiones. Estaban convencidos de que podrían mantener aquel status quo eternamente.

Cuando en 2000 terminaron la carrera, la trilogía seguía acechando ahí fuera.
Como un dragón dormido.

El 11 de septiembre de 2011 el Milodón y el Zarabeto, que se habían mudado a la misma casa, ya no podían comer juntos porque habían empezado a trabajar en oficinas distintas con horarios diferentes. El mundo estaba empezando a cambiar, aunque ellos preferían hacer oídos sordos.



Sí. Culebrón.

El caso es que el plantígrado antediluviano, que no estaba acostumbrado a comer solo, cuando volvía a casa no ponía la mesa como dios manda: le parecía que no merecía la pena.

Así que aquel mediodía, abrió la puerta de la calle con desgana, entró en la silenciosa cocina, se sirvió en un plato de arroz con pollo al curry y de la mesa grande donde solían extender suculentos desayunos para dos los fines de semana cogió una silla solitaria y la plantó delante de la tele para ver las noticias.
La imagen que surgió en las pantallas no era fácil de digerir.

La primera torre (la norte) ya ardía, pero el segundo avión ni siquiera había impactado contra la torre sur.
El Milodón corrió hacia el teléfono. Os imagináis a quién llamó, ¿no?.

A ambos lados del auricular la sensación era la misma. La misma que tuvimos todos. Esa sensación de estar presenciando una ficción, un montaje.
Los ojos perplejos no podían asimilar semejante espectáculo visual como realidad. Si acaso como trailer de película o como una jugada delirante concebida para alguna pantalla de transición del Gran Theft Auto.
Pero, ¿primera plana de actualidad?



El Milodón no tiene la más mínima intención de analizar las consecuencias geopolíticas que para el mundo supuso la cafrada que Mohamed Atta and Friends decidieron perpetrar contra las Torres Gemelas tal día como hoy hace diez años.
Eso lo hacen con mucho sentimiento poético en todos los medios del grupo PRISA y afines: les encanta la épica de la caída, la retórica del Ave Fénix con canciones de Bruce Springsteen de fondo.

La demonización del mundo árabe. Las guerras en Afganistán e Irak. Los atentados subsecuentes. Las violaciones de derechos humanos y las mermas en los derechos civiles.El eje del Mal. Desierto. Sol de justicia. Arena. Tanques. Hiyab. Yihad. Galones. Rangers. Torturas. Compras en corto. Wall Street. Qué preciosas materias primas son estas para los egos periodísticos sobredimensionados: nunca tantos amasijos de hierros habían estado a disposición de tantos plumillas. Si Hemingway levantase la cabeza...





Ha pasado una década, se supone que Bin Laden ha muerto y mientras en Manhattan el corazón del capitalismo mundial (Ground Zero) sigue vacío, China ha construido a orillas del Yang Tsé, en la ciudad portuaria de Shanghai, su propio World Trade Center, con algunos rascacielos tan altos y exultantes, que es imposible no ponerse estupendo y evitar frases del tipo "se elevan contra el horizonte como enormes y tiesos dedos corazones alzados hacia occidente".

El Milodón lo ha visto en primera persona hace unos días y os asegura que el Pudong de Shanghai (es decir, el distrito financiero de la ciudad más poblada de China) es un corte de mangas al viejo orden económico mundial. Otra cosa es que prefiramos hacer oídos sordos.





De acuerdo, en estos años y sin irnos tan lejos, Florentino ha puesto en pie en Madrid cuatro torres como cuatro soles que intentan -sin mucho éxito- cambiar una dura realidad: la capital de España es una ciudad sin skyline. La diferencia es que mientras nosotros intentamos quitarnos de encima los cascotes sembrados por doquier tras la explosión de la burbuja inmobiliaria entregándole a Angela Merkel nuestro sistema social, más de 1.300 millones de personas con los ojos rasgados (que jamás supieron qué es eso del estado de bienestar) se afanan en consumir.
Compran con una moneda que apenas cotiza fuera de sus fronteras pero que adquiere divisas extranjeras con una eficiencia que da gusto. ¿Será verdad eso de que China ha comprado 6.000 millones de deuda pública española? ¿La Armada Invendible se aprovisiona en los astilleros del Yang Tsé? Las fuentes oficiales lo niegan. Y hoy no dicen nada de eso en los periódicos: la casuística del 'Qué estabas haciendo tú aquel 11s' tiene mucho más morbo.



No muchos meses después del atentado que supuestamente cambió todo, el Zarabeto (que en plan Demóstenes cabezón y perseverante, había conseguido dejar de serlo hacía ya tiempo) le dijo al Milodón un inamovible: 'Ya no te quiero. Cada uno por su lado'.
Game Over.
La sensación de perplejidad era exactamente la misma que había sentido el 11 de septiembre, sentada frente a la tele con un plato de arroz sobre el regazo.

'Estas dos torres no van a caer', se decía el plantígrado antediluviano.
Pero vaya que si se derrumbaron.

Diez años más tarde, el Milodón se ha dado cuenta de que aquel día, y no el puñetero 11S, sí que cambió su mundo. ¡Ah! y de que si te preparas para ir a China, en los bancos españoles no se puede comprar yuanes.






"Cállate y pásame la sal, cariño"

7 comentarios:

  1. JODER. Lo tuyo no tiene límites. Toda mi admiración.

    M

    ResponderEliminar
  2. venía a decir que me ha gustado. muy roselliniano por aquello del neorrealismo. bechos raquis.

    ResponderEliminar
  3. fabuloso. es verdad que todo el mundo tiene sus torres gemelas

    ResponderEliminar
  4. Madre mía...los pelos como escarpias, y no es coña ;-).
    Un abrazo, entrada que publicas, entrada que te superas ;-).

    Anónima Matritense

    ResponderEliminar
  5. Quiere usted decir que el 11-S fue una conspiración gallega? Algo me olía, sí.

    ResponderEliminar
  6. Te lo dedico, Galgo:
    http://www.facebook.com/pages/Lanjar%C3%B3n-boa-po-coraz%C3%B3n-Mondariz-boa-po-nariz-Bezoya-non-%C3%A9-mala-tampouco/231431763569961?sk=wall

    A todos los que pasáis por aquí: os deseo menos 11S y más 14F! <3

    ResponderEliminar