lunes, 29 de agosto de 2011

September Gurls (7 razones para recibir el nuevo mes con alegría)





Este vídeo que veis aquí arriba prueba tres cosas:

a) Que Los Enemigos (¡vuelven!), bien por sus malos hábitos alimenticios/bebiticios, bien por la mala iluminación en los platós de Televisión Española a principios de los noventa, tuvieron una etapa azul (como la de Picasso, pero subida de transaminasas)

b) Que Josele Santiago (hablamos sólo de parecidos físicos) es un David Summers demacrado.

c) Que el guitarrista, Manolo Benítez, fue, es y será clavao a Ron Perlman (Hellboy para los amigos)


Septiembre.
September.
Setembro.

Vaya por delante que el plantígrado antediluviano este año tiene muy claro que el verano termina el 21 de septiembre. Así que el tradicional canto lastimero milodoniano de despedida al estilo Verano Azul/Dúo Dinámico que este bicho suele entonar por estas fechas (cualquier ocasión es buena para quejarse) tendrá que esperar.

No es que superar los rigores del estío haya sido fácil, ¿eh?

El Señor

-Qué Señor?
-Pues qué Señor va a ser? ¡Gallardón!

El Señor, decíamos, nos ha puesto pruebas durísimas para apurar a fondo nuestra paciencia y comprobar si nuestra majeritofilia era verdadera, y no una pose o un enamoramiento pasajero. Agosto ha sido lo de siempre: currantes complacidos de poder aparcar el coche con más facilidad que nunca, inmigrantes atrapados en Tetuán, gente muy rara dando vueltas ininterrumpidamente a bordo de los vagones de la línea circular (el aire acondicionado del metro puede ser salvífico), rejas de comercios y bares haciendo una exhibición casi obscena de graffities exteriores y treintañeros a la deriva, barridos por una marea de peregrinos católicos.
Y ya sabéis -porque él os lo ha dicho- que el Milodón se encontraba en este último grupo.

El hombre es un animal de costumbres. Y el Milodón es un animal de hombres.
Le gusta estar acompañado, ver gente por la calle, sentir el ritmo trepidante del pulso urbano, la vida en la carretera y, ya sabéis, todas esas frases grasientas y metarockeras que son propias de una letra de Miguel Ríos, pero que no por horteras son menos verdaderas.

Que regrese la gente -el material mirable y fungible- es una de las razones por las que el Milodón espera al mes de septiembre con ansia.
Porque la gente trae diversión y amor. Y de eso nunca sobra.

Más razones (o las mismas razones, pero presentadas de otra manera; porque la energía no sea crea ni se destruye, sólo se transforma) por las que el Milodón espera septiembre relamiéndose con apetito voraz son:

Razón 1 - Se celebra el Rizoma Festival


Del 6 al 11 de septiembre conciertos, proyecciones, conferencias interesantísimas...
Podréis ver a John Waters en persona y preguntarle cómo coño se atusa ese bigote asquerosísimo.
Y SOBRE TODO, podréis ver a Gala y Yago, más conocidos como Salto de Cama, en directo junto a Hidrogenesse.
Ahora mismo pensáis que Salto de Cama os la soplan, pero cuando les hayáis conocido/visto no podréis para de cantar sus entrañables cancioncillas.



Podéis consultar el programa completo del Rizoma Fest haciendo clic sobre todo esto que véis en rojo. Este festival surgió de unos "encuentros surrealistas" que tenían lugar en un pueblo llamado Molinicos y ahora llegan a Madrid para alegrarnos un poco la vida.




Razón 2 - Vuelve Fauna Mongola de Madrid

Un pajarito blanco se lo chivó al Milodón y el Milodón se lo preguntó al autor del blog: "Es verdad que en septiembre vuelve Fauna Mongola de Madrid, Cristo?" "Es verdad, Milodón".
Así que ya lo sabéis chavalada: a actualizar vuestros cromos de paisanaje capitalino leyendo una de las mejores bitácoras ilustradas que jamás se haya publicado en la blogosfera española.

Razón 3 - Son las fiestas de La Melonera

Gallinejas, zarajos, cerveza casi gratis subvencionada por Izquierda Unida... ¿Qué más se puede pedir? ¿Una actuación de Los Refrescos quizá? Pues pedid por esa boquita que hace dos años El Milodón vio a Bernardo Vázquez moviendo su culete sobre un escenario y diciendo eso de "¡Escucha Leguina!" como si no hubiese mañana (ni Esperanza Aguirre).

Razón 4 - Lolita ha resucitado Pajaritos Fritos (y promete)


Hace tiempo que una amiga del Milodón propuso crear un blog gastronómico colectivo. El plantígrado, que es más vago que la chaqueta de un guardia, se hizo el remolón y dejó morir el proyecto. Pero Lola le ha hecho el boca a boca. Y al blog le sienta muy bien!


Razón 5 - Libros del K.O edita su primera referencia

¿Una editorial madrileña de nuevo cuño que hace escribir a Enric González sobre el Espanyol, a Manuel Jabois sobre el Real Madrid y a Julio Ruiz (Disco Grande) sobre el Atleti?
Eso sólo puede ser una buena noticia.
Si, como le pasó al Milodón, sólo con la anterior proposición os entran ganas de haceros fans, podéis dar ese paso aquí. Si queréis máis información, podéis encontrarla aquí.


Razón 6 - Reabre El Jurucha (y con él, las sobremesas de viernes felices)



Viernes. 15.00.
La semana laboral acaba de terminar y el plantígrado se lanza con sus dos compañeras de trabajo favoritas a la calle Ayala donde les espera uno de los locales más carismáticos del Barrio de Salamanca, con las mejores tostas de la ciudad. Especialmente recomendable la de bacon y champiñones (caliente).
Con la ley antibotellón tosiéndonos en la nuca a todos los madrileños, hete aquí un bar en el
que (no se lo digáis a nadie) se puede sacar la copa de vino fuera. Y todos tan panchos.
¿Qué tipo de público frecuenta este local? Si vuestro hombre ideal también es Beltrán Gómez Acebo, venirsen.

Razón 7 - RBA Editores lanza unos fascículos buenísmos



Siete novias para siete hermanos. Los siete samurais. Seven (hay una cabeza dentro de la caja).
Este apartado está puesto de relleno porque poner siete razones era más poético y milodoniano que poner seis.
Pero echadle un vistazo a la colección de abanicos que anuncian ahora por la tele, que el agosto que viene, cuando vuelva a apretar la calor seguro que los agradecéis.

Buenas noches!

miércoles, 24 de agosto de 2011

Me voy pal pueblo


Parental advisory: explicit content.

Atención al último párrafo de esta noticia. Se admiten sugerencias sobre cómo se puede hacer la vida 'más llevadera':

"La expresión 'la ciudad me mata' no es tan exagerada. Las urbes son el paradigma del desarrollo social y tecnológico que nos ha permitido vivir más y mejor, pero adaptarse a ellas no es fácil. Numerosos estudios epidemiológicos han demostrado que las personas que residen en un gran núcleo poblacional tienen más riesgo de sufrir enfermedades mentales que quienes se desenvuelven en el medio rural. Hasta ahora se desconocía por completo el mecanismo biológico que está detrás de esa mayor propensión. Un equipo de científicos alemanes y canadienses ha observado por primera vez un patrón de activación cerebral ante el estrés que sólo está presente en los individuos urbanos. No es la explicación definitiva, pero sí un buen punto de partida.

Es sabido que el estrés es uno de los principales factores que precipitan la aparición de trastornos mentales como la ansiedad, la depresión o la esquizofrenia. Los autores del estudio que acaba de publicar la revista 'Nature' partieron de esta premisa para realizar un curioso experimento con el que observaron que en los 'urbanícolas' sometidos a una presión psicológica intensa se activaba en mayor medida la región cerebral denominada amígdala y había otra zona, conocida como corteza cingulada anterior perigenual, que mostraba una actividad superior en quienes se habían criado en la ciudad. Nada de esto ocurrió en los que se habían educado o vivían en el campo.

Los ciudadanos que se prestaron a participar en este análisis tuvieron que realizar una serie de ejercicios matemáticos mientras su cerebro era escaneado con la técnica conocida como resonancia magnética funcional. A la tensión de enfrentarse a la aritmética se sumaba la actitud poco 'compasiva' de los investigadores, quienes agobiaban aún más a los sufridos voluntarios echándoles en cara lo mal que lo estaban haciendo o diciéndoles que sus resultados no llegaban a la media del resto de sus compañeros. De esta forma, todos ellos experimentaron un potente estrés y salieron a la luz las diferentes formas de reaccionar de sus cerebros.

El hecho de que cobrase protagonismo precisamente la amígdala concuerda con el papel que se ha atribuido a esta zona del cerebro en el procesamiento de las reacciones emocionales y, como explican los autores del estudio, liderado por Andreas Meyer-Lindenberg, de la Universidad de Heidelberg (Alemania), en el desarrollo de "trastornos de ansiedad, depresión y otros comportamientos que se observan con mayor frecuencia en las ciudades, como la violencia".

Lo que se ha constatado es, en definitiva, que nuestras hormonas sufren una transformación como consecuencia de la vida en la ciudad. Ahora bien, los propios autores reconocen que han hallado una correlación, no una asociación causal. Han abierto una prometedora vía de investigación que aún se encuentra en estado larvario.

"Es necesario verificar estos resultados", señala Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos. En todo caso, confirma el gran interés de investigar los mecanismos biológicos que están detrás de algo que ve diariamente en su consulta: que vivir en la ciudad nos altera psíquicamente.

Pero, ¿qué es lo que más nos afecta del estilo de vida urbano? Según Gándara, la prisa, la falta de tiempo y, sobre todo, "la sensación de que no tenemos el control". Esto se traduce en varios planos: "para el estilo de vida masculina, en la desaparición del estatus y, para el estilo de vida femenino, en la pérdida de los contactos".

Visto que la ciudad es el problema, el siguiente paso es encontrar una solución. La vuelta a la vida rural no es una propuesta realista, habida cuenta de que el proceso de urbanización es imparable y se calcula que para el año 2050 el 69% de las personas vivirá en grandes núcleos poblacionales. Lo que sí es factible es hacer la vida en la ciudad más llevadera".

Leído en El Mundo


domingo, 21 de agosto de 2011

"Tú eres Pedro"

Cine, cine, cine, cine. Más cine por favor... (pero no como el mío últimamente, gracias)

La noche antes de ser coronado como el nuevo pontífice del orbe católico, el Cardenal Leone (Leo McKern) le dice eso al futuro Papa Cirilo I (Anthony Queen).
"Tú eres Pedro".

La película está ambientada en los años sesenta, en plena guerra fría. El jefe en ciernes de la iglesia católica, después de reunirse en secreto con el presidente Chino, cuyo país atraviesa una hambruna asesina, entra en crisis porque se da cuenta de la terrible contradicción: está a punto de empezar a presidir el consejo de administración de una de las compañías multinacionales que más dinero factura del planeta, pero ha de seguir vendiendo a todo el mundo que la caridad es el principio que rige sus operaciones.
Cirilo está acojonado.
Primero porque su fuerte sentido de la ética le dice que no puede representar semejante obra de teatro frente al mundo. Segundo porque las estancias papales, que acaba de ocupar, no son muy acogedoras (tienen los techos muy altos, cuando uno habla hace mucho eco, en las paredes no hay tapetes de ganchillo que ponen Home Sweet Home, sino cuadros con escenas bastante malrolleras...) y los cardenales le miran regu.








Ahí es cuando el veterano y gordecho Leone, severo y revirau pero en el fondo compasivo y majo (sólo está falto de cariño), le explica a Cirilo que antes que a él ha visto a otros tres hombres ocupar la posición que está a punto de tomar.
Le advierte que la carrera que le ha tocado es la de un ultrafondista.
Que él es Petrus, el sucesor del Apóstol Pedro, el representante de Dios en la tierra.
Uno. Individual. Sólo. Solo.
Y que aunque la soledad es dura, a joderse tocan.


En la película no se aclara qué hace Cirilo al quedarse solo. Pero a tenor de la decisión que toma al día siguiente, parece que llamó a un camello y se metió un chute.
Porque la mañana de su coronación, poniéndose por montera la opinión del resto de la curia y todo el establishment implicado, anuncia al mundo la enajenación de los bienes materiales de la Iglesia Católica para paliar el hambre del pueblo chino.
Y en un gesto simbólico, renuncia a vestir la tiara que le acaba de ser impuesta.

Las multitudes concentradas en la Plaza de San Pedro se vuelven locatis.
¿De alegría?
Tal vez. Quién sabe. Al fin y al cabo, las masas se vuelven siempre locatis. Ya sea en la coronación de Cirilo, en el Primavera Sound o en la llegada de la Selección Española a Barajas.

En los dos primeros días de esta locura colectiva que acaba de tener lugar en Madrid llamada Jornadas Mundiales de la Juventud, al Milodón le resultaba extremadamente difícil no dejarse contagiar por la euforia de estas masas enfervorecidas.


Formadas en buena parte por adolescentes o veinteañeros lozanos de diferentes nacionalidades, eran en muchas ocasiones un regalo para la vista.
Especialmente reseñables le parecen a este plantígrado los scouts americanos y los catequistas alemanes. Colorete, rubor, pecas y músculos. Quién da más.
Con sus cánticos constantes, su batir de palmas y sus miradas limpias, nos hacían sentir culpables a los esclavos de la mezquindad capitalina, que empezábamos a mirar a nuestro alrededor con la sensación de estarnos perdiendo algo muy bueno.
Mientras nosotros salíamos de nuestras grises oficinas, con los males crónicos del trabajador contemporáneo cargados sobre las chepas (el estrés, la ambición, la envidia, la precariedad...) , ellos llevaban sobre sus espaldas esa mochila fabulosa que parecía contener la fórmula de una felicidad genuina y despreocupada. Un pasaje a un mundo bienintencionado donde todos son hermanos que te tienden su mano.



Al tercer día de encontrarse por todas partes rebaños de niñas macizas y críos buenorros, chillones y malolientes, pastoreados por señores con alzacuellos en las calles de una metrópoli de tres millones de habitantes semivacía (en pleno agosto, los inquilinos de la ciudad huyen despavoridos a sus destinos vacacionales) con los servicios de tranporte públicos completamente inutilizados, puestos al servicio de un millón de invasores, uno ya no quería ni molestarse en comprender el por qué de tanta euforia.

La sensación era la de encontrarse entre zombis.



Y no está el Milodón intentando sugerir que los peregrinos de las Jornadas Mundiales de la Juventud fuesen seres teleprogramados con el cerebro seco que caminaban en procesión hacia un punto indeterminado.

Sólo intenta decir que el ciudadano individual, la persona, se sentía extrañada del mundo, sin formar parte de esas nubes de gente que se movían sobre el asfalto como bandadas de estorninos desquiciados.
La sensación del ciudadano individual que no formaba parte de los enormes grupos en comunión ideológica y espiritual que habían tomado las avenidas de Madrid, era la de Richard Kimball en El Fugitivo o la de Rick Deckard en Blade Runner: soledad abismal frente a un mundo hostil. Desprotección absoluta ante un despropósito.

A la altura del viernes, a la una de la mañana, la cosa se estaba poniendo tan cinematográfica -calores propios de Lawrence de Arabia, desmantelamiento urbano a lo 28 días después- que el Milodón decidió quedarse encerrado en casa el resto del fin de semana viendo películas. Y no es que la televisión no estuviese también tomada (ha habido momentos de surrealismo en Telemadrid que dejaban La Vida de Bryan a la altura del betún), pero siempre nos quedará La Sexta 3 -lo mejor que ha pasado en nuestras pantallas desde Plàstic-.

Gracias por Fumar - Aaron Eckhart encarnando al portavoz del lobby estadounidense el tabaco.
La Misión - Jeremy Irons y Robert de Niro haciendo de jesuitas cachondones.
Los 4oo golpes - Truffaut filmando el travelling más fabuloso de la historia del celuloide (y los Cines Verdi programando el mejor ciclo del verano).
El Príncipe de las Mareas - Nick Nolte diciendo 'Lowenstein'.
La Huella - Lawrence Olivier dándole una paliza interpretativa a Michael Caine. Y viceversa.

Y, por supuesto, Las Sandalias del Pescador (ésta la programaron en Intereconomía).
Anthony Queen encarnando, en una fábula moralizante a lo Disney, al papa ruso que se atrevió a pensar por sí mismo.

Este fin de semana todos (menos el papa y su masa) éramos Pedro.




lunes, 8 de agosto de 2011

Una oración en el Instituto de Empresa (#Ratzinger Riots)



Las dos máquinas de generación y promoción del miedo más poderosas que existen en el mundo occidental contemporáneo se llaman iglesia católica y sistema capitalista.

Y luego está la Hammer.
Pero sed sinceros.
A vosotros qué os da más miedo, ¿la cara de Vincent Price o la del papa Ratzinger?


Todo el mundo sabe que el instrumento de control y coacción más poderoso que existe es el miedo. Pocas cosas hay más paralizantes.

Algunos miedos son personales e intransferibles, producto de shocks emocionales íntimos vividos en momentos remotos de nuestra existencia. Por ejemplo al Milodón le entra muchísimo canguelo cuando piensa en estatuas neoclásicas rodeadas de agua.

-Un momento, Myler. Pero entonces, ¿eso significa que a ti, ese majeritófilo empedernido, te da mal rollo el símbolo madrileño por excelencia?.

- Sí, amigos. ¡Imaginaos el drama! El plantígrado antediluviano, incansable promotor de la causa capitalina, devorador insaciable de madroños, se muere de desazón cuando mira cara a cara a la musa madrileña por excelencia.


El origen de esta fobia al binomio canon griego + florituras acuáticas podría estar en una excursión en quinto de EGB del Colegio Diocesano San Ignacio a la Granja de San Ildefonso mal digerida. O vaya usted a saber.


El caso es que los miedos individuales son jodidos porque, o bien son producto de azar (no podemos culpar de ellos a nadie), o bien nos los inculcan personas a las que amamos, admiramos o respetamos (y es de muy mal gusto señalar con un dedo acusador a alguien de nuestra propia sangre o a un amigo). Pero cuando uno detecta el mecanismo que hace funcionar ese miedo, puede intentar desmontarlo. En el diván de un psicólogo o a hachazos. Preguntadle a Norman Bates qué método prefirió él.

Algunos miedos, en cambio, son colectivos.
Forman parte del acervo cultural popular, como los villancicos.
Se construyen en prolongadísimos periodos de tiempo mediante complejos sistemas de manipulación y coerción psicológica. No es que sean mucho más sofisticados que los miedos individuales: en la playa, la madre del Milodón, para hacerle asociar el concepto no guardar el tiempo de digestión con la palabra muerte, usó el mismo método que su profesor de latín empleó para hacerle relacionar el concepto aborto con la palabra asesinato. La insistencia machacona.




Pero la manipulación psicológica que inculca los miedos colectivos, a saber,

el miedo a no ser querido (por no poseer un coche, por no vivir en una casa propia, por no casarse y tener una familia, por no ser ser guapo, por ver porno...)

el miedo a no tener dinero (sin el que no se puede comprar un coche, hipotecarse para una casa casa, pagar un ágape nupcial y criar unos hijos, arreglarse con ropas finas, pagar la conexión a Internet para ver porno)


el miedo a perder el trabajo (sin el que no se puede tener dinero)


el miedo a no poder amparar a nuestros seres queridos (al no tener un trabajo)


el miedo a no ocupar un lugar en el mundo (por no ser querido, por no tener un trabajo, por no tener dinero, por haber haber desatendido a nuestros seres queridos)


el miedo a arder en el infierno (por haberlo hecho todo mal)


nace de instituciones de las que depende

nuestro trabajo

nuestro prestigio social

nuestra identidad en el mundo

o sea

las grandes empresas

los bancos

las instituciones del Estado

la iglesia


Intentar eliminar la raíz de los temores es prácticamente imposible.
Porque quienes generan el miedo son precisamente

las empresas que nos dan trabajo,

el sistema económico/financiero del que formamos parte,


el gobierno que lo ampara


y las instituciones religiosas que legitiman moralmente todo el despropósito.


Y a ver quién es el guapo de cara que las hace volar por los aires.



El miedo que a nosotros nos paraliza es la fuerza a ellos les protege de los cambios.

Alguna gente mitiga el miedo rezando.

¿Quién puede culparles?
En las iglesias al menos no hay publicidad de las grandes corporaciones multinacionales, el silencio deja pensar y uno siente la seguridad transitoria del que llega a 'Casa' en el Juego de la Oca.

¿Milodón, qué lugar me recomiendas para rezar en Madrid? Le preguntan con altísima frecuencia al plantígrado, su gran cantidad de amigos devotos y cristianos.
Y la respuesta es siempre la misma:
En el cruce de la calle María de Molina con Serrano, donde el Rodeo Drive de la capital se convierte en zona residencial, está el Instituto de Empresa, la escuela donde desde hace décadas se forman los ejecutivos españoles del futuro.



Justo detrás el edificio del IE, subiendo la calle hacia el instituto Ramiro de Maeztu, una puerta abierta de forma muy discreta sobre uno de los cierres laterales del Instituto lleva hacia un santuario que uno sólo encuentra subiendo unas sinuosas escaleras que a su vez conducen a un promontorio lleno de vegetación (en plena calle Serrano, en pleno patio trasero del Instituto de Empresa).
Al fondo de un sendero, entre árboles frondosos, hay un pequeño santuario que parece una iglesia alpina, de esas tipo Sonrisas y Lágrimas.




Es el Santuario de Nuestra Señora de Schoensttat.
Pertenece al Movimiento Apostólico de Schoensttat, fundado en 1914 por José Kentenich, un señor de bien que, como la ejemplar familia Von Trapp fue perseguido por los nazis.
Aunque él no pudo escapar a través de las montañas y acabó en en campo de concentración de Dachau.

A este santuario, poco transitado, va el Milodón mucho porque le recuerda al Parador de Soria.

Y porque le encanta ver allí a los estudiantes de Masters of Business Administration del IE (que están buenísimos) extendiendo sus plegarias.
Rezan.
Por la prima de riesgo, por la productividad, por la deuda externa, por la triple AAA, por el Banco Europeo, por el Fondo Monetario Internacional, por la gloria de Margareth Thatcher, Ben Bernanke y la de George Soros.

Rezan. Rezan mucho.


Y a lo mejor también rezan por lo que han visto en los últimos días:
que quienes no tienen
ni casas
ni coches
ni hipotecas
ni modales
ni formación
ni familias estructuradas
ni dinero
ni trabajo
ni prestigio social
ni un lugar en el mundo
no le deben nada
ni al sistema económico, del que apenas forman parte,
ni al gobierno que ampara a ese sistema, que les ha abandonado a su suerte,
ni a las instituciones religiosas, que ya no ejerce autoridad moral.

Esa gente, que no tiene,
ni expectativas
ni futuro
ni nada que perder
tampoco tienen miedo a reventarlo todo por los aires.

¡Felices Jornadas Mundiales de la Juventud!




miércoles, 3 de agosto de 2011

Jódete, Madrid



El milodón regresa al frenesí urbanita y se encuentra con el mejor post de la historia (al menos de la historia del bloggismo de temática capitalina) y con unas temperaturas ambientales propias de un verano Cantábrico.


Viñeta sacada del Best-Post-Ever de Vilque.


Se agradece que el sol no sea la estufa de butano de la que hablaba ya sabéis quien, pero ni el viento fresco ocasional (gracias, Dios) ni las carcajadas puntuales (gracias, Vilque) consiguen barrer la nube oscura que se arremolina sobre la cabeza del plantígrado todo el día.

¿Es atribuible este hastío a la titánica resaca existencial que arrastra después de una gira mundial gallega que incluyó paseos por playas kilométricas, merendolas bajo los pinos con licor café de postre, excursiones a pueblos al estilo Verano Azul, un flechazo, mimos familiares y la mejor boda de la historia (así lo avalan una ceremonia con discursos que hicieron llorar hasta al sordo del pueblo, una bienvenida de pulpo, empanada y jamón a un ágape que se celebraba en pleno monte, un banquete dividido en tres horas de mariscada -percebes incluídos- + tres horas de churrascasda= seis horas de placer absoluto, un concierto privado de Los Chavales con clásicos de Los Brincos, los Bravos y los Salvajes y una verbena posterior en la que se bailaron todos los grandes clásicos contemporáneos, desde La Tómbola de Marisol al Crazy in love de Liberté Egalité Beyoncé)?

Es. Por supuesto.
El Milodón siente nostalgia de ese paréntesis mental en el que todo parecía ir más despacio.
En el que el reloj corría al ritmo de la respiración en una siesta feliz.

Y ahora cuando camina por la calle maldice algunos tics madrileños que en otras épocas del año le parecieron encantadores.

El arquetípico señor que pone los cafés en el bar junto a la oficina no es un gordinflón campechano y honesto, sino un facha gritón demasiado vago como para hacer ejercicio y demasiado glotón como para ponerse a régimen.

Los perroflautas de Lavapiés que llenan La Tabacalera y montan huertos urbanos no son jóvenes concienciados convencidos de que otro mundo es posibile, sino burgueses autoconscientes y subvencionados con pocas ganas de lavarse pero mucho tiempo para imitar a José Bové.

Los taxistas no son zamoranos con una graciosa querencia por las tertulias radiofónicas más ridículas, sino paletos recastados, arietes de una contrarrevolución ultraderechista que no deja avanzar a este país hacia otro estadío de civilización.

Los manifestantes del 15M no son mileuristas hasta los cojones de que les tomen el pelo, sino Peter Panes enganchados a las redes sociales que reniegan de la manipulación mediática del Grupo Prisa pero tienen demasiadas ganas de ver sus estampas reflejadas en un reportaje de El País Semanal.

Los ejecutivos que piden una tapa de ensaladilla a la una en el José Luis de Paseo de la Habana, no son gentlemen con impecables maneras y un infalible gusto en el vestir a los que hasta pedir la hora es un placer (¡qué pelucos!), sino continuadores de las peores sagas franquistas, que sobrevivieron al pelotazo y ahora trabajan como hormigas del capitalismo más salvaje.

Las musculocas de Chueca no son vitalistas sin complejos, sino mariconas ruidosas que visten con colores chillones y bailan en la calle con el único fin de dar calor.

Las señoras del barrio de Salamanca no son damas elegantes que aún recuerdan los tiempos madrileños de Ava Gardner en las terrazas de Serrano, sino antiguas integrantes de la sección femenina que tejen las redes indestructibles del clasismo más rancio mientras beben Bitter Kas con hielo.

El Embassy no es un histórico club de té con sabor británico, sino un nido de víboras retocadas donde César Alierta urde el próximo ERE mano a mano con algún Amusátegui.

Los padres de familia de Chamberí no son parejas de clase media alta que con sus existencias tranquilas y consumistas mantienen al ralentí el motor de la economía española, sino amargados que con su modelo de vida perpetúan la estructuras clásicas de la España católica.

Los hipsters de Malasaña no son chavales informados, que con su búsqueda permantente de lo nuevo se erigen en la fuerza creativa de la ciudad, sino drogadictos (enganchados entre otras cosas a H&M) demasiado preocupados por salir en Vanidad o en el blog de Poppy Blasco como para hacer algo que no se haya visto antes en cualquier mierdaweb yanqui.

Los pijos veinteañeros que alternan por Alonso Martínez no son la reserva genética aria más lozana de una ciudad dominada por la estética de camisetadebandaybarba, sino la reserva intelectual recalcitrante -poloychinos- de la calle Génova.

Los sudamericanos que recorren Bravo Murillo no son honrados trabajadores dispuestos a ocupar los puestos menos amables de nuestro espectro laboral, sino salvajes bajitos que esquilman los fondos de nuestro sistema de pensiones.

Y el Milodón no es el bicho manso que encontró en Madrid la felicidad, sino Edward Norton en La Última Noche:



No.
Jódete tú, Milodón.