domingo, 26 de junio de 2011

España está llena (Berlín-Londres-Madrid)





El atractivo del mal es irresistible. Pero no todo el mundo está dispuesto a aceptar este hecho.
Las gentes de bien o moral pacata necesitamos disfrazar la aproximación al mal bajo la apariencia de rechazo, condena o actividad didáctica para no sentirnos basura.

A un compañero sentimental (expresión vintage y repulsiva donde las haya) del Milodón, le encantaba ver documentales sobre el problema de la trata de blancas y la prostitución, porque para él era una forma absolutamente intachable de hacer algo supuestamente reprobable: ver putas.

El día que el apañero confesó sus pulsiones morbosas, a nadie pilló por sorpresa. Y menos a su novia, que como él, también pertenecía a esa generación de niños que esperaban con avidez el episodio de ‘Érase una vez la vida’ donde se explicaba el milagro de la reproducción humana. Un capítulo de gran interés informativo, sí, pero un espectáculo de porno duro al fin y al cabo para los reprimidos infantes de la generación constitucional.


El Milodón acaba de estar pasando unos días en Berlín. Una ciudad que Ambrosius de Konisberg, en un fabuloso post que no tiene nada que ver con el tema que se aborda aquí hoy, sin concesiones al romanticismo define como ‘una parque temático para adolescentes con tiempo’. Por su lado, Trapalleira, compañera del Milodón y de Vero en la expedición berlinesa, describe en su blog algunos de los indiscutibles encantos de la ciudad de una forma más amable (¿cómo no enamorarse locamente de los números iluminados en los portales?)


Trapis, te tomo prestada la foto

Pero continuando la idea de Ambrosius, la verdad es que en Berlín uno no puede evitar sentir que el exterminio sistemático, el totalitarismo megalómano y las división ideológica les han acabado saliendo muy rentables a los alemanes. Los cimientos del cuartel general de la Gestapo, el centro de operaciones de la Stasi, el muro que partió al mundo en dos mitades irreconciliables durante todo el siglo XX, todos esos escenarios son hoy lugares de peregrinación turística fabulosos para hacerse una foto de perfil para redes sociales.

¿Y quién podría criticar la encomiable función de este parque temático de la historia? ¿Quién podría criticar el papel que cumplen estos enclaves? Son espacios didácticos, donde se le habla a la gente del pasado y se da a conocer a la raza humana sus episodios más tristes o vergonzosos, para que eviten repetirlos. Y tal.

¿O son lugares morbosos donde los ciudadanos pueden regocijarse en el dolor ajeno y contemplar las atrocidades más deleznables sin problemas de remordimiento? Hay un grupo de Facebook titulado ‘Los nazis eran más malos que la quina, pero, demonios, los tipos sabían vestir bien’ que resume esta dicotomía. Y es que la visión de un buen edificio tocho de Albert Speer, primer arquitecto del Tercer Reich, da más gustirrinín a los ojos que el álbum de fotos personal de Gisele Bundchen.




El discreto encanto de la megalomanía

Templehof: no pudimos entrar



Es muy tentador coquetear con el mal absoluto.

Hace apenas unas semanas, el Milodón caminaba por un andén de la Picadilly Line londinense (línea azul) cuando se encontró con una publicidad gigante de The Economist que rezaba:




Intentar detener la inmigración es una buena idea

Debajo se desgranaban los siguientes argumentos, apoyando dicha idea:

Gran Bretaña ya tiene suficiente gente. Más de cinco millones y medio de extranjeros se mudaron aquí durante un año o más de 2000 a 2009 – el mayor flujo de llegada de nuestra historia.

La inmigración mantiene los salarios bajos en los trabajos peor remunerados, así que los ricos se benefician y los pobres sufren.

En algunas zonas, los inmigrantes suponen una carga muy pesada para los servicios públicos y crean tensiones sociales.


Más adelante, otra pieza de la misma campaña publicidad decía:


China es una amenaza para Occidente

Los argumentos:

China gasta 200 billones al año en defensa, casi tres veces más que hace una década y casi el doble que Gran Bretaña.

China ha recrudecido su políticas con las minorías del Tíbet y de Xinjiang y ha perseguido a partidarios del sistema democrático, como el premio Nobel, Liu Xiaobo.

El apetito de China por materias primas está agotando la tierra y favoreciendo a regímenes corruptos en los países en vías de desarrollo.




El Milodón, con fines efectistas, os está ocultando un dato importante: cada uno de estos grandes posters publicitarios llevaba al lado, al mismo tamaño y en color antagónico, una respuesta diametralmente opuesta a cada uno de titulares y argumentos negativos.

La campaña, a lo largo de todas las paradas de la red de transporte subterránea de Londres, propone una simpática agenda de temas para el debate.






Aquí, una imagen que muestra que los posters no son precisamente pequeñitos... (si quéreis leer los textos íntegros en alta resolución y leerlos correctamente en inglés, los podéis encontrar aquí)



¿Por qué la idea 'Occidente debería usar la fuerza contra el programa nuclear iraní' va sobre fondo blanco mientras que la propuesta 'Tratar de detener la inmigración es mala idea' va sobre negro? La semiótica, esa hija de puta...

El uso arbitrario de los colores 'positivos' y 'negativos', la formulación intencionadamente ambigua de ideas incorrectamente políticas (o era políticamente incorrectas?) y el empleo del slogan '¿Tú dónde te posicionas?', como cierre final, hace que todo este movidón publicitario huela peor que el pocete de Joaquín Sabina los domingos por la mañana.

¿De verdad quieren promover el debate nuestros amigos de The Economist?

¿No estarán aprovechando la excusa del diálogo y la diversidad de opiniones/visiones para lanzar a la opinión pública británica, propuestas racistas, morbosas, retrógradas o belicosas absolutamente intolerables?

Fotografía de Cuchara de Palo

Mientras, como bien explica Culler de Pau en su Tumblr, en el metro de Madrid, Esperanza Aguirre pergeña una treta para hacernos creer que es posible contar con excelentes prestaciones sociales sin pagar impuestos en un anuncios que rezan «La comunidad donde pagamos menos impuestos», «8 hospitales nuevos y menos listas de espera, gracias a tus impuestos». Vivo sin vivir en mi. O el oxímoron vivo aplicado al estado del bienestar.


El mal siempre se las ha ingeniado muy bien para inventarse las mejores excusas.




2 comentarios:

  1. Está el metro plagado. Yo desde que empecé a ver esos anuncios le llamo The (Inter)economist.

    ResponderEliminar
  2. Fantástico post¡

    Vero

    ResponderEliminar