jueves, 26 de mayo de 2011

Stargate y el 15M (del Mercado de San Antón a Sol)




A mediados de la semana pasada, mientras en la Puerta del Sol empezaba a hacerse evidente que el Movimiento 15 M era algo más que una reunión de clientes habituales del Achuri o amigos de Willy Toledo, el Milodón se resistía a creer en el poder de la palabra y se daba una vuelta por el Mercado de San Antón, que ese día se inauguraba después de una remodelación profunda.


El nuevo Mercado de San Antón

Ya el domingo, el Tapir Nicanor -que como se ha comentado en otras ocasiones es un influencer y una persona con un criterio avant-garde- le había preguntado extrañado al Milodón: ¿Pero tú cómo es que no vas a la manifestación? Y el Milodón, siempre muy interesado en el noble deporte de la tocación de pelotas, echó mano del argumentario clásico del progre descreído o del facha despechado:

-Si, sí. Están muy indignados, ¿pero qué más?
-Oh. Sí. Qué fácil es criticar. Pero, ¿qué sistema proponen?
-Oh. No. Fuera del parlamentarismo, no. ¿No lo entendéis, niños? Fuera no hay nada: sólo el vacío. Y Stalin y eso...
-Qué falta de visión estratégica: ¿no véis que esto sólo va a beneficiar electoralmente a la derecha?.
-Son niñatos que sólo le piden dinero a mamá para ir a manifestarse (bueno, las palabras exactas del Milodón fueron: "me hacen a mi mucha gracia estas revueltas afterwork"). *

El Milodón también habló de la huelga general del 29, de la pasta que le costó hacerla y de lo mal que le parecía que todos los que en su momento no se unieron, ahora se echaran a las calles sólo los domingos y fiestas de guardar por comodidad y folklore.


"Olé, Ned Ludd"

El Tapir que además de influencer y avant-garde es muy suave, dejó al Milodón decir chorradas. El repaso dialéctico que él debería haberle dado a este plantígrado antediluviano y que se ahorró por una cuestión de modales y respeto se encargaría de dárselo días más tarde esta magistral entrada de Blog de Residuos (de donde el Milodón ha sacado el argumentario clásico*) titulada "5 tips de Combate".
(Blog de Resíduos actualiza muy raramente pero que cuando lo hace deja mejor sabor de boca que las Natillas Danone).

Democracia Real Ya llevaba muchas horas resucitando a ese ente colectivo que parecía muerto llamado 'pueblo', pero el Milodón prefería darse una vuelta entre los puestos del mercado de San Antón.
El pueblo no estaba muerto, no. Estaba de parranda.

Sin ira. Y sin estilista

Pero mientras, el Milodón prefiría asistir a un entierro. El acto de defunción oficial de un mercado que es su día fue tal -es decir, un lugar donde se venden productos agroalimentarios frescos al detall que la gente después cocina en sus casas-.

"Ubicado en pleno corazón del barrio más colorido de la capital [obsérvese el uso de 'colorido' como eufemismo pizpireto para la palabra gay] y después de cinco largos años de obras, renace el mítico Mercado de San Antón. Pero ya no se trata del mismo mercado tradicional al que los vecinos de Chueca, de toda la vida, acostumbraban a comprar. Los precios económicos y el ambiente familiar que se respiraba da paso a un diseño vanguardista y un concepto de 'cooking' en el que los carritos de la compra se sustituyen por 'delicatessens' para degustar en el mismo lugar", narraba El Mundo al día siguiente.

Los mercados tradicionales de Madrid son una especie de Stargate. ¿Os acordáis de Stargate? Aquella puerta de las estrellas que ponía en comunicación el mundo contemporáneo con otra dimensión.


Los mercados tradicionales son como stargates en el medio de la ciudad que ponen en comunicación al mundo urbano con el mundo rural, al sector terciario -bares y puticlús- con el primario -huertas y parras-. Sitios peculiares, raros (en el sentido anglosajón de la palabra) donde se le puede explicar a un niño que los calabacines no salen del porespán y donde agricultores independientes pueden venir a colocar sus escarolas, todavía con terrones de barro pegados en las hojas. Lugares amables donde la gastronomía es sólo comida y aún es evidente lo que es primordial.

Un happy meal en Chamberí

Un constructivista en La Cebada

Son mercados tradicionales el de Tetuán (en Tetuán), el de Guzmán el Bueno (en Arapiles), el de Chamberí (en Alonso Cano), el de Chamartín (en Alberto Alcocer), el de la Cebada (en la Latina). Incluso, si apuráis al Milodón, es un mercado tradicional, aunque menos, el de la Paz (en el Barrio de Salamanca - una de sus salidas, la de la calle Ayala, es el lugar perfecto para un desayuno tardío).

No son mercados tradicionales el de San Antón (en el barrio colorido) o el de San Miguel (junto a la Plaza Mayor). En estos mercados renacidos de las cenizas de otros basados en el modelo tradicional, el significante se separa del significado y la Puerta de las Estrellas se cierra a cal y canto.
Ya no hay vínculo entre la tierra fresca y las patatas, las gallinas y los huevos, entre las almadrabas y el atún.


En espacios meticulosamente desinfectados, con escenografía escrupulosamente controlada, se despliegan modélicos canapés de tortilla y bloques de sushi irresistibles, todo ready-made. Preparado pa llevar.

Y los tenderos ya no son tenderos, sino camareros, con una actitud muy Amelie Poulain, eso sí.
La comida sobre los mostradores se sexualiza como las modelos sobre los coches en las revistas de motor. Y entre un puesto de frutas bien enceradas, muy brillantes aquí, y uno de salchichas, bien prietas, muy colorás, allá, hay vinotecas, llenas de botellas con etiquetas sofisticadas y decantadores. El vino, como las palabras en francés, ayuda mucho a erotizar.

"Lou Lou, c'est moi?"

En la terraza del Mercado hay una barra retroiluminada (o sea, que emite luz desde dentro y parece obra de un carpintero de Kripton) donde ponen gin tonics, también afrodisiacos. Gin tonics que se hacen con mucho ritual: la copa enfriada con piedras de hielo gigantes y muy sólidas, la ginebra seleccionada cuidadosamente entre una amplia gama de matices gustativos rarunos, la tónica decantada a un paso desesperadamente tortuguil a través del mango del agitador...

"¿Me das ya mi gin tonic ya, barman?. Que tú no estás afinando un violín y yo no soy Marta Robles. Cojona" pensaba el Milodón, que en esos momentos no estaba participando en la revolución española pero ya estaba algo revuelto.


Revuelto y mezclado con la marea de relaciones públicas, periodistas de publicaciones de tendencias, concejales y celebrities locales bronceadas y bienolientes que no han querido perderse este inaguración.


El Mercado de San Miguel tiene tres pisos y unas escaleras mecánicas. En uno de sus laterales hay un espacio aún vacío cuyo fin aún no está claro. Hay unas paredes de cristal y dentro se ven mesas con urnas, también de cristal. '¿Para qué son?' Una chica le explica al Milodón que son para que la gente vote sobre cuál debe ser la función final de espacio vacío. Para votar hay unas papeletas fluorescentes sobre las que están escritas las opciones posibles: taller gastronómico, espacio para conferencias gastronómicas, aula para clases de cocina y galería de arte culinario.


Vota CDS

Mientras el Milodón observaba a ciudadanos/gourmets emitiendo su opinión sobre esa auténtica pléyade de posibilidades tan dispares se preguntaba si este ritual votador sería un canto a la democracia. Y si sería coincidencia que esta inauguración tuviese lugar en plena campaña electoral.


Qué más daría, ¿no?.
De poco le valieron a Gallardón, a Espe, a Tomás Gómez a Lissavetsky (o como quiera que se escriba ese apellido de pintor constructivista) las triquiñuelas para conseguir votantes. El movimiento 15M, que se estaba haciendo ya en Sol enorme mientras el Milodón se tomaba unas lascas de jamón 5J en el Mercado de San Antón, destrozó sin piedad el discurso electoral. Una apisonadora apisonó a otra. Y todos los candidatos se fueron quedando en sus atriles mientras el gran público les iba dando la espalda. Nadie les prestaba atención. Ellos: Bla! Bla! Bla! Bla! Bla! Bla! Y Sol: Ja! Ja! Ja! Ja! y Ja!

De la misma manera que la voz de esta señora puso un esparadrapo en la boca de unos tertulianos necios...



... El clamor del descontento fue ensordenciendo la música de ascensor del bipartidismo.

Al Milodón no se le ocurre ni por asomo intentar hacer una crónica de lo que ocurrió esos días, porque ya la han escrito maravillosamente aquí.

Tampoco preparará un potpurrí de lemas de pancarta. Eso está muy bien hecho aquí.

El espíritu que consiguió mover a tanta gente esos días está perfectamente reflejado aquí:




El Milodón lo que os dirá es que rayando la tarde del jueves, hace ahora una semana, empezó a creer.
1. Primero sintió lo mismo que siente cuando un ejemplar de la revista ¡Hola! cae entre sus manos: una lucha interna entre el sentimiento de culpa y las ganas irresistibles de mirar.
2. Después sintió el pánico que produce la certeza de haber encontrado a una media naranja: "esto es demasiado bueno como para aceptarlo".
3. Y después se rindió ante la evidencia: "Maldito plantígrado retorcido... ¿tú crees que la Marianne se puso a hacer análisis cínicos cuando los franceses tomaron la Bastilla?¿piensas que la vida es un videojuego y que si no te gusta esta fase vas a poder saltar corriendo a la siguiente revuelta popular? ¿piensas que el mundo va a cambiar bebiendo ginebra con tónica?".

O sea: Si se presenta la ocasión de decir muy alto las cosas importantes, ¿te vas a ir pa casa?

A la altura del sábado, en la tierra que rodea a la fuente de la Puerta del Sol, los chavales de la Acampada habían montado un huerto con lechugas y tomates.

La puerta de las estrellas que se había cerrado a cal y canto en el mercado de San Antón, se abrió de par en par en el corazón de Madrid.

Y ahora mismo, incluso después del desastre electoral ahí sigue abierta.
Sólo queda descubrir qué coño hay al otro lado.

1 comentario:

  1. Es usted muy grande, Milodón... pero qué muy grande!

    M

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