domingo, 3 de abril de 2011

Leche, cacao, avellanas y agua del Lozoya

"A buenas horas, mangas verdes"


¿Os acordais de cuando se puso de moda la cata de agua? ¿Os acordáis de cuando era de buen tono educar el paladar para distinguir su composición mineral y su manantial de procedencia? Los taninos dejaron de ser los niños bonitos en las conversaciones de los hedonistas con pretensiones. Ahora había que manejar con desparpajo términos como solutos sólidos. Los Oliver-Rodes le robaban protagonismo a los Arzuaga.

El nuevo Protos


¿Os acordáis de la botella de Voss? Aquel agua nórdica (qué difícil es el manejo del género de artículos y adjetivos con la palabra 'agua') tan exclusiva, tan privativa, que procedía de vejigas de ángeles que habían desaguado en el lecho de un glaciar al que sólo se podía acceder en un helicóptero pilotado por el Príncipe William.
Se bebía mucha (¿o mucho?) Voss en las cenas de empresa de Lehman Brothers. Aunque eso no quiere decir nada: seguro que en las comidas de Gescartera se bebía Único.

¿Qué pasó con aquellas aguas de nombre sofisticado? ¿Qué fue de la BlingH2O? ¿Dónde anda Jaime Morey? ¿Quién se acuerda del Capitan Scott? Evans, Wilson, Bowers y Oates...

En las neveras de muchos hogares del mundo occidental aún permanece como un vestigio de aquella época tan lejana (2008), la botella de Voss a modo de bonita jarra para el consumo cotidiano de ese agua tan vulgar: la que sale de los grifos. Ya veis. El agua del grifo en Madrid viene directamente del Lozoya. Pero a mucha gente le toca la

Cabeza

El agua cara pasó de moda. Ya no se habla de Monsanto ni de la lucha encarnizada entre las grandes corporaciones del mundo desarrollado por el control del mercado del hache dos o en los países en vías de desarrollo.

Ni vino, ni agua. Ahora el último grito es la cata de pan.
De PAN.
Jesucristo estaría orgulloso.

Ciertamente, no es fácil encontrar un buen pan en la capital. Recordemos que en la boda del Príncipe y Leti pusieron pan de Cea. Por algo será. Las baguettes de masa industrial calentadas a toda pastillas en los hornos del ultramarinos chinos de debajo de casa no están mal para una socorrida tostada dominguera. Pero son tan naturales y sanas como unas croquetas Findus. El propio término baguette deja mucho que desear. ¿Qué fue de la barra de pan? Así que ese nuevo tipo de emprendedores que han surgido con la llegada del nuevo siglo, especialista en positivizar las atrocidades del mundo contemporáneo han visto claro el nicho de mercado. Y han convertido la hogaza de pueblo en un artículo de lujo. Pasaos por

La Pain Quotidien, [H]arina y Cosmen & Keiless. En el primero pedís un croissant, en el segundo el pan de nueces y pasas y en el tercero unas magdalenas. Y a llorar como lo último por la puta locura en la que vivimos inmersos.


Hostias como panes

Magdalenas y rebanadas de pan...
El paisaje mesetario pasaba a toda velocidad, como un lienzo contínuo, de esos que usaban en las películas de vaqueros. El Milodón, animal peludo en perpetuo movimiento, iba de copiloto en un coche donde tenía lugar una conversación de esas que hace pasar el tiempo tan rápido como el paisaje. El conductor es un amigo culoinquieto que le pregunta al Milodón si no se ha enterado de lo de la Nocilla.

-¿El qué de la Nocilla? - dice el Milodón intentado disimular esa sensación molesta de estar perdiéndose algo.

-Bueno, ya sabes. El tío este que ha convertido la magdalena de Proust en una rebanada de pan untada con leche, cacao, avellanas y azucar.

-¿¿¿La qué de Proust???

-La magdalena.


Esto sí que es una magdalena

-Ah, no. No sé - Dice el Milodón intentando disimular que le jode no saber. Y se pierde un rato, con los ojos puestos en los trigales, en el recuerdo del suplemento Blanco y Negro del ABC, el primer lugar donde vio un cuestionario Proust.
Nunca ha entendido por qué se supone que esas preguntas tan arbitrarias, de psicoanalista de dos pesetas, arrojan una radiografía perfecta del alma del encuestado. '¿Cómo le gustaría morir?' '¿Cuál es defecto que más deplora en una persona?' '¿El roncola en vaso ancho o en vaso de tubo?'...

-Pues nada. Lo de la magdalena es como el punto de partida de la obra más famosa de Proust, En busca del tiempo perdido. El tío que cuenta la historia moja una magdalena en el te, le da un mordisco y el sabor del bizcocho borracho en el líquido caliente le trae a la memoria su infancia, los viajes que hacía a casa de un tía suya, momentos placenteros de su niñez... La magdalena se convierte en el vehículo que le trae al presente el pasado.

-Aaaah ya. Y entonces el Milodón se acuerda de esa escena memorable de Ratatouille...



Y se lo dice a su amigo.

-Ah. No he visto Ratatouille - replica él con desdén, como intentando disimular que le jode.

-Bueno. ¿Y qué pasa con lo de la nocilla?

-Pues que hay un tipo que se ha convertido en todo un fenómeno literario. Ha escrito tres novelas que ha englobado dentro de algo llamado Proyecto Nocilla. Y dice que la magdalena como elemento evocador ya no vale. La magdalena de nuestra generación es una rebanada untada de Nocilla, no sólo porque es lo que nosotros hemos comido de niños sino porque es algo que forma parte de nuestro acervo cultural pop, de nuestro pensamiento esponsorizado por marcas.

El amigo del Milodón le cuenta al Milodón que este tipo se llama Agustín Fernández Mallo, que puso en el mercado editorial la primera entrega de su proyecto en 2008 (cuando en las cámaras frigoríficas de los restaurantes de nueva cocina las botellas de Voss campaban a sus anchas y los mercados financieros del mundo aún no se había derrumbado), que acaba de lanzar la última -titulada Nocilla Lab- y que el tipo es Coruño. 'Coruño tenía que ser...', piensa el Milodón, resentido, mientras pregunta si el tipo se ha hecho muy famoso.


-¿Y este se ha hecho muy famoso?

-Pues sí. Es como el nuevo Jose Ángel Mañas. No entiendo cómo no te has enterado.

El Milodón dice que ha estado muy ocupado refrescando el Facebook y se vuelve a perder entre trigales, pensando en las magdalenas de Rioscuro que siempre había en casa de su abuela Julia. Qué ricas estaban mojadas en leche caliente manchada con un poco de café. Aquella miga prieta y dulce... El Milodón le da un trago muy largo a una botella de agua que lleva entre las piernas en todos los viajes y le dice a su amigo: 'Pues ya que hablamos de flashbacks...'

-Pues ya que hablamos de flashbacks, el otro día perdí mi móvil. Tuve que coger uno viejo, que tengo guardado en una caja archivadora de Ikea, donde acumulo todos mis gadgets obsoletos. Debe de haber hasta un belinógrafo ahí... El caso es que cogí el móvil. Un samsung rojo, pequeño, de formas redondeadas. Le enchufé el cargador, lo encendí. Era el móvil que me compré a mi llegada a Madrid, hace dos años. Cuando empezaron a pitar los primeros mensajes, aquella señal sonora me devolvió a los tiempos en el piso de la calle Alonso Cano.

Pi-pi-Pi-pi

Pi-pi-Pi-pi

Una simple señal sonora y el Milodón volvió a abril de 2009, a las horas muertas bailando sobre la tarima del Fotomatón, a las tardes de domingos de espera en las escaleras de Los Jerónimos, con el edificio de la Real Academia la izquierda y la ampliación del Prado a la derecha. El sol rojizo al final de la tarde cayendo sobre los ladrillos de Moneo limpia, fija y da esplendor...


Ay, la RAE

'Supongo que hay gente que cuando bebe un vaso de Voss vuelve a 2008. Voy a tener que echarle un vistazo a Proust y al Nocilla Lab ese', pensó.

El Milodón se bajó del coche de su amigo, con la maleta en una mano y una botella de plástico en la otra. Antes de salir de casa la llenó de agua del grifo. Cuando llegó a la ciudad le dijeron que la de Madrid era la mejor del mundo.

6 comentarios:

  1. Jajaja! Esa cabeza rima con Goya, amén de bezoya.

    Hay una tahona en Humilladero con gran variedad de panes. También hay otra en la calle Toledo, cerca de la Plaza Mayor. Si quieres volver a las raíces, en el museo del pan gallego hay panes ricos.
    En general son más baratos que en el pain quotidien o como se diga, franquicia belga que trae su pan congelado desde 'Flanders'.

    Por cierto, ¿qué era un tanino?
    Me hace gracia tan onomatopéyica palabra previa a un desnudo.

    (Por razones logísticas firmo como anónimo, aunque mi ser sea el de Albert*Mate)

    ResponderEliminar
  2. Albert! Esa farsa llamada Le Pen Cuotidién tiene la habilidad de ponerme de peor humor que un capítulo de Sexo en Nueva York. Y eso es decir mucho!!!! Hay que admitir, sin embargo, que los yogures están buenísimos. Sólo superados por los de mora de Paul
    http://www.paul.fr/fr/home.php
    Muchas gracias por las recomendaciones tahoniles. Iré sin duda a echare un vistazo.
    Sobre los taninos, soy una vaga
    http://es.wikipedia.org/wiki/Tanino
    Diré que son esa cosa que hay en el vino que mancha los dientes
    Beso!

    ResponderEliminar
  3. Ajasús cuántas cosas aprendo en este block. Algún día se estudiará la frustración sexual de los gallegos y su representación tangible a través de la nocilla: Siniestro Total, Nocilla ¡qué merendilla!,Fernández Mallo dedicándole una trilogía...

    ResponderEliminar
  4. Delaaa! Qué ilusión leerte por estos lares. Te añado al blogroll milodoniano. Y te digo: viste a Julián Hernández en el Babelia este sábado? P'abernos matao

    ResponderEliminar
  5. Jo!! que ricas las extintas magdalenas de rioscuro!

    ResponderEliminar