miércoles, 27 de abril de 2011

Churchill y el Duque de Alba en la Noche de los Libros

Mirada acero azul.





Seguramente muchos de vosotros no sabíais que a Churchill le dieron el Premio Nobel de Literatura en 1953.
El Milodón se enteró hace dos sábados, visitando un timo de exposición que estará en la antigua fábrica de cervezas El Águila, en Delicias (también conocida como Biblioteca Joaquín Leguina) hasta el 5 de junio.



Es la segunda vez que este plantígrado antediluviano va a este mismo emplazamiento a visitar un exposición en la que se supone que ofrecen un completo perfil sobre una figura histórica y se encuentra con una mierda pinchada en un palo. La anterior decepción giraba en torno a Carlos III. Esta vez en torno a uno de los estadistas, estrategas y "escritores" más célebres del siglo XX.


En la exposición de Carlos III el Milodón sacó en limpio que al alcalde de Madrid por antonomasia le gustaba mucho cazar pero odiaba la música. En la exposición de Churchill -compuesta de apenas quince paneles explicativos y algunas cartas originales- el Milodón se enteró de que el Duque de Alba (padre, por cierto, de la Duquesa Cayetana) era uno de los grandes amigos españoles de este ilustre (y obeso) Ministro de Defensa (previamente de Economía), miembro de la Casa Spencer (la misma a la que, por otro lado, pertenecía Lady Di) que durante la Segunda Guerra Mundial elevó la moral de sus tropas con encendidos discursos (que tiempo después le valdrían el Nobel).



Churchill y el Duque de Alba antes de jugar un partido de polo en la Casa de Campo de Madrid en 1914.




El Duque de Alba desempeñó por supuesto una concienzuda labor de zapa ideológica con Winston Churchill, a quien convenció de que el gobierno de la Segunda República estaba formado por una panda de inútiles al servicio de los intereses de la conspiración internacional comunista.
A Churchill, conservador y liberal hasta el tuétano -las medidas que tomó durante su primera etapa en el Gobierno británico como ministro de economía son comparadas en esta exposición con las que más tarde pondría en marcha Margaret Thatcher-, escuchar la palabra "comunismo" le producía escozor, picores y malestar; así que el Duque de Alba no necesitó muchas maniobras de persuasión para conseguir que Churchill hablase fatal en la prensa internacional de las cosas que pasaban en este país antes de que estallase la Guerra Civil.
Tan mal, que Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República en 1936 le escribió -una carta muy sentidiña- para invitarle a venir a España a comprobar personalmente que la cosa no estaba tan como se la habían pintado sus amigos aristócratas.



Algunos fragmentos de la correspondencia que Churchill mantuvo con la otra España están en esta exposición, dispuestos de una forma muy triste y pobre, apenas contextualizados. No olvidemos que estamos en el país en el que el barco en el que Franco salía a pescar atunes, el Azor, se ha convertido en el reclamo turístico de un motel de carretera (Bigas Luna, chúpate esa). ¿Rigor documental y respeto a la memoria histórica? Thank you, but no thank you.



Love Boat



Churchill nunca acudió a la llamada de Alcalá-Zamora. A lo largo de la Guerra Civil, su opinión (la de Churchill) y escepticismo frente a la causa roja fue crucial para la postura de neutralidad que adoptaría la comunidad internacional. Cuando la contienda terminó, el Duque de Alba, fue nombrado embajador en Londres. Eso explica, entre otras muchas cosas, que Cayetana Peloslocos se criase los primeros años de su vida en la Pérfida Albión.



Mayfair Lady

Según se cuenta y se documenta con imágenes, que el Milodón no ha conseguido encontrar para mostraros, en la exposición de la antigua fábrica de cervezas El Águila, después de la victoria británica en la Segunda Guerra Mundial, Churchill recibió en su casa la cabeza disecada de un toro con una V grabada en su frente. ¿Quién se la mandaba? Un torero español llamado Manolete. Olé sus huevos.



¿No ardéis en deseos de ver esta película?



Que Churchill recibiese el Premio Nobel de Literatura no habla necesariamente de su altura como escritor. Y si no que se lo pregunten a Kissinger, que recibió el de la Paz (no es broma) en 1973.
Podéis dar cuenta de sus dotes (las de Churchill) como arenguista clicando en este link que os llevará a los discursos más importantes que pronunció en el transcurso de la Guerra que le hizo célebre. La verdad es que es bastante sobrecogedor escucharle pronunciar el nombre "Hitler" reiteradamente (con esa dicción de bulldog tan característica).

También podéis escuchar cómo dice "We shall never surrender" en este impresionante anuncio, que resume los últimos 125 años de historia del Reino Unido y que, por cierto, es un all time favourite milodoniano.









Y hoy que se celebra en Madrid La Noche de los Libros, este plantígrado antediluviano os deja aquí un relato corto que Winston Leonard Spencer Churchill escribió en 1898.

Ese año, en España llorábamos por nuestro desastre colonial; él andaba haciendo sus pinitos como militar precisamente en la Guerra de Cuba.



Podéis ahorraros el paseo hasta la antigua fábrica de cervezas El Águila en Delicias, pero no podéis dejar de leer la prueba definitiva de que, efectivamente, Churchill era un grandísimo escritor.
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¡Hombre al agua!

Traducción: Javier Marías. Extraído de Cuentos Únicos.

Fue poco después de las nueve y media cuando el hombre cayó por la borda.
El vapor correo avanzaba a toda velocidad por el Mar Rojo en la esperanza de recuperar el tiempo que las corrientes del Océano Índico le habían robado. La noche era clara, aunque la luna estaba oculta por las nubes. El aire cálido estaba cargado de humedad. La tranquila superficie de las aguas se veía quebrada tan sólo por la marcha del gran barco, desde cuya aleta las altas y sesgadas ondas salían disparadas como las plumas del astil de una flecha, y en cuya estela las burbujas de espuma y aire levantadas por la hélice formaban un reguero que se iba estrechando hacia la oscuridad del horizonte.
Había un concierto de bordo.
Todos los pasajeros se alegraban de romper la monotonía del viaje y se agrupaban en torno al piano en el salón al final del tambucho. Las cubiertas estaban desiertas. El hombre había estado escuchando la música y acompañando las canciones, pero hacía calor en la habitación y salió a fumar un cigarrillo y a disfrutar de una bocana del aire que levantaba el rápido paso del barco. Era el único aire que levantaba el rápido paso del barco. Era el unico aire de todo el Mar Rojo aquella noche.
La escala real no se había quitado después de dejar Aden, y el hombre salió a la plataforma, como si lo hiciera a un balcón. Apoyó la espalda contra la barandilla y lanzó una bocanada de humo al aire reflexivamente. El piano atacó una vivaz melodía y una voz empezó a cantar el primer verso de "Los Chicos Camorristas". Las acompasadas vibraciones de la hélice eran un amortiguado acompañamiento añadido.

El hombre conocía la canción; había hecho furor en todos los teatros de variedades cuando él había partido para la India siete año antes. Le traía a la memoria la s resplandecientes y bulliciosas calles que no había visto durante tanto tiempo, pero que pronto iba a volver a ver. Se disponía a acompañar el estribillo cuando la barandilla, que había quedado mal sujeta, cedió de pronto con un chasquido y él cayó de espaldas a la templada agua del mar en medio de una ruidosa zambullida.
Durante un segundo su aturdimiento físico fue demasiado grande para pensar. Luego se dio cuenta de que debía gritar. Empezó a hacerlo antes incluso de salir a la superficie. Logró un chillido ronco, inarticulado, medio ahogado. Un cerebro asustado sugirió la palabra, "Socorro", y él la berreó con fuerza, en un frenético esfuerzo, seis o siete veces sin parar.

Luego oyó:

¡Vamos! ¡Vamos!
Abrid paso a los Chicos Camorristas
.

El estribillo le llegó flotando a través del agua calma porque el barco ya había pasado completamente de largo. Y al oír la música una honda puñalada de terror le traspasó el corazón.
Por primera vez su conciencia alumbró la posibilidad de que no lo recogieran. El estribillo empezó otra vez:

Así que yo digo, chicos
¿quién quiere una buena juerga?
Rumba, timba, tunda, ronda,
¿quién quiere beber conmigo?

-¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro! -gritó el hombre, ahora con un miedo mortal.


Por aquí nos gusta un vaso,
por allá bronca y coristas.
¡Vamos! ¡Vamos! Abrid paso
a los Chicos Camorristas.

Las últimas palabras se arrastraron cada vez más débiles. El barco navegaba rápido. El comienzo del segundo verso quedó confuso y quebrado por la creciente distancia. La oscura silueta del gran casco se iba difuminando. La luz de la popa menguaba.
Entonces se echó a nadar tras ellas con furiosa energía, deteniéndose cada doce brazadas para lanzar rolongados y enloquecidos gritos. Las agitadas aguas del mar empezaron a estabilizarse y a quedar de nuevo en reposo y las amplias ondas se convirtieron en rizos. La efervescente confusión de la hélice se elevó con un burbujeo y desapareció. El ruido de la marcha y los sonidos de la vida y la música se desvanecieron. El barco no era más que una luz aislada que se iba apagando sobre la negrura de las aguas y una sombra oscura contra el más pálido cielo. Por fin el hombre cobró plena conciencia y dejó de nadar.
Estaba solo; abandonado.
Al comprender esto le dio vueltas el cerebro. Echó de nuevo a nadar, sólo que ahora en vez de gritar razó; rezos insensatos, incoherentes, las palabras tropezándose unas con otras.
De pronto una luz apareció parpadear y aclararse a lo lejos.

Una oleada de júbilo y esperanza recorrió velozmente su cerebro.Iban a parar: iban a hacer girar el barco y regresar. Y con la esperanza vino la gratitud. Su plegaria era atendida. Entrecortadas palabras de agradecimiento afloraron a sus labios. Se paró y vigiló atentamente la luz, el alma en los ojos. Según la miraba, la luz fue haciéndose gradualmente más y más pequeña. Entonces el hombre supo que su suerte estaba echada.

La desesperación sucedió a la esperanza; la gratitud dio paso a las maldiciones. Golpeando el agua con sus brazos, deliró de importencia. Prorrumpió en horribles juramentos, tan entrecortados como sus plegarias; e igualmente ignorados.
Pasó el arrebato de cólera, apremiado por el cansancio en aumento. Se quedó en silencio: en silencio como estaba el mar, pues hasta los rizos se iban aplacando en la lisa uniformidad de la superficie. Siguió nadando mecánicamente tras la estela del barco, sollozando calladamente para sí en la desdicha del miedo. Y la luz de la popa se convirtió en una mota minúscula, más amarilla pero apenas más grande que algunas de las estrellas, que relucían allí y allá entre las nubes.

Pasaron casi veinte minutos y el cansancio del hombre empezó a tornarse agotamiento. El abrumador sentido de lo inevitable lo oprimía. Con la fatiga vino un extraño consuelo: no tendría que nadar interminablemente hasta Suez. Había otro camino. Moriría. Renunciaría a su existencia, ya que había sido abandonado así. Alzó las manos impulsivamente y se hundió.
Bajó, bajó a través del agua templada. Lo asió la muerte física y empezó a ahogarse. El dolor de aquel salvaje asimiento hizo retornar su cólera. Luchó furiosamente contra él. Agitando brazos y piernas trató de volver al aire. Fue un duro combate, pero salió victorioso y jadeante a la superficie. Lo aguardaba la deseperación. Chapoteando débilmente con las manos, gimió en medio de su amarga desdicha:

-No puedo... Debo. ¡Oh, Dios! Deja que muera.


La luna, que estaba en su tercera fase, se abrió paso entre las nubes que la ocultaban y dejó caer un pálido, suave brillo por encima del mar. Vertical sobre el agua, a cincuenta yardas, había un negro objeto triangular. Era una aleta. Se le acercaba lentamente. Su última súplica había sido escuchada.

3 comentarios:

  1. hola plantígrado. Aquí Mate bajo la insípida máscara del anonimato.
    Para más datos sobre el personaje, sin entrar en contenidos farragosos y de escritura meridiana, consultar la bio sobre Churchill escrita por el gran Sebastian Haffner (edutorial Destino). Winston fue el personaje de la primera mitad del siglo XX. El nobel se debe básicamente a sus memorias. Pero lean, lean este libro que les dará luz sobre el puro.
    Por cierto, aquí tienen un breve resumen que escribí hace un año
    http://puedesconducirmirolls.blogspot.com/2009/11/wch-thb-uks20th.html
    besos!

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  2. Gracias Alberto!!! No olvido ese día que te vi entrar en el Vips con la Brompton en una mano y las memorias del amigo Churchill en otra... Muero por leerlas!
    Besarracos!

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  3. Aquí un admirador del turbulento personaje que no conocía esa relación con el padre de Layetana. Por cierto, anunciaco

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