martes, 8 de febrero de 2011

Bisbal en el templo de Debod

"No pasarán"

El día que el pueblo egipcio se lanzaba a las calles de El Cairo a la conquista de un nuevo sistema político para su país, David Bisbal hacía un comentario delirante sobre lo tristes y solas que se habían quedado las pirámides sin turistas.
Todo dios se le echaba encima, poniéndole perdido de bilis, como si la mayor parte los escenarios de la geopolítica mundial no fuesen para todos nosotros poco más que eso: destinos turísticos, lugares de paseo.

Los jóvenes egipcios blanden banderas por las calles de El Cairo para llegar a la Plaza Tahrir. Por las calles de El Cairo, y en sentido contrario, los jóvenes europeos tiran de maletas con ruedas para llegar al aeropuerto.


Un dúplex

Para los jóvenes europeos la maleta con ruedas es el símbolo de la revolución.
La revolución individual e individualista que es irse de casa para cosechar un diploma universitario o disfrutar de una beca erasmus. La revolución personal de emanciparse, y mudarse, y arrejuntarse, y amancebarse, para al final, separarse.

Sobre las dos ruedas de una maleta uno lleva la vida a cuestas.
Ahí vamos: a mudarnos por enésima vez, a pasar un fin de semana a Caños de Meca, a hacer una visita al domicilio familiar, a cumplir con un compromiso de trabajo, a comprar unas Wayfarer de pega y unos relojes falsos al Chinatown neoyorquino.
En el barrio chino de Nueva York el Milodón ha visto a negrazos con enormes maletas de ruedas abiertas de par en par, que como cofres del tesoro, rebosan imitaciones de Gucci, Dior y Vuitton. Cuando aparece la policía, los negrazos cierran prestos los cofres y echan a correr con las maletas, que al estar provistas de ruedas, les siguen con la misma diligencia con la que ellos corren.

No hace mucho que las maletas no tenían ruedas.
El Milodón, que aún no es viejo, recuerda perfectamente lo penoso que era subir desde la estación de tren de Santiago hasta la cúspide del ensanche compostelano su macuto de estudiante lleno de libros, ropa y -camuflados dentro del papel de aluminio- embutidos bercianos (gracias a los que el lluvioso invierno se hacía más llevadero).
Tampoco fue siempre tan fácil viajar.

Howard Carter: "Entra tú primero, que ya yo voy ahora"

Hubo un tiempo -muy anterior a la llegada a nuestras vidas de Ryanair y de los vaqueros lavados a la piedra- en que el del viaje aún era un privilegio reservado a conquistadores, exploradores o científicos. En la Residencia de Estudiantes hay una exposición hasta el día 24 de abril en la que se presenta a "arqueólogos, geógrafos, antropólogos u hombres de acción" como Howard Carter (que descubrió la tumba de Tutankhamon), Charles Leonard Woolley (que hizo lo propio con la ciudad bíblica de Ur, en Mesopotamia), Hugo Obermaier (que entró un día en las Cuevas de Altamira y se quedó pillado con las pinturas rupestres el resto de su vida) o Joseph Hackin (que dio a conocer al mundo los budas gigantes de Bamiyán, en Afganistán). Ellos y las leyendas que se formaron en torno a ellos tienen la culpa de la idealización del viaje como experiencia total. Ellos, que aparecen luciendo bigotito, pajarita y rodeados de los mugrientos lugareños que excavaban ahí donde ellos -tan señoritos- señalaban con el dedo, son los que hicieron pensar a la gente que viajar era igual a descubrir civilizaciones antiguas y exóticas.
Ellos subieron el Everest, pero no tuvieron que pasar los controles de seguridad del aeropuerto de Barajas.


En España ya se sabe que la culpa del turismo la tiene Manolo Fraga. Como los exploradores de tradición victoriana, fomentó un mito para excitar la imaginación de los viajeros: las suecas. A Fraga le bastó poner un nombre marketiniano a las costas ibéricas (del Sol, de la Luz, Blanca, Brava...) para convertirlas en el Walhala. En los setenta, como muy bien documentan esos guardianes de nuestra memoria histórica apellidados Alcántara, los españoles de clase media sólo iban al extranjero para dos cosas: abortar o ver pelis porno.

El que quería saborear el exotismo del lejano oriente por amor al arte siempre podía darse un paseo hasta el Templo de Debod, un regalo de más de 2.200 años de antigüedad que Egipto hizo a España "en compensación por la ayuda española tras el llamamiento internacional realizado por la Unesco para salvar los templos de Nubia [...] en peligro de desaparición debido a la construccion de la presa de Asuán", cuenta Wikipedia, que además, como quien no quiera la cosa, deja caer estas líneas tan misteriosas que hacen alusión al proceso por el que el templo llegó a manos españolas: "Tras una cesión diplomáticamente compleja, llena de luces y sombras, en la que el prestigio y el dinero de instituciones y organismos oficiales estuvieron en entredicho". Typical Spanish.

Esta foto la hizo el Milodón un domingo

El Templo de Debod se colocó sobre el solar donde estuvo el Cuartel de Montaña, una edificación militar en la que se inició la sublevación militar de 1936. Fue cuando el General Fanjul (nacional) se puso chulo, acudió al mencionado cuartel, se hizo fuerte con 1.500 de sus hombres y en lugar de salir con las tropas a las calles para tomar los puntos vitales de la capital, proclamó simplemente el estado de guerra. Y los Republicanos les dieron pa'l pelo.
Así que ahí, donde vosotros os coméis tranquilamente un paquete de pipas los domingos, mientras paseáis y contempláis los restos de la civilización egipcia, murieron entre 500 y 900 personas


¿A que vosotros no lo sabíais?
¿Veis como Bisbal no es tan malo?

8 comentarios:

  1. El ruido de cientos de ruedecicas de maleta-trolley por la acera, calle Hórreo arriba, es la peor forma de tortura que se me viene ahora mismo a la cabeza…

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  2. Era una agonía subir la maleta -sin ruedas- hasta el Ensanche. Pero lo peor fue que mi maleta con ruedas llegó al mismo tiempo que mi mudanza a la zona vieja y entonces tenía que subirla por las escaleras aquellas chunguísimas... eso sí que era agonía.
    Por el resto, comparto todo lo que dices. Bisbal dice la chorrada de las pirámides y el resto no la decimos pero allí está todo el país en la calle y nosotros seguimos de fiesta y planeando a dónde vamos en verano, sea a Egipto o a Marina D'Or.

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  3. Mi amigo Alberto Echavarría me ha puesto un comentario en Facebook sobre este post que me parece especialmente interesante, así que lo pego aquí!

    "Notas varias... la maleta de dos ruedas está en proceso de desaparición, el futuro son las cuatro ruedas. Carter y su equipo palmaron en extrañas circunstancias después de encontrar la tumba de Tutankhamon por pura casualidad. Los budas gigantes de afganistan ya no existen desde que los talibanes los dinamitaran. Mi padre era el jefe de maquinas del barco que trajo el templo de Debod en barco desde Alejandría a Valencia. Y por último Bisbal no tiene ni pajolera idea de que pasa en Egipto como la mayoría del planeta, especialmente los propios egipcios."

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  4. Enfrente del templo está frutas Rosita, mi frutería amiga, muy recomendable. Ahora mismito voy para allá a surtirme. Saludaré al templo de tu parte.

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  5. A ti lo que te pasa es que te encanta el anuncio de Bisbal y Nocilla, que te conozco!

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  6. ‎http://www.youtube.com/watch?v=3criLbqGdXw
    "porque lo bueno es compartir, disfrutar la vida y ser feliz"

    quién es el guapo de cara que no está de acuerdo con esa aseveración de bisbi?!

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  7. 1. Poniendo el tema de Bisbal en su sitio. Muy bien

    2. El domingo pasado arrastré una maleta con ruedas por las calles de Santiago-Ensanche. Suenan como siempre

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  8. uuh k buenok esta xD....!!!! me lo comia cn xocolate jjijiijijijjiji

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