martes, 14 de diciembre de 2010

Almagro, 38



A las cuatro de la mañana, subido en la parte trasera de un coche, con las neuronas flotando suavemente en un charco de enebro, el Milodón atraviesa la Gran Vía hacia casa. La Cibeles brilla como un espejismo nocturno. La Castellana es un río arborescente. El neoclásico luce, efectista, reflejado en los muros de cristal de los edificios de oficinas. Colón señala al infinito. Fantasmas de tecnócratas se pasean por los arcos de Nuevos Ministerios. Y la ciudad corre a los lados, tan bonita, que hasta Sabina se quedaría callado (por fin).
¿Cómo es posible que los taxistas de Madrid tengan el alma tan arrugada, contemplando esta visión todas las noches?

8 comentarios:

  1. Qué bonito es Madrid, hay que decirlo bien alto, copón!

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  2. Yo ya renuncio a entender esa inmunización de los taxistas ante la belleza madriñela. Cuando, paleta de mí, llegué a Madrid las primeras veces me quedaba embobada ante la estampa nocturna y, si iba en taxi, no dudaba en compartir mi admiración con el taxista. La respuesta indiferente del susodicho siempre era la misma: "Bueeennooo...".
    En fin, inmunizados del todo...

    Anónima Matritense

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  3. La que sale del coche me recuerda a alguien ;)

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  4. El Ayuntamiento debería volver a la plaza de la Villa. A las calles rodeadas de tabernas y callejones donde antes se lanzaban los esputos y los despojos por las ventanas al grito de allá va. Y cuando allí estuviese el consistorio el Mylodón debería asomarse a la ventana y decir aquello de: "Como alcalde vuestro que soy...".

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  5. será porque llevan doce horas trabajando

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  6. ya. yo hay días que curro catorce.
    echaba de menos ese tipo de demagogia por aquí

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  7. Si se trata de demagogia allá vamos:
    Doce horas dando rodeos y metiendo sablazos.

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