miércoles, 17 de noviembre de 2010

Le Corbusier, el enano herreriano





Este señor pequeñaco que véis aquí arriba es Le Corbusier en 1928 subido a una bola de piedra de El Escorial. Parece ser que quedó tan impresionado por la obra herreriana en su visita al monasterio que ésta fue su inspiración principal en un proyecto megalómano (claro), llamado Mundaneum, que nunca llegó a construir pero sobre el que podéis descubrir muchas cosas interesantes clicando aquí.

Tom Wolfe cuenta en esa obra desmitificadora de arquitectos titulada Quién teme al Bauhaus feroz que en la mítica escuela de diseño, arte y arquitectura habían llevado el principio de "menos es más" a tal extremo que entre los estudiantes estaba mal visto (casi prohibido) condimentar la comida con especias o con salsas. Se consideraba de mejor gusto, más racional, menos ostentoso y por lo tanto más menos, cocinar la comida sólo con ajo. El resultado, según Tom Wolfe, es que los miembros de esta comunidad creativa despedían todos sin excepción un cierto tufillo a aliina y disulfuro de alilo, es decir: a ajazo.


No sabemos si le gustó Madrid al gurú de la Bauhaus amante del herreriano. Lo que sí parece bastante probable es que tuviese menos problemas con el universo aromático capitalino que Victoria Beckham.

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