domingo, 27 de junio de 2010

Las bicicletas son para los afiladores (o una visita al Bernabeu)


Él nunca hizo spinning


¿Habéis hecho spinning en alguna ocasión? Para los que contestéis no y además no sepáis en qué consiste la cosa el Milodón os ofrece una definición rápida: una rave party a lomos de una bicicleta.


Y ahora una explicación un poco más elaborada.


El pasado miércoles, por cuestiones de trabajo que no vienen al caso, el Milodón se sumó a un acto deportivo solidario (sic) que tuvo lugar en ese templo del capitalismo futbolístico, ese Museo de Copas de Europa, ese circo romano futurista llamado Santiago Bernabeu.



Culés todos: se siente

Unos sesenta incautos nos reunimos en la terraza de la Cafetería del estadio para pedalear a toda hostia sobre bicicletas estáticas al ritmo de tonadillas dance. El maestro de ceremonias era un tal Quim Forteza, un señor que por lo visto es entrenador de ciclistas profesionales, y que durante una hora y media se dedicó a jalearnos en modo sacerdote de secta para que no parásemos de generar electricidad con nuestras piernas. Nos hacía movernos al ritmo de la música y bajar o subir la resistencia de los pedales en función del tempo de las canciones, nos arengaba si flaqueábamos, nos hacía aplaudir y agitar en el aire nuestra toalla y nos invitaba a aullar de entusiasmo. Vamos, que el personaje de Tom Cruise en Magnolia era un pringado al lado de este tío.




Una frase que repetía mucho era: "Recordad que ésto es la carretera".


El hecho de que este señor se empeñase tanto en sugestionar a su parroquia de ciclistas para hacernos creer que no estábamos hacinados sobre filas de bicicletas inmóviles colocadas en un espacio de 50 metros cuadrados sino con nuestros cabellos al viento por la ancha Castilla, no dejó de parecerle paradójico al Milodón, quien de pronto quiso arrancar del suelo las ruedas de su velocípedo y salir de allí como si le persiguiese una legión de matones a sueldo financiada por Florentino Pérez.


¿Por qué nuestra civilización se ha empeñado en crear imitaciones de la vida en lugar de vivir?
¿Por qué ponerse sobre una cinta transportadora en una sala de gimnasio en lugar de echarse una carrerita por la Dehesa de la Villa?


Creed al Milodón si os dice que asistir a una sesión de spinning es como pasarse la tarde podando un jardín de flores de plástico. Aunque el jardín sea el Bernabeu.







Una de las cosas que el Milodón adora de Madrid es que, aunque es una ciudad en el sentido más urbano de la palabra, de vez en cuando en el medio de su tapiz de hormigón, de su tráfico endemoniado, de su burbuja de calor, se abren grietas rurales que a uno le hacen recordar que el mundo una vez fue un lugar donde la vida era mucho más amable.


Esta mañana, remoloneando en la cama, todavía intentando quitarse de encima los restos de una noche de verano, el Milodón escuchó el silbido escalonado de una afilador que pasaba bajo su ventana con una bicicleta equipada con todos los enseres necesarios para convertir los cuchillos de cualquier cocina en katanas asesinas.


Ese afilador que aún se hace un hueco con su vehículo de dos ruedas en una ciudad de seis millones de habitantes es como una hierba que se abre paso dentro de una grieta de una piedra, como las plantas que crecen en las cuencas de los canalones o las hormigas que suben hasta un octavo piso: auténtica vida.

4 comentarios:

  1. Hombre, ya era hora. Por fin una referencia a ese maestro del humor español, Florentino Fernández.

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  2. Jajaja! ES VERDAD!
    Voy a subsanar el error ahora mismo, melón.
    Te han gustado las nueve copas, eh? Esas me las bebo yo seguidas y sin respirar llenas de roncola. A la salud de Messi y Guardiola.

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