lunes, 19 de abril de 2010

Extraña victoria (La Nana y los Cines Verdi)


¿Por qué ya no venden Chimos en los cines?

Uno de los cines que al Milodón le gustan más de Madrid es el Verdi, en Bravo Murillo. Hay varias razones: que está en el barrio, que es pequeño, que ponen películas muy bonitas en versión original, que forma parte de la red europea de salas, que dan unas hojitas con sinopsis, crítica y entrevista al director muy interesantes (que uno no debe leer nunca antes de ver la película), que el chico que vende las palomitas es muy majo (y bastante guapo, aunque con una larga melena rubia a lo Légolas bastante difícil de descodificar), que el acomodador lleva camisetas de Subpop...

"Vente aquí pacá que te voy a clavar 4 euros por las palomitas a ritmo de Sebadoh"

Ayer el Milodón añadió un punto más a la lista de síes: que en la sesión de las seis de la tarde hay muchísima gente mayor de cincuenta años.

Ésto, para el Milodón, un bicho que creció en una pequeña ciudad del Noroeste, donde los cines eran el refugio de adolescentes ansiosos por darse la mano o besos con lengua, no deja de ser una sorpresa. Allí el cine no era país para viejos.

En la sesión de las seis del domingo de los Cines Verdi había mucha gente que lleva ya tiempo disfrutando de las ventajas de ese Estado de Bienestar al que tan de moda se ha puesto sacarle los colores. Gente con achaques, con pelos blancos -casi azulados-, con manos venosas y abrigos de franela antigua -que no vintage- sacaba entradas para películas minoritarias con el desparpajo con el que otros -algunas décadas más jóvenes- se compran las zapatillas de moda.

El Milodón, con mucho desparpajo, se sacó una entrada para la película chilena de moda que, aprovechando la coyuntura, recomienda enfervorecidamente desde aquí.

Lo sé, tengo pinta de asesina. Pero no.

Se titula La Nana y cuenta sin prisa pero sin pausa (sin drama, pasión o aspavientos, sin aparente intervención) la vida de una empleada del hogar que trabaja a tiempo completo en la casa de una familia burguesa de clase alta en Santiago de Chile.

Esta Nana, representa la versión contemporánea de esa figura que en España fue encarnada durante tantos años por Gracita Morales y que, aunque en aparentes vías de extinción en la Península, aún sigue existiendo, sobre todo en algunos distinguidos barrios madrileños.



La Nana de esta película llegó desde el pueblo a la gran ciudad siendo una chavalina para empezar a trabajar al servicio de la misma familia durante veinte años.

No ha conocido otra vida que la de vida de esos para los que ha trabajado y no ha visto otro mundo que el que los ojos de ellos -cultos, guapos, excéntricos, algo bohemios- le han dejado ver. Extrañada de su casa, confinada en el dormitorio más pequeño del chalet, lejos de su familia, se ha hecho vieja viviendo la vida de los otros. Ella ha criado a esos niños, que en realidad no son sus hijos, ha levantado esa casa, que en realidad no es su casa y ha cohesionado a esa familia, de la que en realidad no forma parte.


La película es un documento único que nos deja ver la extraña relación de amor y sometimiento (una especie de síndrome de Estocolmo) que la "chica", la "chacha", la "nana", desarrolla para con esa familia que no es su familia. La película nos muestra también el cariño enorme que la familia le profesa a ella, aunque siempre emborronado por una distancia insalvable: el desdén de clase. Los pequeños -y sinceros- premios con los que la sorprenden de vez en cuando (regalos de cumpleaños, apodos cariñosos, ayudas económicas) siempre son la antesala para sutiles desprecios que le hacen recordar cuál es su sitio.

Visto en la Calle Zurbarán

Al salir del Cine Verdi y mirar a su alrededor, este domingo, el Milodón sintió una extraña sensación de victoria. La gente mayor de este país ya se atreve a disfrutar de tardes de cine.

Y ya casi no se construyen casas con puerta de servicio.


4 comentarios:

  1. suscribo todo lo tocante a los verdi
    son los mejores cines de madrid
    y los acomodadores, encantadores
    a mí no sólo me dejan meter mi bici sin rechistar
    (es plegable, aclaro, a ver si ahora la peña va a intentar colar caballos de acero)
    sino que se ofrecen a guardármela para mi mayor comodidad
    además el de la melena esta que dices va a otros cines en sus ratos libres:
    yo le he visto en los ideal alguna tarde de domingo...

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  2. Milo no me olvidé, me han perdido los papeles...

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  3. Tapir, tendré que echar un ojo en los Ideal... je, je

    Berti's, no doy crédito!

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  4. Venimos de ver esta peli y con la otra Raquel nos acordamos de ti.
    un besiño

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