viernes, 30 de abril de 2010

Parecidos razonables (o el Síndrome Asimov) - 3 - Hoy: Coldplay

El Milodón se aleja de su cueva madrileña este fin de semana para irse a Galicia.

Y por ello aprovecha para poner sobre la mesa un ignominioso hecho: este polluelo de apariencia inofensiva que podéis ver en el fotograma de aquí abajo, este chaval de Exeter que se casó con una actriz pija del Upper East Side neoyorquino y se volvió completamente gilipollas, este imberbe Chris Martin atracó a mano armada a Andrés do Barro -prócer músicovocal da lingua galega- para hacer el vídeo de Yellow.





Qué baladón, Andrés: for you i'd bleed myself dry.



martes, 27 de abril de 2010

El Museo Sorolla: un plan que se te va la olla



"Señoras que decoran sus paredes con pintores valencianos"

Ahora que parece confirmado que la primavera no va a pasar por Madrid, sino que directamente va a llegar el verano salvaje de sol/estufa de butano, ha llegado el momento de que el Milodón os proponga un plan con el que desde hace tiempo quería deleitaros y que, seguro, os encantará en una tarde soleada de asueto.

Lo razonable en estos casos sería irse a una playa como la que podéis ver en el cuadro de la parte superior, pero como en Madrid aún no han resuelto aquel dilema ontológico que hace ya años propusieron The Refrescos (vaya, vaya), hay que buscarse alternativas.

Y una alternativa muy interesante es la visita a la Casa Museo de Sorolla.
Sí, el pintor con la rima más fácil de la lengua espanyola.
Sí, Goya también soporta la rima fácil, pero con una falta de ortografía.

Sorolla, me Welles a...

Pues bien, Joaquín Sopolla Bastida era un señor valenciano que se parecía mucho al director de Ciudadano Kane. Estudió Bellas Artes y pintó unos cuadros muy bonitos que gustan mucho a las madres y que quedan fenomenal en los calendarios.

Sorolla, que era de familia bien y que gracias a sus vacaciones en Biarritz hizo muy buenos contactos y gracias a sus estancias en Roma y en París aprendió muchas cosas sobre las corrientes pictóricas de finales del siglo XIX y principios del XX, pero sobre todo de los pintores nórdicos (de los que aprendió las técnicas para crear la luz de sus paisajes marinos, tan característica) tuvo muchísimo éxito comercial, especialmente después de su paso por la Exposición Universal de París.

Como era muy comercial y más listo que un conejo, siempre estuvo muy cerca del poder. Sin irmás lejos, al bisabuelo del Rey ya le encantaban sus retratos. Y una vez le firmó un autógrafo muy cariñoso.


Los Borbones siempre tan campechanos...

Dado que siempre estuvo cerca del poder y a los jefes de estado les encantaban sus maneras, se forró. Y como se forró, se construyó un casoplón muy bonito, diseñado por él mismo, con exhuberantes jardines que trazó inspirándose en diferentes sitios que había visitado, como por ejemplo la Alhambra o el Generalife.

Una parte de los jardines del museo.

En 1910, la zona donde se construyó este chalecito tan cuco era el extrarradio de Madrid. Pero hoy en día, esta especie de oasis secreto está encapsulado entre altos edificios en medio de la calle General Martínez Campos. Y ahí reside su gracia.

Una de las fuentes en el jardín. No sabía nada Sorolla...

La entrada para ver la colección cuesta tres euros. Pero estar sentado en el jardín leyendo un libro o jugando a Piedra, Papel o Tijera es totalmente gratis.

Si de pequeños os gustaban los Polly Pocket, si siempre habéis sentido debilidad por los Nabuconodosorcitos, si os encantaban los neones de color verde entre las plantas de las cafeterías y vuestro sueño era tener una fuente borboteando en el patio interior de vuestra casa, no hay duda: con el Museo Sorolla se os irá la... calor.


domingo, 25 de abril de 2010

La realidad (y el deseo)


No hay tantas sillas diferentes ni el Design Museum

La Realidad es un bar nuevo de Malasaña, que está en el número 51 de la Corredera Baja de San Pablo. Se autodefine como un "experimento que se construye a medida que avanza". Promete: como lugar donde van a pasar cosas, como espacio donde van a surgir ideas.

Algunos de sus socios fundadores son escritores, poetas o periodistas y es de suponer que han querido recurrir a una irónica interpretación de la palabra "realidad", ese concepto que en todas las escuelas de periodismo se enseña (y se ensaña) que no existe.

Exista o no, la realidad es que hoy domingo, el periódico en el que trabaja uno de los socios fundadores de La Realidad costaba 30 céntimos más que el pasado domingo. 30 céntimos parlanchines, porque nos dicen muchas cosas: que la prensa escrita está en crisis, que los dueños del periódico más vendido de España tienen mucho morro, que PRISA va a refinanciar su deuda con los bancos (sé que os encantará este link) pero también con todos nosotros y que, en realidad, falta eso que a La Realidad le sobra: ideas.

Ideas en el sentido de credos, claro. Las posturas ideológicas, las tomas de partido, se han perdido en la medianía de la corrección política: son demasiados los implicados en el negocio publicitario y la sombra de la crisis es alargada.

Pero sobre todo ideas en el sentido de ocurrencias. Qué aburrido es leer el EPS. Aunque hablen de Twitter y de redes sociales y le pidan a Mariné que ilustre el tema.

Zzzzzz...

No se trata de que los medios digitales se estén comiendo al papel. Es que el papel se está autoinmolando.

Aquí tenéis a Robert Zimmerman, a.k.a., Bob Dylan, poniéndole los puntos sobre las íes a un periodista de Time. El Milodón vio este vídeo recientemente en el blog de Las Charades (quienes, por cierto, van a hacer un Concert a Emporter para La Blogotheque) y no ha podido evitar pensar en la brecha entre la realidad y el deseo: ojalá estas palabras no estuvieran tan vigentes.




lunes, 19 de abril de 2010

Extraña victoria (La Nana y los Cines Verdi)


¿Por qué ya no venden Chimos en los cines?

Uno de los cines que al Milodón le gustan más de Madrid es el Verdi, en Bravo Murillo. Hay varias razones: que está en el barrio, que es pequeño, que ponen películas muy bonitas en versión original, que forma parte de la red europea de salas, que dan unas hojitas con sinopsis, crítica y entrevista al director muy interesantes (que uno no debe leer nunca antes de ver la película), que el chico que vende las palomitas es muy majo (y bastante guapo, aunque con una larga melena rubia a lo Légolas bastante difícil de descodificar), que el acomodador lleva camisetas de Subpop...

"Vente aquí pacá que te voy a clavar 4 euros por las palomitas a ritmo de Sebadoh"

Ayer el Milodón añadió un punto más a la lista de síes: que en la sesión de las seis de la tarde hay muchísima gente mayor de cincuenta años.

Ésto, para el Milodón, un bicho que creció en una pequeña ciudad del Noroeste, donde los cines eran el refugio de adolescentes ansiosos por darse la mano o besos con lengua, no deja de ser una sorpresa. Allí el cine no era país para viejos.

En la sesión de las seis del domingo de los Cines Verdi había mucha gente que lleva ya tiempo disfrutando de las ventajas de ese Estado de Bienestar al que tan de moda se ha puesto sacarle los colores. Gente con achaques, con pelos blancos -casi azulados-, con manos venosas y abrigos de franela antigua -que no vintage- sacaba entradas para películas minoritarias con el desparpajo con el que otros -algunas décadas más jóvenes- se compran las zapatillas de moda.

El Milodón, con mucho desparpajo, se sacó una entrada para la película chilena de moda que, aprovechando la coyuntura, recomienda enfervorecidamente desde aquí.

Lo sé, tengo pinta de asesina. Pero no.

Se titula La Nana y cuenta sin prisa pero sin pausa (sin drama, pasión o aspavientos, sin aparente intervención) la vida de una empleada del hogar que trabaja a tiempo completo en la casa de una familia burguesa de clase alta en Santiago de Chile.

Esta Nana, representa la versión contemporánea de esa figura que en España fue encarnada durante tantos años por Gracita Morales y que, aunque en aparentes vías de extinción en la Península, aún sigue existiendo, sobre todo en algunos distinguidos barrios madrileños.



La Nana de esta película llegó desde el pueblo a la gran ciudad siendo una chavalina para empezar a trabajar al servicio de la misma familia durante veinte años.

No ha conocido otra vida que la de vida de esos para los que ha trabajado y no ha visto otro mundo que el que los ojos de ellos -cultos, guapos, excéntricos, algo bohemios- le han dejado ver. Extrañada de su casa, confinada en el dormitorio más pequeño del chalet, lejos de su familia, se ha hecho vieja viviendo la vida de los otros. Ella ha criado a esos niños, que en realidad no son sus hijos, ha levantado esa casa, que en realidad no es su casa y ha cohesionado a esa familia, de la que en realidad no forma parte.


La película es un documento único que nos deja ver la extraña relación de amor y sometimiento (una especie de síndrome de Estocolmo) que la "chica", la "chacha", la "nana", desarrolla para con esa familia que no es su familia. La película nos muestra también el cariño enorme que la familia le profesa a ella, aunque siempre emborronado por una distancia insalvable: el desdén de clase. Los pequeños -y sinceros- premios con los que la sorprenden de vez en cuando (regalos de cumpleaños, apodos cariñosos, ayudas económicas) siempre son la antesala para sutiles desprecios que le hacen recordar cuál es su sitio.

Visto en la Calle Zurbarán

Al salir del Cine Verdi y mirar a su alrededor, este domingo, el Milodón sintió una extraña sensación de victoria. La gente mayor de este país ya se atreve a disfrutar de tardes de cine.

Y ya casi no se construyen casas con puerta de servicio.


miércoles, 14 de abril de 2010

¿Dónde estás, primavera?

Hoy Jota de los Planetas ha dicho en uno de esos encuentros digitales de El País que si fuera de Madrid, en lugar de haberse inspirado en el universo sonoro del flamenco, se hubiera dejado llevar por el Chotis.

Seguro que en Granada a estas alturas de la primavera no está lloviendo.

A este ritmo no van a florecer los nardos.

lunes, 12 de abril de 2010

Lo que nunca se contó del Rockola

"Pues yo no he sido"

Este viernes en un bar de La Latina en el que olía a chotuno, Lila -muy versada en noches madrileñas- le confesó al Milodón que ese caldofrán no eran nada comparado con el hedor que siempre le acompañaba en su local favorito de juventud: "Llevo grabado en el hipotálamo aquel tufo, mezcla inefable de humedad, sudor y cañerías".

Templo de la Movida. Hogar berlanguiano. Agujero almodovarista. Santuario postmoderno. Refugio de raros. Faro de occidente. Nadie dice que no.

Pero el Rockola olía a culete.

lunes, 5 de abril de 2010

El triunfo de la Gallardonidad (y los aros de cebolla de la Cafetería HD)



"No sé si comprarme un Antonio López o un abanico"


El Milodón cierra los ojos y aún escucha cornetas y tambores. Después de haberse dejado llevar con buen ánimo por las costumbres celtibéricas y haberse bebido unos cuantos litros de limonada (un brevaje muy Luiscarandelliano, consitente en vinaco más bien ramplón aderezado con frutas, azúcar y canela - me agarro un pedo de nuevo de sólo escribirlo) regresa de las vacaciones con el cráneo en forma de capirote. Y feliz de haberse reencontrado con el bizarrismo que aún campa a sus anchas en muchos pueblos de esta de nuestra piel de toro.

Aquí el Hombre: subió la Gran Vía desde Banco de España hasta Callao en pleno mes de agosto y así se quedó.

Pero ayer a eso de las once de la noche, justo cuando al Milodón se le estaba poniendo la cara de una talla de Juan de Juni, con los ojos así vueltos para arriba, de recordar algunos rituales tradicionales de la Semana Santa (algunos de ellos tan paganos como ese de jugar a las chapas) va el alcaldísimo de esta la capital de EspaÑa, Albertito Querido, y con un tortón en forma de alegato en pro de la modernidad le baja de su nube folklórico-telúrica .

Se cumplen 100 años de la Gran Vía y dice el Alcalde en un editorial firmado en el diario ABC, que esta avenida y sobre todo las obras que la hicieron posible -y que en su día fueron tan denostadas- representan el triunfo del progreso.

Hay que ver lo que te gusta una obra, Albertito.

Alfonso XIII mirando unos planos de la M30

Habla Ruiz-Gallardón del comercio, de la sociedad de servicios, de las industrias culturales, del ocio y del entretenimiento. En un su frenesí laudatorio cita ora los cines, ora las librerías, ora los teatros, ora los musicales, ora...
Ora por nosotros, Carlos III.

Porque si lo que actualmente uno se puede encontrar en La Gran Vía son las "flores nuevas y valiosísimas que la Gran Vía ha dado como primicia a los españoles durante decenios, combinando exigencia y prestigio, y también, como es ley en Madrid, sencillez" (sic) es el momento de irse encomendando a alguna talla de madera...

No será el Milodón quien niegue la condición de la Gran Vía como hervidero. Hervir, hierve. Sobre todo el sábado por la tarde. Pero si le pasamos un plumerito rápido a la pátina de romanticismo e intentamos no escuchar a Juan Cruz hablando de Ava Gardner, en seguida descubrimos que lo que bulle no es vida sino:

  • Multinacionales -del vestir y del comer- presentes en cualquier ciudad mediana o grande del mundo que han copado los locales con más valor histórico (y que al menos han salvado a esos locales de la pira, todo sea dicho).
  • Tiendas de souvenirs desangeladas en las que la luz de neón es el detalle más sutil.
  • Cafeterías impersonales pertenecientes a cadenas también multinacionales (vaya por delante que en esta categoría no se incluye el Nebraska).
  • Teatros con musicales franquiciados (e infumables).
  • Cines (aquí no hay ni un pero)
  • El Palacio de la Música cayéndose a trozos.
  • Un rosario de pensiones sobre las que da muchos escalofríos y bastante asquito pensar.
  • El siempre surrealista, incomprensible y hortera escaparate de la Fundación Telefónica.
  • Ah! Y se nos quedaba en el tintero esa cosa llamada Museo Chicote (¿A que nadie se le ocurre que el Kat'z Delicatessen, la charcutería con más carisma de Nueva York, se llame Museo de Katz's Deli?)
Todo esto, como dice Gallardón, es muy moderno, efectivamente. Moderno: "Perteneciente o relativo al tiempo de quien habla".

La musa, esa fulana

La Gran Vía es un engendro de nuestro tiempo. No porque haya putas. Ni porque sea ruidosa. Ni porque brillen neones. Ni porque actúe en sus teatros Loreto Valverde.

Es un engendro porque le han borrado la personalidad.

Y por esto, el Milodón, que es un enamorado confeso de esta ciudad aprovecha este post para recomendarles que vayan un día a cenar o a comer a un sitio con mucha personalidad. Se llama HD. Es una antigua cafetería de los años sesenta que acaba de ser reformada. Los dueños han respetado el interiorismo y la decoración pero han añadido unos camareros muy guapos. Han hecho que el sitio parezca muy moderno y a la vez ranciete. Han hecho que el sitio sea encantador y molón, pero sin caer en la gentrificación. Han resucitado un lugar que de otro modo estaría más muerto que los Cines Rex.



Detalle de calidad: ponen unos aros de cebolla (que se mojan en una salsa de vinagre y miel) que representan el triunfo de la modernidad, pero a saco.