lunes, 8 de febrero de 2010

Modernidad, divino tesoro (o el botafumeiro de Lee Ranaldo)

Pisar una alfombra de vinilos bien vale un viaje al extrarradio.

"A mi los modernos me intimidan", le comentaba el pasado martes un amigo al Milodón mientras conducía hacia Móstoles, ya caída la noche, por esas sórdidas carreteras de circunvalación que acorralan Madrid en un abrazo de asfalto. El Milodón le decía, desde el asiento de copiloto: "Es curioso, yo siempre te tuve a ti por un moderno. Cuando todo el mundo en el pueblo lo flipaba con Quadrophenia, tú vestías la parka más molona del barrio. Cuando los demás seguían jugando al fútbol en el patio del Colegio tú hablabas en aquel programa de radio en una emisora pirata. Cuando los niños del colegio me grababan cintas de Los Rodríguez, tú comprabas siete pulgadas en el Club del Single y tenías esparcidos en el suelo del salón de casa los vinilos de Sonic Youth".

Sonic Youth. Ellos son la razón por las que nos movíamos a toda velocidad entre centros comerciales, naves industriales, concesionarios de coches... Íbamos a la inauguración de una exposición titulada Sensational Fix, en el Centro de Arte Dos de Mayo, en la que se resumen a través de diferentes manifestaciones artísticas -pinturas, esculturas, instalaciones- los treinta años de historia de esta banda de neoyorquinos que, según dicen por ahí, con su actitud y su talento se convitieron en los padres fundadores de eso que en las últimas décadas se ha llamado escena alternativa .

"Alcorcón está antes o después", nos preguntamos. "Creo que nos hemos pasado de salida".

El extrarradio aturde más que un disco de Sonic Youth a 2000 decibelios. Todas las urbanizaciones parecen la misma urbanización. Todos los polígonos industriales, el mismo conglomerado de rótulos y muros metálicos. Cuando llegamos a Móstoles, el amigo del Milodón dice: "Las ciudades como Móstoles a lo máximo que pueden aspirar es a ganar la Escoba de Plata".

"Oiga, ¿y puedo cambiar el cerdo agridulce por pollo con almendras?"

Al llegar a la sala de exposiciones, había tal tumulto de mediopensionistas en la puerta que por un momento el Milodón y su amigo dudaron si se trataba de un congreso de "Señoras que". Pero cuando vieron a Lee Ranaldo dándose la fiesta de la distorsión al golpear con un arco de violín una guitarra colgada del techo por medio de un grueso cable metálico, a modo de botafumeiro noise y a Enrique Morente frontándose las patitas a su son mientras dejaba escapar unos increíbles quejidos flamencos que parecían venir del más allá, sospecharon que, efectivamente, aquello podía ser un evento (¿ha aceptado ya esta palabra -evento- la RAE?) moderno. Las dudas quedaron totalmente despejadas cuando se encontraron por allí rondando a Christina Rosenvinge. Y a cinco millones de periodistas musicales.

"La Catedral de Santiago como todas las de peregrinación permitía a los peregrinos dormir en el interior lo que provocaba un olor muy desagradable de ahí la necesidad de tener un incensario"

Cuando la performance o actuación rarura terminó los tres comentarios generalizados eran los siguientes:

-Me lo esperaba peor. Menos mal que ha sido cortito.
-La exposición está bien, lo que pasa es que hay demasiada gente.
-Qué de moderno hay por aquí.

Al Milodón, en general, estos tres comentarios le parecieron curiosos. No entendió muy bien por qué en general, los miembros de la audiencia, todos con aspecto muy moderno -en general- se quejaban de la modernidad de lo demás al tiempo que se sentían aliviados porque la actuación de un músico, supuestamente de cabecera, había sido corta y hablaban de él como disculpándole, como con vergüenza ajena. Tampoco entendió por qué todos aquellos periodistas musicales, perfectamente conocedores de las rutinas y rituales de la profesión, se mostraban sorprendidos y molestos por la importante afluencia de gente. Por un momento se le ocurrió pensar que la mayoría eran acólitos de Barón Rojo que no habían conseguido entradas para la actuación que tenía lugar al día siguiente en La Riviera y que, por cuestiones profesionales, se habían visto obligados a acudir al típico marrón al que nadie quiere ir pero en el que es necesario estar por compromisos publicitarios.

"Jo, yo quería ir a Barón Rojo"

Pero luego, el Milodón se acordó de que estas navidades leyó algunas cosas sobre el pensamiento de un señor llamado Zygmunt Bauman. Este hombre, un sociólogo polaco y judío, estudioso del holocausto, habló de un concepto muy interesante, la modernidad líquida. En la Wikipedia, una fuente -como sabéis- muy fiable, lo explican muy bien.

"Bauman plantea que en la modernidad líquida las identidades son semejantes a una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma. El autor plantea que éstas parecen estables desde un punto de vista externo pero que al ser miradas por el propio sujeto aparece la fragilidad y el desgarro constante.

Según sus planteamientos, en la modernidad líquida el único valor heteroreferenciado es la necesidad de hacerse con una identidad flexible y versátil que haga frente a las distintas mutaciones que el sujeto ha de enfrentar a lo largo de su vida.

La identidad se configura como una responsablidad reflexiva que busca la autonomía del resto y la constante autorealización y que además está abocada a la constante inconclusión debido a la falta de un telos en la modernidad tardía"

Menudo lío, ¿no?. Pues todo este lío se resume en tres grupos de Facebook de los que el Milodón se ha hecho fan recientemente: "Modernos que miran mal a otros modernos porque son más modernos que ellos", "Tú no eres moderno, tú eres gilipollas" y por último, "Modernos que se hacen fans de 'Tú no eres moderno, tú eres gilipollas'".

Y esto os lo está contando el Milodón, que le gusta más un moderno que a un tonto una tiza. O que a Cristina Rosenvinge una bicicleta de paseo holandesa.



Por cierto, la exposición de Sonic Youth estará en Móstoles hasta principios de mayo. Y al Milodón le pareció chulísima. La modernidad líquida es así.

3 comentarios:

  1. mu bie, le falto hablar de american aparejo, esa moderna tienda de difraces. cuando mi esposa me llevo buscando leotardos verde-blandiblu, pense hallarme en un metadona center.despues llegue al pueblo y vi que el modernismo atraveso el atlantico y me dije: el milenarismo(hablemos del milenarismo ya)
    pD: la parka mas molona era la de su santidad pepecubra

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  2. Estaba yo loca por la Cubra en aquellos tiempos. Pero la mejor parka era la de Maldito.

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