miércoles, 24 de febrero de 2010

Parecidos razonables (o el Síndrome Asimov) - 1 - Hoy: The New Raemon

Daniel Gil sí que sabía hacer portadas, y no esta mierda

Isaac Asimov (un señor listo de verdad) explicaba en "100 preguntas básicas sobre la ciencia", que a veces dos personas completamente ajenas la una a la otra, radicalmente distantes en el espacio o incluso en el tiempo, puede coincidir en una invención o un hallazgo muy parecido -cuando no idéntico- porque sin saberlo han estado bebiendo de las mismas fuentes.

Bueno, vale. No hacía falta que esto nos lo dijese Asimov, pero así salía a relucir un librito muy chulo que el Milodón disfrutaba mucho en sus veraneos de juventud.

El Milodón no sabe de qué fuente estuvo bebiendo The New Raemon. Pero desde aquí le aconsejamos que empiece a consumir agua embotellada. Porque estas dos canciones se parecen mucho, ¿sí o no?.





Queda inaugurada esta sección.

lunes, 22 de febrero de 2010

El fantasma de la moda (y la ironía de Vampire Weekend)



Tito es un amigo del Milodón que no es nada fashion victim. Por eso, cuando el Milodón le habló hace dos semanas de Vampire Weekend no tenía ni idea de quiénes eran. Una de dos: o había estado viviendo aislado en una cabaña de La Pedriza los últimos tres años o había estado demasiado ocupado repasando los discos de Fugazi y Bedhead. Resultó ser la opción slow-core.

Al Milodón le parece bien la pasión de Tito por las guitarras pesadas pero semejante laguna en la educación musical de cualquier Joven Castor puede considerarse una agresión contra los derechos fundamentales del ser humano. Porque el debut de Vampire Weekend ha sido lo más grande desde el polo Drácula.


Chúpate esa

Tito escuchó el debut de marras y como no podía ser de otra manera, se quedó impresionado. Pero hizo un objección que después haría reflexionar al Milodón: "No entiendo por qué visten como pijos".

El Milodón se puso el vídeo de ese temazo, A-Punk, o mejor aún, el de Oxford Comma y pensó: "Bien. Sí. Correcto. Visten como pijos". Polos Lacoste o Ralph Lauren, pantalones de pinzas, náuticos. ¿Por qué? ¿Lo entendía el Milodón? En el primer round de ideas se le ocurrió que quizá se trataba de un intento de ridiculizar una indumentaria que representa un segmento social (los pijos o "preppies") que les causaban mucha risa y bastante desprecio.

Ironía, le llaman.

Qué manía con poner a caldo este disco. ¡Que no está tan mal como dicen por ahí, ni mucho menos, coño!

Y por cierto... ¿vosotros tuvisteis uno de estos?


Pero en el segundo round elucubrador pensó que a lo mejor lo que pasaba es que en realidad la estética de los pijos siempre les había encantado a estos chicos de Vampire Weekend y la ironía era el vehículo perfecto, la excusa ideal, para por fin lucir unos pantalones chinos Dockers con todas la de la ley. En el tercer asalto, y después de documentarse un poco, se dio cuenta de que puesto que estos chicos estudiaron en Columbia y pertenecen todos a clases sociales altas son en realidad unos pijos ellos mismos y exagerando los rasgos de algo que son, lo rechazan y lo abrazan a la vez. Una forma de decir que no quieren decir lo que quieren decir lo que no quieren decir que
quieren decir... (periodo).

¿Vosotros creéis que a estos les gustan Vampire Weekend?

Acaba de terminar la Semana de la Moda de Madrid. Ya sabéis, esa representación teatral en la que periódicamente las instituciones públicas junto a una serie de diseñadores privilegiados le hacen creer a toda España que existe una industria patria del vestir. Ese lugar donde se le rinde culto a la construcción de la identidad a través de la indumentaria. Observando la coreografía sibilina de los relaciones públicas que saludan a los periodistas, de los periodistas que besan a los líderes de opinión, de los líderes de opinión que se codean con las celebrities, de las celebrities que son agasajadas por las relaciones públicas (y vuelta a empezar) el Milodón pudo atisbar, así un poco de lejos, las razones por las que a Alexander MacQueen le entraron ganas de suicidarse.

"¿Quién da la vez?"

No se puede convertir la ironía, el sí pero no, la vuelta de tuerca y el decir que no quieres decir lo que quieres decir porque quieres decir lo que no quieres decir (y así sucesivamente) en una forma de vida y no esperar daños colaterales.

No se puede uno vestir como un niño bien de los Hamptons y no esperar que le acusen de niño en de los Hamptons. Es el fantasma de la moda. Coquetear con él es peligroso. Pero tan divertido...



Por cierto, cuando Vampire Weekend vengan a tocar (el próximo día 28) a Madrid, el Milodón les va a invitar a ir a un lugar llamado Shabay. Se van a enterar de lo que es un pijo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Majerit Needs You



Que no se enteren Gallardón ni Florentino, pero Madrid necesita YA una oda de este jaez. Ya estoy viendo ese flamante nuevo skyline, esos planos secuencia en Prosperidad...

Aunque se aceptan propuestas, el Milodón tiene claro quiénes serían los dos protagonistas. Estuvo hablando con ellos el viernes por la noche después del concierto de Jonston. Momentazo.

¿Quién sería Spike Lee en la versión gata? ¿Y el estadio de los Yankees? Duro dilema.

Muerde el polvo, Sabina.

martes, 16 de febrero de 2010

La confianza (Adiós Abbey Road)



Tener prejuicios no está tan mal.


Los prejuicios son sanos, siempre que sean de clase "Benigni". Los prejuicios de clase "Benigni" son esos de los que habla Roberto Benigni en La Vida es Bella, cuando le explica a su hijo que en su librería no pueden entrar los visigodos ni las arañas.

El Milodón tiene algunos prejuicios que no puede explicar, pero que le ayudan a hacer triage en la vida.

El Milodón no se fía:

  • De los que visten sombrero en interior (la verdad es que si de los que llevan sombrero en exterior, tampoco mucho) o gafas de sol de noche.
  • De los hombres con corbatas de estampados florales o con dibujos animados.
  • De las personas que no chocan la mano con firmeza.
  • De los curas con el final de los dedos muy fino.
  • De los abstemios.
  • De los gatos.
  • De Esperanza Aguirre.
  • Y sobre todo, muy especialmente, de la gente que dice que no le gustan los Beatles.


El Milodón se acaba de enterar de que los estudios Abbey Road están a la venta porque EMI no tiene dinero para mantenerlos.

¿Cómo va el Milodón a fiarse de un mundo donde pasan cosas así?


P.D 1 El Milodón les recomienda que visiten un excelente blog llamado Puedes conducir mi Rolls.

P.D 2 El Milodón les recomienda el visionado del documental incrustado sobre estas líneas. De un valor histórico absolutamente incuestionable: observen ustedes la negra sombra de Yoko, la incomunicación entre los miembros del grupo, la distancia entre John y Paul. El principio del fin.

domingo, 14 de febrero de 2010

Carta Abierta a un Madriñelo Ilustre 1 - Hoy: Coque Malla



Querido Coque,

No sé si los chicos como tú van a Ikea los sábados por la tarde. Sinceramente, me cuesta imaginarte deambulando entre patas de mesa y tableros de aglomerado, con el lapicerito de madera en la mano, apuntando esos nombres que parecen salidos de un diccionario de Tolkien.

En mi cabeza apareces, con tu cuerpo menudito, tu bigote caprichoso, tu cara de niño y ese pelo corto y pinchón, como un James Dean castizo: uno de esos tipos guapos que van de duros -pero tienen un corazoncito muy blando- con cuya cara las chicas forran sus carpetas en el colegio.

En ese resumen de tu nombre real, Coque, resuenan ecos de una infancia burguesa, acomodada y bohemia. Un director de teatro y una actriz no podían acunar entre sus brazos a un ramplón "Jorge". Te puedo imaginar ya de bebé siendo un puro nervio, revolucionando la casa (sin muebles de Ikea) y con dos dientes traviesos asomando entre las encías respondiendo a los invitados sofisticados que pasaban por allí. "¿Cómo te llamas, nené?". "Co-que".

El nené siempre ha hecho lo que le ha dado la gana. Cuando ha querido ser actor, ha sido actor. Cuando ha querido ser cantante, ha sido cantante. Cuando ha querido desaparecer, ha sido mago. El nené es un espíritu libre, que incluso cuando viste directamente sobre su cuerpo desnudo un infumable chaleco negro, está atractivo. No es indie, ni heavy, ni siniestro, ni rocker. No es elegante ni hortera. Ni comercial, ni outsider. Es Coque Malla. El de la voz burlona.

Ahí lo tenéis.

Esa voz burlona llegó a mis oídos el otro día cuando estaba repantingada en mi sofá, mirando el televisor y disfrutando de una plácida resaca, con un botella de Aquarius de un litro en una mano y un bol de pepinillos y cebolletas en la otra.

Una canción tuya era banda sonora para un anuncio que puso una sonrisa enorme en mi cara. Hay que ser muy bruto para no sonreir viendo a seis parejas enamoradas intentando empezar a ser felices juntos. Aunque los felices sean actores, aunque la cosa sea sólo una artimaña para que nos lancemos al consumo irresponsable de fast-furniture.



Desde ese día, no puedo parar de tararear tu canción.



Te repito, Coque, que no sé si tú has estado en Ikea un sábado por la tarde.
Yo sí.
He cogido el lapicerito de madera, el papel para apuntar mi lista de artículos, he cogido un carrito y me he lanzado a la guerra. He deambulado entre parejas que negociaban como podían qué estampado preferían para los edredones. Saltando de cocina en cocina -de esa con azulejos rojos a aquella con sabor colonial- he fabulado con varias vidas diferentes.

Me he tumbado boca arriba en una cama con dosel y he soñado que llegaba un príncipe azul que me dejaba comprar un sillón con orejeras y un estampado floral muy bizarro, que me invitaba a poner mis discos de vinilo de Richard Clayderman (los tengo, no me preguntes por qué) al lado de los suyos de Wilco -en una estantería donde también cabría la enciclopedia de El País que siempre me arrepentí de comprar y los cómics de Jason Lutes que a él también le gustaría leer-, que me ayudaba a escoger un marco para mi póster de Naranjas Torres, que cocinaba conmigo en unas cazuelas de acero inoxidable con asas parecidas a esas que tenía en mi cocinita de niña y que me consentía que me echase un pedo bajo una colcha Brunkrissla (con él al lado).

M-I-E-D-O

Aquella vez que fui a Ikea un sábado por la tarde me compré tres o cuatro cosas que no necesitaba. Amén de una rata peluda que me acompaña ahora en mi cuarto y que se llama Farruquito.

Y de postre, Coque, me tomé unas albóndigas suecas con una salsa que hace que el chapapote del Prestige parezca coulis.

En este caso, no seré yo la que diga Nunca Máis.

Como estos días no podía parar de escuchar tu canción, he googleado tu nombre. Y así me he enterado de que el chico duro/blando del chaleco negro y el bigotito tonto, el nené indómito, adora las baladas y está muy enamorado de su mujer.

Así que no sé si has ido a Ikea, pero me gusta pensar que irías. Si ella te lo pidiese.

Feliz día de San Valentín, Coque.


Atentamente,
El Milodón (en primera persona)

lunes, 8 de febrero de 2010

Modernidad, divino tesoro (o el botafumeiro de Lee Ranaldo)

Pisar una alfombra de vinilos bien vale un viaje al extrarradio.

"A mi los modernos me intimidan", le comentaba el pasado martes un amigo al Milodón mientras conducía hacia Móstoles, ya caída la noche, por esas sórdidas carreteras de circunvalación que acorralan Madrid en un abrazo de asfalto. El Milodón le decía, desde el asiento de copiloto: "Es curioso, yo siempre te tuve a ti por un moderno. Cuando todo el mundo en el pueblo lo flipaba con Quadrophenia, tú vestías la parka más molona del barrio. Cuando los demás seguían jugando al fútbol en el patio del Colegio tú hablabas en aquel programa de radio en una emisora pirata. Cuando los niños del colegio me grababan cintas de Los Rodríguez, tú comprabas siete pulgadas en el Club del Single y tenías esparcidos en el suelo del salón de casa los vinilos de Sonic Youth".

Sonic Youth. Ellos son la razón por las que nos movíamos a toda velocidad entre centros comerciales, naves industriales, concesionarios de coches... Íbamos a la inauguración de una exposición titulada Sensational Fix, en el Centro de Arte Dos de Mayo, en la que se resumen a través de diferentes manifestaciones artísticas -pinturas, esculturas, instalaciones- los treinta años de historia de esta banda de neoyorquinos que, según dicen por ahí, con su actitud y su talento se convitieron en los padres fundadores de eso que en las últimas décadas se ha llamado escena alternativa .

"Alcorcón está antes o después", nos preguntamos. "Creo que nos hemos pasado de salida".

El extrarradio aturde más que un disco de Sonic Youth a 2000 decibelios. Todas las urbanizaciones parecen la misma urbanización. Todos los polígonos industriales, el mismo conglomerado de rótulos y muros metálicos. Cuando llegamos a Móstoles, el amigo del Milodón dice: "Las ciudades como Móstoles a lo máximo que pueden aspirar es a ganar la Escoba de Plata".

"Oiga, ¿y puedo cambiar el cerdo agridulce por pollo con almendras?"

Al llegar a la sala de exposiciones, había tal tumulto de mediopensionistas en la puerta que por un momento el Milodón y su amigo dudaron si se trataba de un congreso de "Señoras que". Pero cuando vieron a Lee Ranaldo dándose la fiesta de la distorsión al golpear con un arco de violín una guitarra colgada del techo por medio de un grueso cable metálico, a modo de botafumeiro noise y a Enrique Morente frontándose las patitas a su son mientras dejaba escapar unos increíbles quejidos flamencos que parecían venir del más allá, sospecharon que, efectivamente, aquello podía ser un evento (¿ha aceptado ya esta palabra -evento- la RAE?) moderno. Las dudas quedaron totalmente despejadas cuando se encontraron por allí rondando a Christina Rosenvinge. Y a cinco millones de periodistas musicales.

"La Catedral de Santiago como todas las de peregrinación permitía a los peregrinos dormir en el interior lo que provocaba un olor muy desagradable de ahí la necesidad de tener un incensario"

Cuando la performance o actuación rarura terminó los tres comentarios generalizados eran los siguientes:

-Me lo esperaba peor. Menos mal que ha sido cortito.
-La exposición está bien, lo que pasa es que hay demasiada gente.
-Qué de moderno hay por aquí.

Al Milodón, en general, estos tres comentarios le parecieron curiosos. No entendió muy bien por qué en general, los miembros de la audiencia, todos con aspecto muy moderno -en general- se quejaban de la modernidad de lo demás al tiempo que se sentían aliviados porque la actuación de un músico, supuestamente de cabecera, había sido corta y hablaban de él como disculpándole, como con vergüenza ajena. Tampoco entendió por qué todos aquellos periodistas musicales, perfectamente conocedores de las rutinas y rituales de la profesión, se mostraban sorprendidos y molestos por la importante afluencia de gente. Por un momento se le ocurrió pensar que la mayoría eran acólitos de Barón Rojo que no habían conseguido entradas para la actuación que tenía lugar al día siguiente en La Riviera y que, por cuestiones profesionales, se habían visto obligados a acudir al típico marrón al que nadie quiere ir pero en el que es necesario estar por compromisos publicitarios.

"Jo, yo quería ir a Barón Rojo"

Pero luego, el Milodón se acordó de que estas navidades leyó algunas cosas sobre el pensamiento de un señor llamado Zygmunt Bauman. Este hombre, un sociólogo polaco y judío, estudioso del holocausto, habló de un concepto muy interesante, la modernidad líquida. En la Wikipedia, una fuente -como sabéis- muy fiable, lo explican muy bien.

"Bauman plantea que en la modernidad líquida las identidades son semejantes a una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma. El autor plantea que éstas parecen estables desde un punto de vista externo pero que al ser miradas por el propio sujeto aparece la fragilidad y el desgarro constante.

Según sus planteamientos, en la modernidad líquida el único valor heteroreferenciado es la necesidad de hacerse con una identidad flexible y versátil que haga frente a las distintas mutaciones que el sujeto ha de enfrentar a lo largo de su vida.

La identidad se configura como una responsablidad reflexiva que busca la autonomía del resto y la constante autorealización y que además está abocada a la constante inconclusión debido a la falta de un telos en la modernidad tardía"

Menudo lío, ¿no?. Pues todo este lío se resume en tres grupos de Facebook de los que el Milodón se ha hecho fan recientemente: "Modernos que miran mal a otros modernos porque son más modernos que ellos", "Tú no eres moderno, tú eres gilipollas" y por último, "Modernos que se hacen fans de 'Tú no eres moderno, tú eres gilipollas'".

Y esto os lo está contando el Milodón, que le gusta más un moderno que a un tonto una tiza. O que a Cristina Rosenvinge una bicicleta de paseo holandesa.



Por cierto, la exposición de Sonic Youth estará en Móstoles hasta principios de mayo. Y al Milodón le pareció chulísima. La modernidad líquida es así.

domingo, 7 de febrero de 2010

Regreso al Cuarto Poder

Incluso Randolph Hearst sufrió síndrome postvacacional

Después de una semana de vacaciones el Milodón regresa al tajo. Tiene muchas cosas que contaros, pero dadas las circunstancias, muy pocas ganas de hablar. En horas tan bajas como éstas, uno sólo puede remitirse a los maestros. Mañana será otro día.

viernes, 5 de febrero de 2010

Nuevo Diccionario Madriñelo - Entrada 2

Visto en la calle San Vicente Ferrer
Oxímoron.

(Del gr. ὀξύμωρον).


1. m. Ret. Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido (o un tipo de establecimiento inverosímil); p. ej., "Minimercado Supermaxi".

*Entrada creada en colaboración con The Little Milodonín (hermana pequeña del Milodón), de visita en Madrid estos días.

lunes, 1 de febrero de 2010

Maureen

Ahí la tenéis. La Chrissie Hynde viajera. La foto es de El País (Luis Sevillano).

El Milodón llegó tarde a entrevistar a Maureen. Ella esperaba pacientemente, sentada en el medio de un salón que no había cambiado su decoración desde los años sesenta. Paredes cubiertas con paneles de madera oscura, bodegones florales al óleo enmarcados en dorado, mármol granate y adornos de hierro forjado. Hotel Velázquez.

El Milodón se disculpó: "Lo siento, el tráfico está realmente imposible en esta ciudad", dijo, mintiendo con muy poco arte. Su oficina en realidad sólo estaba a seis minutos andando. El Milodón ni siquiera tenía coche. Maureen miró al Milodón con sus alucinantes ojos azules como suplicando eludir los detalles y por lo tanto, las mentiras. Su expresión, enmarcada dentro de una media melena bob con flequillo bien definido, parecía decir con resignación pero a la vez con cierta ternura: "Estos españoles...". Era la expresión de alguien a quien ya nada sorprendía y que, paradójicamente no había perdido la capacidad de sorpresa. Eso que nuestras abuelas habrían llamado una mujer viajada. Estaba en Madrid para recoger un premio que la Sociedad Geográfica Española quería entregarle en reconocimiento a su carrera.

"Tony, tronco, ¿tú sabes el fregao en el que nos estamos metiendo?"

Cuando sólo tenía 22 años, Maureen atravesó la India a bordo de un Mini, junto al que entonces era su novio y hoy es su marido, padre de sus hijos y socio en un negocio llamado Lonely Planet. En aquel viaje, descubrió que ofrecer a la gente consejos basados en su propia experiencia podía ser un gran negocio. Hoy es cuarenta años mayor. Se ha convertido en la editoria de guías de viajes más importante del planeta. Y ha visitado todos los países del mundo. Es capaz de recordar con la misma viveza un amanecer desde una tienda de campaña en el Himalaya que un atardecer en el mejor hotel de Bali. Y admite que no siempre ha sido fácil. Ha vivido situaciones muy arriesgadas. Ella destaca aquella vez que, irresponsablemente, vivaqueó en un camping abandonado en las montañas de Turquía y unos hombres armados con enormes mausers le dieron un buen susto. Pero fue sólo un susto. "Si algo he aprendido viajando es no hay que tener miedo. El miedo nos paraliza, nos inutiliza y nos impide disfrutar de todo lo que la vida nos puede ofrecer". ¿Viajar nos hace mejores personas?. Maureen no tenía respuesta para eso.

El Milodón le preguntó entonces a Maureen: "¿Le gusta Madrid?". "Oh, sí, me encanta. Es muy curioso, porque encuentro en Madrid algo que es profundamente árabe. No sé muy bien describirlo", dijo, muy observadora.



La plaza Djemaa el Fna de Marrakesh. Las fotos, del Milodón.

Ahora que el Milodón ha visitado Marrakesh ha comprendido lo que Maureen quería decir. En el furor mercantil de los comerciantes pudo ver gestos que uno puede encontrar cada domingo en el Rastro. En el improvisado y alocado escaparatismo de los puestos del zoco reconoció esas cristaleras cuajadas de objetos de las ferreterías de Arapiles o las mantequerías de Chamberí. Y mirando los tejados de la ciudad desde lo alto de un riad pensó que la vista, omitiendo las palmeras (y las bolsas de pobreza), con esas viviendas ni altas ni bajas, geométricas, pardas, ladrilleras, no difería mucho de la que pudo ver hace poco desde un ático en Alberto Alcocer.

Escena de El hombre que sabía demasiado. Los castellets denotan la presencia catalana en el mundo árabe.

Deambulando por la plaza, se acordó, claro, de Hitchcock y de El hombre que sabía demasiado.

Perdido por las calles de la Kashbah pensó por supuesto en aquella canción de los Clash.

Y atendiendo a la orgía de carteles coloristas rotulados a mano en francés, advirtiendo el sabor colonial de todos los cafés de la ciudad, observando el trajín de turistas occidentales, pensó en el ambiente que Albert Camus, el escritor franco-argelino, describía en el El Extranjero, una novela ambientada en una ciudad muy similar a Marrakesh.

En aquella novela, un hombre, El Extranjero, era incapaz de tener sentimientos concretos, de expresar emociones y de formarse un criterio moral. Sólo podía dejarse llevar por el nihilismo y la apatía. Tenía demasiado miedo a exponerse a sus propias emociones. A pesar de que había cometido la iniquidad de matar a un hombre (un hombre árabe por cierto) sin un motivo aparente, no era capaz de albergar sentimientos de culpa y en el juicio lo único que acertaba a argumentar era "hacía mucho calor". El extranjero, era capaz de ver, de percibir el mundo a su alrededor, pero no era capaz de relacionar aquello que veía con un sistema de valores. No era capaz de producir ideas.

Holden Caufield hubiese hecho buenas migas con El Extranjero de Camus.

Rodeado de grupos de turistas "fotografiadores de postales", apiñados en grupos perfectamente organizados, sobreprotegidos en medio del zoco de Marrakesh, el Milodón pensó que ya tenía respuesta para aquello que Maureen no quiso contestar.

Conocer lugares no necesariamente nos hace mejores personas. No es cierto que recorriendo el planeta se cure el racismo. No es verdad que una mayor colección de chinchetas clavadas sobre un mapa del mundo garantice una mayor comprensión del universo. Viajar está sobrevalorado.

No importa cuánto veas, si al final, como prevenía Maureen, te dejas dominar por el miedo.
El miedo a mirar.



Estamos de acuerdo, Young, un coñazo. Ahora, Crosby, Stills y Nash, canelita en rama.