domingo, 24 de enero de 2010

Los Punsetes go to Naomí (o la reconquista de Los Soprano)

¿Tengo yo pinta de haber estado en Iwo Jima?

Hace varias semanas, uno de los bloggers favoritos del Milodón escribió dos posts muy chulos sobre algo que él llamaba La Reconquista: ese momento en el que uno por fin es capaz de zafarse de las garras del pavlovianismo amoroso y no echarse a llorar al escuchar una determinada canción, ver una cierta película o visitar un lugar dado. Hoy por la noche el Milodón ha reconquistado la sana costumbre de tener un vis a vis con Tony Soprano en un momento (la recta final del domingo) que de otra forma sería una caída libre por un barranco del Cañón del Colorado, una agonía lenta y dolorosa.

Una agonía tan lenta y dolorosa como una ruptura, de esas que obligan a la gente a paralizar el visionado de series de televisión magistrales sólo para no morir ahogado por los recuerdos.

Esta noche el Milodón ha vuelto a verse las caras con Tony. Por fin. Han tenido que pasar dos años para que ya no duela. Dos años desde la última vez que pudo disfrutar de un episodio sopranil. Y la verdad es que el tío no se ha enmendado mucho la plana. Al contrario, en la sexta temporada (esa que parecía maldita para el Milodón y que ayer quedó libre como el sol cuando amanece, como un móvil Vodafone con tarjeta Movistar, como... bueno ya me entendéis) es más hijo de puta que nunca, tan gordo como siempre y sexiest than ever. No sé qué tiene la calva de James Gandolfini -un tío que se ha declarado admirador de George W. Bush- que al Milodón le vuelve loco.
"Soy más republicano que todos lo miembros de Los Ramones juntos, ¿te pica?"

Esta noche el Milodón ha recordado cómo David Chase se las ingenia para ir poniendo piezas en ese puzzle compuesto de momentos sórdidos y cotidianos que forma el retrato inquietante de una familia de mafiosos. Una familia de mafiosos que aún reuniendo todos los tics más despreciables del mundo del hampa, es capaz de hacernos sentir empatía, de conmovernos, de hacernos comprender el mal. El Milodón ha recordado esa sensación de peligro inminente y al mismo tiempo de compasión, simpatía y complicidad que le invadía cada vez que Tony descargaba su pistola contra alguien y después acudía en busca de tácito consuelo a los brazos de su mujer (o de una mujer).

Así contado, no parece la prescripción ideal para el domingo noche, ¿verdad?. Pues quizá no lo sea, no. Porque es verdad que hay un sentimiento garantizado para el espectador de Los Soprano: el de que en cualquier momento alguien va a venir por detrás y la va a armar parda.

Esa misma sensación, exactamente, es la que uno tiene cuando escucha las canciones de Los Punsetes.
De venir por detrás, de mirar de lado, de no ser trigo limpio, de falsas querencias, de hacer la trece catorce, de ser chungo y borde, de darle a ignorar en el Facebook, es de lo que va (creo) una canción, Tus amigos, que sirve como adelanto para su segundo disco, titulado LP2 -el primero se titulaba LP-.

"Si yo estuviese vivo sería más fan de los Punsetes que Patxi López"

Como decía el colega Quique a propósito de Lo Natural ("lo natural es que salga mal, lo natural es desconfiar") hace sólo un mes: "Yo cuando escucho a Los Punsetes tengo miedo". Miedo. Lo contrario del sosiego. Las antípodas de la serenidad. Todos los antónimos de la expresión buen rollo.
Desconfianza. Caos. Cinismo. Desorden. Incomunicación. Angustia.
Elementos que, aunque a uno podría hacerle echar a correr, a uno le hacen quedarse, como cuando se queda uno pillado mirando la cara de cabrón de Tony Soprano.


El vídeo de Tus amigos es sencillamente alucinante (quizá guarde demasiadas similitudes con Alegrías del Incendio, también dirigido por Luis Cerveró, aunque tal vez sea intencionado). Culmina -culminar, de culmen- con una espectacular clavada de bandera de Japón (por aquello de que la canción gira en torno a expresiones sodomitas) en un monte que no parece el Suri Bachi, sino un no-lugar de ese extrarradio madrileño eternamente en construcción que tanto le gusta a Florentino.

Y dado que Los Punsetes han ofrecido el pie para el tema nipón, el Milodón aprovecha para recomendaros un restaurante en el que seguramente muchos de los que vivís en Madrid ya habréis estado. Es el japonés más antiguo de la ciudad. Se llama Naomí y está en Tetuán, más concretamente en la calle Ávila. El Milodón lo visitó por primera vez la semana pasada.


Tras estas paredes de granito tan feas que veis aquí arriba, donde parece que podría estar reunido un cónclave de la Yakuza (¿para cuando una versión oriental de Los Soprano?), hay un saloncito encantador, con una luz así muy amarilla y muy cálida, la mitad ocupada por tatamis, la otra mitad con mesas. Una señora bastante anciana recoge las órdenes a la vez que recomienda las cosas más deliciosas que os podáis imaginar. El ambiente es de paz, sosiego.

En la tarjeta del restaurante, además de ofrecer las señas para llegar al lugar, enseñan a saludar en japonés por la mañana , por la tarde y por la noche. Buen rollito.

En el Naomí sí que sabe hacer amigos.

¡Konbanwa!

4 comentarios:

  1. Lo hice para ti, que siempre me dices lo muchísimo que te encantiflan Los Punsetines.

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  2. gracias por el enlace!
    y enhorabuena por la reconquista!

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