lunes, 1 de febrero de 2010

Maureen

Ahí la tenéis. La Chrissie Hynde viajera. La foto es de El País (Luis Sevillano).

El Milodón llegó tarde a entrevistar a Maureen. Ella esperaba pacientemente, sentada en el medio de un salón que no había cambiado su decoración desde los años sesenta. Paredes cubiertas con paneles de madera oscura, bodegones florales al óleo enmarcados en dorado, mármol granate y adornos de hierro forjado. Hotel Velázquez.

El Milodón se disculpó: "Lo siento, el tráfico está realmente imposible en esta ciudad", dijo, mintiendo con muy poco arte. Su oficina en realidad sólo estaba a seis minutos andando. El Milodón ni siquiera tenía coche. Maureen miró al Milodón con sus alucinantes ojos azules como suplicando eludir los detalles y por lo tanto, las mentiras. Su expresión, enmarcada dentro de una media melena bob con flequillo bien definido, parecía decir con resignación pero a la vez con cierta ternura: "Estos españoles...". Era la expresión de alguien a quien ya nada sorprendía y que, paradójicamente no había perdido la capacidad de sorpresa. Eso que nuestras abuelas habrían llamado una mujer viajada. Estaba en Madrid para recoger un premio que la Sociedad Geográfica Española quería entregarle en reconocimiento a su carrera.

"Tony, tronco, ¿tú sabes el fregao en el que nos estamos metiendo?"

Cuando sólo tenía 22 años, Maureen atravesó la India a bordo de un Mini, junto al que entonces era su novio y hoy es su marido, padre de sus hijos y socio en un negocio llamado Lonely Planet. En aquel viaje, descubrió que ofrecer a la gente consejos basados en su propia experiencia podía ser un gran negocio. Hoy es cuarenta años mayor. Se ha convertido en la editoria de guías de viajes más importante del planeta. Y ha visitado todos los países del mundo. Es capaz de recordar con la misma viveza un amanecer desde una tienda de campaña en el Himalaya que un atardecer en el mejor hotel de Bali. Y admite que no siempre ha sido fácil. Ha vivido situaciones muy arriesgadas. Ella destaca aquella vez que, irresponsablemente, vivaqueó en un camping abandonado en las montañas de Turquía y unos hombres armados con enormes mausers le dieron un buen susto. Pero fue sólo un susto. "Si algo he aprendido viajando es no hay que tener miedo. El miedo nos paraliza, nos inutiliza y nos impide disfrutar de todo lo que la vida nos puede ofrecer". ¿Viajar nos hace mejores personas?. Maureen no tenía respuesta para eso.

El Milodón le preguntó entonces a Maureen: "¿Le gusta Madrid?". "Oh, sí, me encanta. Es muy curioso, porque encuentro en Madrid algo que es profundamente árabe. No sé muy bien describirlo", dijo, muy observadora.



La plaza Djemaa el Fna de Marrakesh. Las fotos, del Milodón.

Ahora que el Milodón ha visitado Marrakesh ha comprendido lo que Maureen quería decir. En el furor mercantil de los comerciantes pudo ver gestos que uno puede encontrar cada domingo en el Rastro. En el improvisado y alocado escaparatismo de los puestos del zoco reconoció esas cristaleras cuajadas de objetos de las ferreterías de Arapiles o las mantequerías de Chamberí. Y mirando los tejados de la ciudad desde lo alto de un riad pensó que la vista, omitiendo las palmeras (y las bolsas de pobreza), con esas viviendas ni altas ni bajas, geométricas, pardas, ladrilleras, no difería mucho de la que pudo ver hace poco desde un ático en Alberto Alcocer.

Escena de El hombre que sabía demasiado. Los castellets denotan la presencia catalana en el mundo árabe.

Deambulando por la plaza, se acordó, claro, de Hitchcock y de El hombre que sabía demasiado.

Perdido por las calles de la Kashbah pensó por supuesto en aquella canción de los Clash.

Y atendiendo a la orgía de carteles coloristas rotulados a mano en francés, advirtiendo el sabor colonial de todos los cafés de la ciudad, observando el trajín de turistas occidentales, pensó en el ambiente que Albert Camus, el escritor franco-argelino, describía en el El Extranjero, una novela ambientada en una ciudad muy similar a Marrakesh.

En aquella novela, un hombre, El Extranjero, era incapaz de tener sentimientos concretos, de expresar emociones y de formarse un criterio moral. Sólo podía dejarse llevar por el nihilismo y la apatía. Tenía demasiado miedo a exponerse a sus propias emociones. A pesar de que había cometido la iniquidad de matar a un hombre (un hombre árabe por cierto) sin un motivo aparente, no era capaz de albergar sentimientos de culpa y en el juicio lo único que acertaba a argumentar era "hacía mucho calor". El extranjero, era capaz de ver, de percibir el mundo a su alrededor, pero no era capaz de relacionar aquello que veía con un sistema de valores. No era capaz de producir ideas.

Holden Caufield hubiese hecho buenas migas con El Extranjero de Camus.

Rodeado de grupos de turistas "fotografiadores de postales", apiñados en grupos perfectamente organizados, sobreprotegidos en medio del zoco de Marrakesh, el Milodón pensó que ya tenía respuesta para aquello que Maureen no quiso contestar.

Conocer lugares no necesariamente nos hace mejores personas. No es cierto que recorriendo el planeta se cure el racismo. No es verdad que una mayor colección de chinchetas clavadas sobre un mapa del mundo garantice una mayor comprensión del universo. Viajar está sobrevalorado.

No importa cuánto veas, si al final, como prevenía Maureen, te dejas dominar por el miedo.
El miedo a mirar.



Estamos de acuerdo, Young, un coñazo. Ahora, Crosby, Stills y Nash, canelita en rama.

6 comentarios:

  1. Yo, que sé mucho de los miedos, te diré que el peor de ellos es el que te impide mirar(te) de verdad.

    ResponderEliminar
  2. Oh! qué post y qué certero comentario el de Verónica... ;-)

    ResponderEliminar
  3. A mi esta señora (cuando era una chica) siempre me ha parecido guapirma

    (no escribo con tildes porque el teclado me esta haciendo la jugada de ponerme dos seguidas ´´ cuando le doy a la tecla correspondiente

    ResponderEliminar
  4. Lonely life y temazo sin Young y sin Steel, con dos pelotas...

    ResponderEliminar
  5. As salamu alaykum
    el futuro esta en africa, ya lo dijo el Pocero.
    aspiro a una jubilacion anticipada por ahi, en un pueblo-blanco-costero, casa dos pisos con terraza-tejado. de ahi ya no me muevo.
    Al extranjero de camus yo lo veo mas amigo del gafotas asesino, el del Dakota, el cual parece que leia con sarna al Holden, anyway...

    ResponderEliminar
  6. A mi me da pánico mirarme, cierto es.
    Pepotes, me voy contigo al Sur...

    Vilque, yo la vi de cerca y es guapísima incluso de vieja.

    :-)

    ResponderEliminar