domingo, 10 de enero de 2010

El Abominable Hombre (el de las nieves también)


¿Vosotros también decíais "Botas de Preesquí"?

La navidad se ha acabado ya, pero la estampa fuera ahora mismo parece propia de un Christmas.

Rocate comenta -desde un status de Facebook- estar acongojonado (acojonado + acongojado) con el enfriamiento global y que o empezamos a producir más C02 o vamos a morir todos.

El Milodón le dice -desde aquí- que disfrute del innegable hecho de que la luz por la noche cuando nieva es extrañamente rojiza y cálida y que la calle así está muy bonita.

Y que no se preocupe por la producción de dióxido de carbono.

Hoy el Milodón, encerrado todo el día en su cuarto, disfrutando de una temperatura media constante de 26 grados mientras nevaba en Madrid, rodeado de sus regalos de reyes, con los gadgets echando humo (la cámara digital, la Wii, el móvil) y con una auténtica crisis de ansiedad asesina provocada por un virus troyano que no le ha dejado acceder al ordenador y por lo tanto a su mail, a sus redes sociales, a su blog, confirmó algo que ya sabía: mientras haya cositas que consumir y energía para gastar, como si se congela el combustible del Air Force One con Obama dentro en pleno vuelo.



Algo así es lo que apunta el director del Museo de Diseño de Londres, Deyan Sudyic, en un libro editado por Turner (Colección Noema) titulado El Lenguaje de las cosas. Sudjic intenta explicar por qué los hombres nos hemos convertido en unos bichos devoradores de objetos. Empieza así:

"Nunca tantas personas hemos poseído tantas cosas como ahora, aún cuando hagamos cada vez menos uso de ellas. Los hogares en los que pasamos tan poco tiempo están repletos de objetos: tenemos un televisor de plasma en cada habitación, sustituyendo los aparatos de rayos catódicos, nuestros armarios están repletos de sábanas, apilamos montones de pares de zapatos, tenemos estanterías de discos compactos y cuartos llenos de videoconsolas y ordenadores [...] Poseemos aparatos de gimnasia con los que nunca hacemos ejercicio, mesas de comedor en las que nunca nos sentamos a comer, hornos de triple función con los que apenas cocinamos.


Son nuestros juguetes: aspiramos a ellos con ánimo infantil y su posesión nos consuela del permanente esfuerzo que supone obtener los ingresos necesarios para adquirirlos".


Este libro fue un inesperado regalo navideño de un amigo generoso.

Como te llamen los gnomos, ya puedes dejar todo lo que estés haciendo...

Hace muchos años, los Reyes Magos (también muy generosos) le dejaron al Milodón en su lote anual de juguetes otro libro inesperado. Éste se titulaba La Llamada de los Gnomos. Era un tomo bastante gordo que narraba las aventuras de sus autores, Rien Poortvliet y Will Hyggen (dibujante y guionista), quienes, a pesar de ser dos escépticos gruñones con muchas cosas mejores que hacer que irse de viaje en pleno mes de enero al Círculo Polar Ártico, un buen día reciben una misteriosa carta con dos billetes de tren para irse a Laponia -desde Holanda- y allí que se van.
"Y entonces torcéis a la derecha y luego cogéis a la izquierda, en la primera rotonda no, en la segunda"

Cuando llegan al norte de Finlandia los protagonistas -que narran y dibujan toda la historia en un tono realista documental- descubren que quienes les han invitado a meterse en el corazón de las nieves en el momento más crudo del invierno son unos gnomos, que en un principios quieren instruirles "con bondad proverbial" en cosas de un mundo "más perfecto y antiguo que el nuestro" pero que al final sólo querían transmitir un mensaje urgente a los humanos: cuidado con un monstruo de las siete cabezas llamado Consumo.

Así ha quedado Belén Esteban después de la intervención

El Milodón recuerda con auténtico pánico, pavor, esa ilustración, que aparecía al final de un libro absolutamente mavaravilloso -muy difícil de encontrar hoy en día incluso en las librerías de viejo- en el que se construía un mundo blanco y delicado, donde los abedules, la nieve y el hombre convivían con una naturalidad que a uno le daba un calorcito muy agradable (26 grados o así).

Había cientos de dibujos memorables en La Llamada de los Gnomos (algunos fotografiados aquí para vosotros en exclusiva). Uno de los favoritos del Milodón era aquel que explicaba las estrategias de camuflaje del Yeti y su tamaño con relación al hombre, el verdadero ser abominable.

¡Mirad qué majo el yetín! (y qué tetazas su señora madre, ¿qué comerá?)

7 comentarios:

  1. Punto 1: Sólo Anta y Neira me llama(ba)n Rocate.
    Punto 2: La wii es de niñas (a ver cuándo quedamos, de incógnito, para echar unos vicios).
    Punto 3: SÍ, YO TAMBIÉN DECÍA PREESQUÍIIIIIIIII (¿a qué edad te enteraste tú de la terrible verdad? ¿también hiciste el ridículo delante de la chica que te gustaba?)Y también decía abobinable.

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  2. demasiada trangallada, si.lo de las muchachas y los zapaticos es capitulo a parte.

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  3. varias cosas:
    1. te regalaron la wii?
    2. ese libro siempre me dió mucho miedo y nunca lo aprecié como tú (ahí supe que eramos intelectualmente diferentes)
    3. esa ilustración de Belen Esteban era la que más impacto me causaba, sobre todo por el zurullo
    4. recuerdas a quien se te parecían los trolls moqueantes?
    5. la nieve mola!

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  4. qué tengas un feliz 2010, Raquel...!!
    a ver si conseguimos coincidir en algún sarao..!!
    muchos besos, coki!

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  5. ahhh..!!! me flipa ese disco Elton John...!!

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  6. Martis:

    1. No. Es de Glori.
    2. "Tú mundo, mi mundo, los dos son igual, si el resto de la gente pasa y nos mira mal..."
    3. Esa ilustración es A-T-E-R-R-A-D-O-R-A
    4. Sólo dos palabras: foca monje
    5. Si
    ___

    Coki: coincidiremos en un concierto de Charades... FIJO! :-D
    Beso grande

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