miércoles, 27 de enero de 2010

Pacto de madroñeros



Tal noche como esta, hace un año, el Milodón también estaba haciendo las maletas. Era un viaje mucho más importante que el que prepara hoy. Era un viaje hacia una nueva vida. Si entonces hubiese sabido lo feliz que iba a ser, no habría llorado tanto como la hacía entonces.

Hoy el Milodón está muy contento. Hace un año que llegó a Madrid. Y sólo quiere proponerle un pacto a la ciudad: si me sigues tratando así, te prometo que te querré siempre, Madrid.

domingo, 24 de enero de 2010

Los Punsetes go to Naomí (o la reconquista de Los Soprano)

¿Tengo yo pinta de haber estado en Iwo Jima?

Hace varias semanas, uno de los bloggers favoritos del Milodón escribió dos posts muy chulos sobre algo que él llamaba La Reconquista: ese momento en el que uno por fin es capaz de zafarse de las garras del pavlovianismo amoroso y no echarse a llorar al escuchar una determinada canción, ver una cierta película o visitar un lugar dado. Hoy por la noche el Milodón ha reconquistado la sana costumbre de tener un vis a vis con Tony Soprano en un momento (la recta final del domingo) que de otra forma sería una caída libre por un barranco del Cañón del Colorado, una agonía lenta y dolorosa.

Una agonía tan lenta y dolorosa como una ruptura, de esas que obligan a la gente a paralizar el visionado de series de televisión magistrales sólo para no morir ahogado por los recuerdos.

Esta noche el Milodón ha vuelto a verse las caras con Tony. Por fin. Han tenido que pasar dos años para que ya no duela. Dos años desde la última vez que pudo disfrutar de un episodio sopranil. Y la verdad es que el tío no se ha enmendado mucho la plana. Al contrario, en la sexta temporada (esa que parecía maldita para el Milodón y que ayer quedó libre como el sol cuando amanece, como un móvil Vodafone con tarjeta Movistar, como... bueno ya me entendéis) es más hijo de puta que nunca, tan gordo como siempre y sexiest than ever. No sé qué tiene la calva de James Gandolfini -un tío que se ha declarado admirador de George W. Bush- que al Milodón le vuelve loco.
"Soy más republicano que todos lo miembros de Los Ramones juntos, ¿te pica?"

Esta noche el Milodón ha recordado cómo David Chase se las ingenia para ir poniendo piezas en ese puzzle compuesto de momentos sórdidos y cotidianos que forma el retrato inquietante de una familia de mafiosos. Una familia de mafiosos que aún reuniendo todos los tics más despreciables del mundo del hampa, es capaz de hacernos sentir empatía, de conmovernos, de hacernos comprender el mal. El Milodón ha recordado esa sensación de peligro inminente y al mismo tiempo de compasión, simpatía y complicidad que le invadía cada vez que Tony descargaba su pistola contra alguien y después acudía en busca de tácito consuelo a los brazos de su mujer (o de una mujer).

Así contado, no parece la prescripción ideal para el domingo noche, ¿verdad?. Pues quizá no lo sea, no. Porque es verdad que hay un sentimiento garantizado para el espectador de Los Soprano: el de que en cualquier momento alguien va a venir por detrás y la va a armar parda.

Esa misma sensación, exactamente, es la que uno tiene cuando escucha las canciones de Los Punsetes.
De venir por detrás, de mirar de lado, de no ser trigo limpio, de falsas querencias, de hacer la trece catorce, de ser chungo y borde, de darle a ignorar en el Facebook, es de lo que va (creo) una canción, Tus amigos, que sirve como adelanto para su segundo disco, titulado LP2 -el primero se titulaba LP-.

"Si yo estuviese vivo sería más fan de los Punsetes que Patxi López"

Como decía el colega Quique a propósito de Lo Natural ("lo natural es que salga mal, lo natural es desconfiar") hace sólo un mes: "Yo cuando escucho a Los Punsetes tengo miedo". Miedo. Lo contrario del sosiego. Las antípodas de la serenidad. Todos los antónimos de la expresión buen rollo.
Desconfianza. Caos. Cinismo. Desorden. Incomunicación. Angustia.
Elementos que, aunque a uno podría hacerle echar a correr, a uno le hacen quedarse, como cuando se queda uno pillado mirando la cara de cabrón de Tony Soprano.


El vídeo de Tus amigos es sencillamente alucinante (quizá guarde demasiadas similitudes con Alegrías del Incendio, también dirigido por Luis Cerveró, aunque tal vez sea intencionado). Culmina -culminar, de culmen- con una espectacular clavada de bandera de Japón (por aquello de que la canción gira en torno a expresiones sodomitas) en un monte que no parece el Suri Bachi, sino un no-lugar de ese extrarradio madrileño eternamente en construcción que tanto le gusta a Florentino.

Y dado que Los Punsetes han ofrecido el pie para el tema nipón, el Milodón aprovecha para recomendaros un restaurante en el que seguramente muchos de los que vivís en Madrid ya habréis estado. Es el japonés más antiguo de la ciudad. Se llama Naomí y está en Tetuán, más concretamente en la calle Ávila. El Milodón lo visitó por primera vez la semana pasada.


Tras estas paredes de granito tan feas que veis aquí arriba, donde parece que podría estar reunido un cónclave de la Yakuza (¿para cuando una versión oriental de Los Soprano?), hay un saloncito encantador, con una luz así muy amarilla y muy cálida, la mitad ocupada por tatamis, la otra mitad con mesas. Una señora bastante anciana recoge las órdenes a la vez que recomienda las cosas más deliciosas que os podáis imaginar. El ambiente es de paz, sosiego.

En la tarjeta del restaurante, además de ofrecer las señas para llegar al lugar, enseñan a saludar en japonés por la mañana , por la tarde y por la noche. Buen rollito.

En el Naomí sí que sabe hacer amigos.

¡Konbanwa!

martes, 19 de enero de 2010

domingo, 17 de enero de 2010

Procrastinando (Yoko Ono, Alex Ross, Los Claveles y el siglo XXI)

"Hola. Soy la mente maligna tras el virus Malware Defense"

La culpa de todo no la tiene Yoko Ono, sino Don Draper. Si no fuese por el hombre más guapo del planeta tierra, el Milodón no habría estado un sábado a altas horas de la madrugada metido en TV Shack, una web donde se pueden encontrar cientos de películas y series en streaming y en versión original. Una web donde también se pueden encontrar virus troyanos que se meten en tu ordenador, se hacen pasar por tu antivirus y te hacen destrozar tu disco duro de una forma absolutamente voluntaria.

Hay qué ver con qué alegría le daba el Milodón a todos los síes. ¿Desea usted actualizar? Sí ¿Desea usted añadir mejoras? Sí ¿Desea usted hacer papilla cinco años de trabajo, perder sus datos y mandar al garete todas esas aplicaciones que, aunque ridículas, a usted le hacían la vida tan fácil (el Thunderbird de Mozilla lleno de mensajes inolvidables, por ejemplo) y que probablemente no conseguirá recuperar jamás? Sí, sí, ¡sí!. "Venid a mi, oh, Hackers hijosdeperra, y ponedme el culo como la bandera la Armada Imperial Japonesa" parecía decir ese dedo travieso, que clic tras clic asentía y asentía en la instalación de algo llamado Malware Defense.

El resultado: una semana sin un ordenador propio y un formateo de estos que te hacen comprender el significado del latinajo tabula rasa.

¡Shake, Shake, Shake! ¡Shake your booty!

Los más listos pensaréis que si el Milodón hubiese tenido un Mac en lugar de un PC, no le habría pasado nada de esto. Y quizá estéis en lo cierto. Pero el Milodón os dirá una palabra: panoja.
Con lo que cuesta un Power Book el Milodón viaja a China en business, se pasa allí una semana haciendo turismo, se compra los mejores componentes del mercado para ensamblarse un laptop bala en un taller de Madrid. Y Olé.

En cualquier caso, el Milodón pensó que unos días sin conexión en casa y sin un teclado sobre el que volcar frustraciones serían incluso sanos. Pero se equivocaba. Su grado de dependencia de la red de redes es ya irreversible. Y se encontró procrastinando en favor de Internet. Esto es: aplazando actividades hasta el regreso del Dios Wee Fee. El colmo.

"Hola. Soy Alex Ross, el crítico musical del New Yorker. Si mi mirada os parece un poco ladina es porque
estoy algo mosqueado con Yoko Ono y su Malware Defense, que me destrozó el disco duro con el primer borrador de The Rest is Noise dentro"

Una de las tareas que ha aplazado el Milodón es la lectura de El Ruido Eterno (en inglés, The Rest is Noise), un ensayo apasionante escrito por el crítico musical del New Yorker, Alex Ross, que recorre la historia del siglo XX a través de su música clásica "desde la Viena de antes de la Primera Guerra Mundial hasta el París de los años 20. Desde la Alemania de Hitler o la Rusia de Stalin al Nueva York de los años 60...". Fácil de leer, adictivo, enormemente didáctico, consigue trenzar grandes hitos musicales con anécdotas curiosas y reveladoras de cada momento histórico y sus protagonistas. Muy recomendable.

"Hola, soy un libro cojonudo y podéis encontrar muchísimas copias de mi en la FNAC"

Para su disfrute integral es mejor seguir la guía de audio que el propio autor ha creado con el fin de que el lector no se pierda cuando se habla de cosas como "naturales harmónicos" y tal. Gracias a esta guía de audio el Milodón ha comprendido qué es una triada y ha descubierto que hay un intervalo en música llamado "Diabolus" que pone de la mano a Black Sabbath con Leonard Bernstein. Pero para seguir la guía de audio hace falta Spotify y banda ancha para un streaming feliz. Y para el Spotify y el feliz streaming hace falta... ¡Internet!

Vosotros, como Luis Cobos en el último Celebrities de Muchachada Nui, diréis que tampoco pasa nada por no haber podido seguir leyendo El ruido eterno, porque "la música clásica está bien, pero no es el recopetín".



El Milodón os dice que si toda la música descargable fuese como la que se pudo escuchar en el concierto al que acudió este fin de semana -donde, por cierto, oficiaba de pinchadiscos Joaquín Reyes, o un señor de gorra y bigote que se le parecía mucho-, a lo mejor no urgiría tanto recuperar la conexión.

"Hola, soy lo mejor de este evento: el diseño gráfico del cartel"

PD Gracias, Güe, por formatearme el ordenata.

martes, 12 de enero de 2010

Santuarios Pepinilleros- Entrega 4 - Si la Montaña Sagrada no va a Mahoma...

Dicen por Madrid que el miércoles es el nuevo jueves.

¿Y cuándo va a ser el lunes el nuevo viernes, eh? ¿EH?
Bueno, pues esta noche habrá que ir de una vez al dichoso Charada, ese garito que parece suscitar tantas pasiones moderniles en la capital del churro.

El Milodón se resistía por razones que no piensa exponer en este post y que, aunque probablemente no os interesen, dejará claras más adelante, una vez haya pasado por el ritual de la comprobación empírica.

Lo que si dejará claro el Milodón es qué le atrae de la pinchada que se celebra hoy.

Este es el cartel que anuncia el Sarao Charao:


¿Qué más se puede decir?

domingo, 10 de enero de 2010

El Abominable Hombre (el de las nieves también)


¿Vosotros también decíais "Botas de Preesquí"?

La navidad se ha acabado ya, pero la estampa fuera ahora mismo parece propia de un Christmas.

Rocate comenta -desde un status de Facebook- estar acongojonado (acojonado + acongojado) con el enfriamiento global y que o empezamos a producir más C02 o vamos a morir todos.

El Milodón le dice -desde aquí- que disfrute del innegable hecho de que la luz por la noche cuando nieva es extrañamente rojiza y cálida y que la calle así está muy bonita.

Y que no se preocupe por la producción de dióxido de carbono.

Hoy el Milodón, encerrado todo el día en su cuarto, disfrutando de una temperatura media constante de 26 grados mientras nevaba en Madrid, rodeado de sus regalos de reyes, con los gadgets echando humo (la cámara digital, la Wii, el móvil) y con una auténtica crisis de ansiedad asesina provocada por un virus troyano que no le ha dejado acceder al ordenador y por lo tanto a su mail, a sus redes sociales, a su blog, confirmó algo que ya sabía: mientras haya cositas que consumir y energía para gastar, como si se congela el combustible del Air Force One con Obama dentro en pleno vuelo.



Algo así es lo que apunta el director del Museo de Diseño de Londres, Deyan Sudyic, en un libro editado por Turner (Colección Noema) titulado El Lenguaje de las cosas. Sudjic intenta explicar por qué los hombres nos hemos convertido en unos bichos devoradores de objetos. Empieza así:

"Nunca tantas personas hemos poseído tantas cosas como ahora, aún cuando hagamos cada vez menos uso de ellas. Los hogares en los que pasamos tan poco tiempo están repletos de objetos: tenemos un televisor de plasma en cada habitación, sustituyendo los aparatos de rayos catódicos, nuestros armarios están repletos de sábanas, apilamos montones de pares de zapatos, tenemos estanterías de discos compactos y cuartos llenos de videoconsolas y ordenadores [...] Poseemos aparatos de gimnasia con los que nunca hacemos ejercicio, mesas de comedor en las que nunca nos sentamos a comer, hornos de triple función con los que apenas cocinamos.


Son nuestros juguetes: aspiramos a ellos con ánimo infantil y su posesión nos consuela del permanente esfuerzo que supone obtener los ingresos necesarios para adquirirlos".


Este libro fue un inesperado regalo navideño de un amigo generoso.

Como te llamen los gnomos, ya puedes dejar todo lo que estés haciendo...

Hace muchos años, los Reyes Magos (también muy generosos) le dejaron al Milodón en su lote anual de juguetes otro libro inesperado. Éste se titulaba La Llamada de los Gnomos. Era un tomo bastante gordo que narraba las aventuras de sus autores, Rien Poortvliet y Will Hyggen (dibujante y guionista), quienes, a pesar de ser dos escépticos gruñones con muchas cosas mejores que hacer que irse de viaje en pleno mes de enero al Círculo Polar Ártico, un buen día reciben una misteriosa carta con dos billetes de tren para irse a Laponia -desde Holanda- y allí que se van.
"Y entonces torcéis a la derecha y luego cogéis a la izquierda, en la primera rotonda no, en la segunda"

Cuando llegan al norte de Finlandia los protagonistas -que narran y dibujan toda la historia en un tono realista documental- descubren que quienes les han invitado a meterse en el corazón de las nieves en el momento más crudo del invierno son unos gnomos, que en un principios quieren instruirles "con bondad proverbial" en cosas de un mundo "más perfecto y antiguo que el nuestro" pero que al final sólo querían transmitir un mensaje urgente a los humanos: cuidado con un monstruo de las siete cabezas llamado Consumo.

Así ha quedado Belén Esteban después de la intervención

El Milodón recuerda con auténtico pánico, pavor, esa ilustración, que aparecía al final de un libro absolutamente mavaravilloso -muy difícil de encontrar hoy en día incluso en las librerías de viejo- en el que se construía un mundo blanco y delicado, donde los abedules, la nieve y el hombre convivían con una naturalidad que a uno le daba un calorcito muy agradable (26 grados o así).

Había cientos de dibujos memorables en La Llamada de los Gnomos (algunos fotografiados aquí para vosotros en exclusiva). Uno de los favoritos del Milodón era aquel que explicaba las estrategias de camuflaje del Yeti y su tamaño con relación al hombre, el verdadero ser abominable.

¡Mirad qué majo el yetín! (y qué tetazas su señora madre, ¿qué comerá?)

lunes, 4 de enero de 2010

Lunes romántico (Jonston y su Taller de Memoria)

Esta foto que veis aquí arriba la hizo el otro día el amigo Rocate en un bar colombiano de Argüelles.

A partir de hoy la cosa sólo puede ir a mejor. Porque el que está a punto de terminar ha sido oficialmente el peor lunes del año. O sea, aquello que decían los Boomtown Rats, pero multiplicado por dos millones. Porque los lunes ya son intrínsecamente asquerosos, estamos de acuerdo, pero si encima el lunes en cuestión supone la vuelta de unas vacaciones cálidas, divertidas, familiares, con la resacaza de la Nochevieja todavía a cuestas (con más de treinta años las resacas son como las agujetas, se manifiestan con más virulencia al segundo o tercer día) y un tiempo de perros en la calle, para qué queremos más.

Pero bueno, no le demos más vueltas. Que hablar de lo horrible que es el lunes en lunes es de peor gusto que hablar de la crisis (dice la hermana del Milodón, que es una chica muy lista, que sólo usan la crisis como recurso conversacional los políticos y los paletos).

Hablemos de cosas más agradables. Hablemos de amor.

¿A que tú tampoco le dirías que no?

Hablemos de Warren Beatty, que según una noticia que publicaba hoy El Mundo ha hecho el amor desde los veinte años (edad en la que perdió la virginidad) a 12.775 señoras distintas. Como comprobaréis si echáis un vistazo a los comentarios que acompañan la noticia, hay un vivo debate en torno al tema:

  • Los hay que opinan que el señor Beatty ha tenido que ser muy desgraciado a lo largo de su vida, porque haber fornicado con tantas señoras sólo puede significar que lo hace muy mal, que no ha sido capaz de satisfacer a ninguna y que, por tanto, su existencia ha sido un via crucis sexual.
  • Los hay que opinan que el tío es un monstruo que deja los devaneos de Tiger Woods (quien por cierto, sale en la portada de febrero de la edición americana de Vanity Fair) a la altura del betún.

En Chamberí somos fans de este tigre

  • Y los hay que, como el Milodón, han hecho cuentas. Y después de flipar, han añadido un nuevo elemento a la lista de propósitos de año nuevo.

Y hablando de propositos de año nuevo, uno de ellos es descargar el día 11 (parecer ser que completamente gratis) Taller de Memoria, el disco de Jonston.

Imagen "robada" a Catódicos Protestantes


Dado que el Milodón es un incomprendido y ha sido criticado en los últimos días por su amor (verdadero) hacia Anntona y su admiración por Emilio José, os presenta a este tercer loner.

Desde aquí el Milodón le propone a su prima Meri (que tiene un talento enorme y que en 2009 hizo algo increiblemente chulo) y a su amigo Pepotes (que tiene un oído a prueba de bombas) que le den una oportunidad a este chico.

Escuchadlo: Jonston.

A lo mejor no ha tenido encuentros con tantas señoras como Warren Beatty -no lo sé-, pero habla muy bonito sobre el amor...

"Voy a apuntarme a un taller de memoria. Me ha dicho uno que trabajan muy bien. Van a borrarme los malos recuerdos. Envuélveme los buenos, que esos no quiero perderlos"

Y tiene un propósito de año nuevo más noble que acostarse con 10.000 personas...

"No debería volverme a enamorar.
Me lo han dicho mi amiga Mar, el gato Félix y la espuma de afeitar.

Lo que tenga que pasar, que se me pase ya.

No debería volverme a enamorar,
pero no sé cómo hacerlo".