domingo, 20 de diciembre de 2009

El Toni 2 (Acto de Contricción)

Id si queréis. Pero no digáis que el Milodón no os lo advirtió.

¿No os pasa que os odiais profundamente cuando os sorprendeis volviendo a hacer algo que os habíais prometido que no volveríais a hacer?

Al Milodón le pasa muchas veces. Por ejemplo, con los macrofestivales. Una madrugada de agosto del año 2000, depués de una semana de compartir duchas públicas al aire libre con guiris de media Europa, luchar por un 10 centímetros cuadrados de arena en la playa, hacer cola para comprar tickets que compran cosas, compartir espacio vital bajo carpas-invernadero con todos los yonkis de Levante, dormir en una tienda de campaña en la que la temperatura ambiental era 37 grados y el insistente tum tum del bongo de una banda de costras, el hilo musical, decidió que jamás volvería a Benicassim. Y aunque no volvió a Benicassim, no ha habido año en el que no haya picado en el anzuelo de la masificación, el sudor, la birra caliente, el camisetismo recalitrante y, sobre todo, el mal sonido en recitales milimetrados y sin bises.

Neil, tu guitarraco mola, no lo podemos negar. Pero tus últimos diez discos son un peñazo

Sin ir más lejos, esta primavera, ahí estaba, en Barcelona. Mientras la cara de un señor que se parecía mucho a Chucky, el Muñeco Diabólico, a cuyo concierto se suponía que era absolutamente perentorio-necesario-obligatorio acudir, aparecía amplificada en dos pantallas gigantes, el Milodón miraba perplejo a su a su alrededor, preguntándose qué coño pintaba en esa explanada de hormigón, fría y sin alma, llena de máquinas expendedoras donde huele profundamente a mierda (no es figurado, sino literal: por lo visto la depuradora de la ciudad está allí) que es el Fórum.

El Milodón podría excusarse a si mismo y decir: "Milodón, es que eres un tipo curioso, te gusta la música y quieres investigar". Pero no es cierto. Eso sería cierto, por ejemplo, aplicado al concierto que fue a ver este fin de semana a la Sala Nasti.

The Dodos. Dos horas y medio de concierto, con tres bises en un encuentro íntimo (la sala es bastante pequeña y el escenario está muy cerca del público) con tres chiflados de California, que con una guitarra (acústica unas veces, eléctrica otras), una batería bastante reducida y un instrumento rarísimo parecido a un xilófono, nos hicieron sentir que merece la pena estar vivo. Aunque estos días haga mucho frío fuera y a veces dentro (muy dentro), también.



Pero no, al Primavera Sound el Milodón no fue para descubrir música. Fue porque, a veces, se deja llevar.
De la misma forma que este fin de semana se dejó llevar, no una, sino DOS VECES a ese antrazo de la calle Almirante llamado Toni 2. Sí, sí, ahí donde le partieron ocho costillas a Hermann Tertsch.
Ese piano-bar con camareros con pajarita y parroquianos cincuentones de clase media-alta que tantos se empeñan en ver como un recodo decadente y encantador (y que Quico Alsedo definió en un post de su blog como "un entrañable pequeño las Vegas en Madrid"), es últimamente el gran hype de la noche madrileña. La bizarrada que hay que hacer.

Los posavasos, lo mejor del Toni 2, hoy por hoy

Puede que el Toni 2 tuviese su gracia cuando era posible encontrar a José Luis Coll entre la clientela habitual, apostado en la barra, degustando un gin tonic de buena calidad mientras arremolinados en torno al piano de cola y al carismático pianista, otros clientes -de la misma quinta de Coll- cantaban canciones de Sinatra y Bola de Nieve. Puede que tuviese su gracia cuando nadie lo conocía, cuando era un secreto. Puede incluso que tenga su gracia un miércoles a altas horas.
Pero el viernes, el sábado por la noche el Toni 2 no es ya la "mezcla de alegría y tristeza, gloria y drama, frenesí y melancolía" que Quico Alsedo describía en su artículo.

Es un pub de estilo ochentero (así, muy de la cultura del pelotazo) en el que hay que pagar 10 euros (el ticket incluye la copa) por entrar y ver a hordas de modernos gafapastas y pijos y pijas de libro que van a vomitar su borrachera allí en forma de cántico y de paso a reirse de los parroquianos habituales porque se creen que eso es cool.

Esta vez sí. Esta vez el Milodón se ha prometido que no vuelve. Aunque también se había prometido que iba a intentar no tomar tantos pepinillos y cebolletas y esta tarde se ha metido un atracón fino. La culpa es de las hermanas Lamagrande, que le han regalado esto...

5 kilos de placer hardcore


Y ahora, una canción de Neil Young muy bonita. Si le cantaran o cantasen esta en el Toni 2, volvería.

4 comentarios:

  1. piano bars, indies californianos, pepinillos... por dios ¡Tengan cuidado ahí fuera!

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  2. no sé yo si mezclar a Neil Young, cebollas en vinagre y JL Coll es muy buena idea. Pero siempre será mejor que el Fórum...

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  3. ¡Orden en la sala!
    http://www.youtube.com/watch?v=T2QApwtE8zQ

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