domingo, 27 de diciembre de 2009

Cocidito madrileño


"Si alguien viniera a hablarme bien de alguien, al menos una vez al día, no sólo le daría la bienvenida sino que le daría un abrazo, lo glorificaría", dice el Ministro de Educación, Ángel Gabilondo en un libro que se titula Contigo, una especie de autobiografía que acaba de publicar.

¿No os da buen rollo?

Lo que el Milodón se pregunta es qué diría el Ministro de Cultura, Ángel Gabilondo, si se enterase de que el otro día, justo después de congratular por lo sabroso del almuerzo que acababa de degustar al dueño de una casa de comidas madrileña muy conocida por la supuesta calidad de su cocido, justo después de salir por la puerta -con una expresión en la cara que era una mezcla de satisfacción, alegría y camaradería-, justo cuando él ya iba ufano por la calle con sus gabilondeños andares, el dueño de ese restaurante, con mucha desfachatez, dijo (aprovechando que las miradas de todos los comensales se habían fijado en la puerta, donde el Ministro había estado y ahora estaba él): "Estos ministros son unos pesados".

¿No os da mal rollo?

Aunque su hermano no lo sea tanto, este señor es muy majo.

La carcajada fue general, claro. A la gente a veces le hacen gracia las puñaladas traperas.

A los que iban a degustar el supuestamente maravilloso cocido a este conocido restaurante con el Milodón, y al Milodón mismo, no les hizo foquin gracia. Pero habían venido caminando desde Raimundo Fernández Villaverde y este establecimiento estaba al final del Paseo de la Habana.
La caminata, que esa sopita de fideos finos olía maravillosamente bien, que las bandejas llenas de garbanzos y compango rulaban por doquier y que las cebolletas con guindillas vascas parecían decir "cóoooogeme", ayudaron a correr un tupido velo sobre el Gabilongate.

Y así fue como los futuros degustadores de cocido concedieron el beneficio de la duda al restaurante y a su dueño.

Nos pusimos hasta el tuétano.

Hay que reconocer que se pusieron las botas. Pero en honor a la verdad, el cocidito madrileño no era nada del otro mundo. Lo mejor, en opinión del Milodón, la sopa. Nada reseñable por lo demás.

Bueno, sí. Hay algo más que se puede reseñar.

El dueño del restaurante, después de contar que allí se podía jugar al mus toda la tarde con sus garbanzos crudos, se tomó la molestia de explicarnos que a su casa de comida podía ir todo el mundo, desde ciudadanos de a pie hasta ministros.

"Los únicos que aquí no son bienvenidos" aclaró "son los sindicalistas, porque van contra los empresarios. Y yo soy un empresario".

Ahí fue cuando decidimos, no sin antes haberle esquilmado la botella de chupitos -que era complimentary-, peregrinar sólo unas manzanas más abajo. Al monumento a José Martí. El próximo día nos tomamos un arroz a la cubana. Queda oficialmente invitado el Ministro Gabilondo.



2 comentarios:

  1. tanto cuento estos días con el cocido y el interesado no dice nada...

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  2. RojoRob! Pronúnciate! Que tú querías una segunda ronda de garbanzacos...

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