martes, 27 de octubre de 2009

De la caña al diván


Hoy, La Vero (¡Hola, Vero!) y El Milodón estaban tomándose una caña en un bar muy agradable y malasañero, celebrando que el Milodón disfruta estos días de unas merecidas vacaciones. El bar en cuestión se llama Doña Pepita y está en el cruce de las calles Escorial y Madera. La clientela es, como La Vero y el Milodón, ajena a la veintena, aunque nostálgica de ella. A juzgar por el entorno, los veinte añitos no es la única cosa de la que sienten nostalgia los parroquianos de Doña Pepita: el repertorio de camisetas de Los Smiths (esa tan bonita verde con la portada de The Queen in dead siempre le ha gustado mucho al Milodón) o de Joy Division, el mobiliario como de improvisada tienda de antigüedades o de casa del pueblo de nuestros de nuestros abuelos o de atrezzo de Cuéntame, las inevitables gafas nacaradas, las camisetas de rayas, los cortes de pelo de escuela flequillera... todo sonaba como a canción de Karina en bucle (cualquier tiempo pasado fue mejor, cualquier tiempo pasado fue mejor, cualquier tiempo pasado fue mejor...).

Fotografía del interior de La Pepita "robada" de 11870.com

Parece ser que este lastre de recuerdos es el que define a la generación que nació con la democracia, que es la de de La Vero y el Milodón. Una generación culta, sobrepreparada, inquieta, de gente que, al ver truncadas sus expectativas en un mercado laboral estigmatizado por el paro, al no poder comprarse una casa como sus padres, lo que mejor saber hacer es aferrarse a la infancia, un tiempo en el que el mundo no era hostil. Este fin de semana lo contaba así Josep Garriga en un reportaje publicado en El País titulado "La generación Peter Pan está hipotecada".

De todos los párrafos de este artículo, sin duda, el que le parece más demoledor al Milodón es este:

Son los últimos hijos del baby boom de los setenta y, en general, todos responden a los mismos patrones. Constituían la generación mejor preparada pero que se ha dado de bruces con un mundo que ha cambiado repentinamente ante sus narices. Ahora deben construirse una nueva realidad y piensan, quizá con razón, que ya están llegando tarde. Son unos jóvenes que rompieron esquemas, abrieron nuevos caminos a base de luchas sociales y, de golpe, se ven amarrados a una hipoteca o, por el contrario, tienen que regresar al nido familiar, a esa casa de la que ansiaban emanciparse. En definitiva, un final de trayecto infernal. Y se dicen: "Yo no entiendo nada".

Tal y como pinta el panorama, no es de extrañar que las dos tarjetas a disposición del público en la barra del Doña Pepita fuesen los que se ven en la foto de arriba: la de otro bar donde poder seguir bebiendo (La Paca, muy chulo por cierto) y la de una psicóloga.


Aunque El Milodón -que ni tiene casa propia, ni está hipotecado, ni falta que hace- opina (y seguro que La Vero está de acuerdo) que lo que le pasa a toda esta peña que habla tan mal de los treintañeros de este país es que están jodidos porque ellos no saben quiénes son Brandon y Brenda Walsh, no fueron a conciertos de Australian Blonde ni Penelope Trip, no leyeron a Borja y Pancete en el colegio, ni vieron Barrio Sésamo mientras hacían los deberes.

Malditos resentidos...

2 comentarios:

  1. No entiendo por qué no se me informó de esto antes. Ahora tendré lectura atrasada para dos o tres meses.

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  2. ¡Totalmente de acuerdo, Rachel! Por cierto, hay que repetir pronto en Doña Pepita :) Muac

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