domingo, 27 de septiembre de 2009

Glocalismos (o algunas ideas sobre el Zombie bar y Montañas)




A estas alturas, entre vuelos Low Cost, promociones Marsanianas y becas Erasmus, quién no ha estado viviendo una temporada en el Shoredicth londinense, quién no ha pasado una noche de cabaret en Berlín y quién no tiene un amigo con un apartamento en Brooklyn. El que esté libre de culpa que tire la primera piedra.

Es normal querer tener un trocito de lo que hemos visto fuera en casa. Y eso de querer construir un pequeño paraíso artificial, basado en experiencias foráneas,es más viejo que el mundo. A mi me parece que eso es lo que pasa a los muchachos del Zombie Bar, y lo comprendo.

En Estados Unidos, después de las incursiones de los soldados destinados al Pacífico Sur durante la Segunda Guerra Mundial, se produjo el boom Tiki. Y las ciudades norteamericanas se llenaron de locales que recreaban el exotismo de las islas de la Polinesia. Los chicos del Zombie Bar quieren un poco de Bowery, un trocito de Shoreditch y un cacho de Berlín, en plena calle Pez. Eso es loable.
Me parece menos encomiable que se hayan traído también, lo peor de las costumbres foráneas. Las listas de invitados cerradas, las convocatorias privadas... Ese tipo de costumbres "clubistas" que a muchos nos hicieron darnos cuenta de que Shoreditch era cool, pero en el sentido frío de la palabra.



Al Milodón le hace gracia pensar que a sólo unos metros del Zombie Bar, en la Sala Nasti, ayer sábado, unos chavales asturianos llamados Montañas reivindicaban justo lo contrario: orgullo local. "¡Vamos t'os a Les Piragües!", gritaban, ellos, que son unos Violent Femmes con acabado bable, que llevan tirantes, y barbas montunas y que dicen en una de sus letras: "Puedo deshacer nieves eternas con las yemas de mis dedos, pero alcanzarte es más difícíl que subir la cara oeste del Picu Urriellu".

En fin, mañana el Milodón coje de nuevo un avión. Y tiene aerofobia. Cada vez está más convencido que eso de viajar está sobrevalorado.

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