jueves, 10 de septiembre de 2009

Bienvenido a la república bananera de tu piso compartido


Desde que el Milodón abandonó el hogar familiar a los diecinueve años para irse a estudiar a Santiago de Compostela ha vivido en ocho casas diferentes. Nueve contando la residencia actual. Y eso son muchas mudanzas, demasiadas. La última la ha hecho acompañada de Moisés, un señor de Ecuador muy majo que le ayudó por el módico precio de cincuenta euros a subir diez cajas llenas de cosas al segundo piso de un edificio del siglo XIX.

Subidos a su furgoneta, el Milodón y Moisés se adentraron en las tripas de Malasaña. Y el Milodón, mientras veía a los emigrantes sudamericanos que deambulan día y noche, ir de arriba a abajo por la calle Pez, a los chinos que ahora regentan todos los ultramarinos del barrio asomarse a las puertas de sus tiendas, a los modernos de flequillos cuidados pavonearse con camisetas de David Delfín y a los yonkis sin rumbo seguir sin rumbo (con camisetas de la Comunidad de Madrid), se preguntaba si es justo vivir en un país donde el salario medio de un treintañero sólo alcanza para vivir en un piso compartido con otras dos personas.

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